jueves, 23 de julio de 2009

¿Cumpleaños? (La Quinta Columna, 2307/2009)

Las revoluciones reajustan y plantean una nueva lectura de la vida. Actualizan al pasado, haciendo de él materia prima para las para las futuras transformaciones. Lo ha tenido clarito el presidente Chávez y por eso ha llevado a cabo la titánica tarea de rescatar a nuestra historia del secuestro secular al que la sometió la visión burguesa. La incorporación del término bolivariana a la Constitución y al propio nombre del país; un caballo que avanza hacia la izquierda; ocho estrellas; Guaicaipuro en el Panteón; la reivindicación de Zamora y de Santa Inés, la transformación del Día de la Raza en Día de la Resistencia Indígena son algunos de los esfuerzos orientados a rescatar la memoria colectiva de un pueblo, poniendo los hechos al servicio de la transformación. Al instalar la Misión Cultura, Chávez dijo: “Tenemos la obligación de hurgar en nuestro pasado para saber quiénes somos y de dónde venimos; no conformarnos con lo que nos cuentan, convirtiéndolo en cómplices de posturas reaccionarias. Tenemos que rebelarnos contra la historia impuesta por la oligarquía, asumir el riesgo de pensarnos a nosotros mismos para recuperar la dignidad”. Entusiasmados por esta visión creamos desde la Alcaldía Mayor la comisión metropolitana para el estudio de nuestra historia y enviamos a la licenciada Gladys Arroyo a España a investigar. De tal suerte surgieron tres libros y abundante información documental que demuestra que la celebración del cumpleaños de Caracas el 25 de julio es un exabrupto, pues dicha fecha no tiene asidero documental alguno. Ni siquiera existe un acta que testimonie una fundación de ciudad para la fecha de 1567.Basta leer la Historia de conquista de la provincia de Venezuela, de José Oviedo Ibaños, publicada en 1723. Según el autor, cercano a los días de julio de 1567, en lo hoy es Caracas se levantaba una fortificación militar desde donde se llevaba a cabo una limpieza étnica, luego de la derrota de la Confederación de Indígenas de Catia y Guaicaipuro en la Batalla de Maracapana, ocurrida durante los primeros días de ese año. ¿A quién honramos entonces al celebrar tal fecha? ¿A Guaicaipuro, “el más valiente”; o a Diego de Lozada, alias “el empalizador de indios”, símbolo de la dominación y del coloniaje? Cuentas las crónicas de la época que después de la batalla los caseríos indígenas fueron incendiados, sus mujeres y niños violados y perseguidos por perros. “Y unos 2.000 nativos al menos fueron empalados al sol hasta la muerte” según Fray Pedro de Agreda, quien manda una carta al rey de España, alarmado por los sucesos. Por eso mismo, el 13 de marzo de 1568, para suavizar las cosas, Lozada organiza un doble homenaje: Al papá León y al gobernador de la provincia, Ponce de León, y funda un caserío de unas 20 casas. Asumiendo el Santiago de León no por Santiago de Compostela, el Peregrino; sino por Santiago Mata Moros, patrón de los templarios asesino de árabes, a la cual perteneció Lozada. Los que hacen de abogados de Lozada olvidan también el libro de Juan Ernesto Montenegro, Francisco Fajardo y la Fundación de Caracas, que le otorga a este nombre la primicia fundacional en el año 1560. Título que no le es reconocido por el hecho de ser mestizo. Así mismo, no entendemos cómo se pasan por alto los libros de Nectario María. Allí se da cuenta de los levantamientos indígenas y las masacres posteriores al 25 de julio de 1567. Se reseña la carta de Alonzo Ortiz al gobernador de Coro a finales de ese año: “Estamos pacificando a los salvajes, con trampas, arcabuces, cañones, espadas y tropas de caballería, usadas en el Valle de San Francisco, hasta el exterminio de cierto rebelde que se hace llamar Guaicaipuro”. Para nosotros los revolucionarios, la Caracas insurgente se celebra del 13 al 19 de abril, con sobradas razones.

Cumpleaños (La Quinta Columna, 23/07/2009)

Las revoluciones reajustan y plantean una nueva lectura de la vida. Actualizan al pasado, haciendo de él materia prima para las para las futuras transformaciones. Lo ha tenido clarito el presidente Chávez y por eso ha llevado a cabo la titánica tarea de rescatar a nuestra historia del secuestro secular al que la sometió la visión burguesa. La incorporación del término bolivariana a la Constitución y al propio nombre del país; un caballo que avanza hacia la izquierda; ocho estrellas; Guaicaipuro en el Panteón; la reivindicación de Zamora y de Santa Inés, la transformación del Día de la Raza en Día de la Resistencia Indígena son algunos de los esfuerzos orientados a rescatar la memoria colectiva de un pueblo, poniendo los hechos al servicio de la transformación. Al instalar la Misión Cultura, Chávez dijo: “Tenemos la obligación de hurgar en nuestro pasado para saber quiénes somos y de dónde venimos; no conformarnos con lo que nos cuentan, convirtiéndolo en cómplices de posturas reaccionarias. Tenemos que rebelarnos contra la historia impuesta por la oligarquía, asumir el riesgo de pensarnos a nosotros mismos para recuperar la dignidad”. Entusiasmados por esta visión creamos desde la Alcaldía Mayor la comisión metropolitana para el estudio de nuestra historia y enviamos a la licenciada Gladys Arroyo a España a investigar. De tal suerte surgieron tres libros y abundante información documental que demuestra que la celebración del cumpleaños de Caracas el 25 de julio es un exabrupto, pues dicha fecha no tiene asidero documental alguno. Ni siquiera existe un acta que testimonie una fundación de ciudad para la fecha de 1567.Basta leer la Historia de conquista de la provincia de Venezuela, de José Oviedo Ibaños, publicada en 1723. Según el autor, cercano a los días de julio de 1567, en lo hoy es Caracas se levantaba una fortificación militar desde donde se llevaba a cabo una limpieza étnica, luego de la derrota de la Confederación de Indígenas de Catia y Guaicaipuro en la Batalla de Maracapana, ocurrida durante los primeros días de ese año. ¿A quién honramos entonces al celebrar tal fecha? ¿A Guaicaipuro, “el más valiente”; o a Diego de Lozada, alias “el empalizador de indios”, símbolo de la dominación y del coloniaje? Cuentas las crónicas de la época que después de la batalla los caseríos indígenas fueron incendiados, sus mujeres y niños violados y perseguidos por perros. “Y unos 2.000 nativos al menos fueron empalados al sol hasta la muerte” según Fray Pedro de Agreda, quien manda una carta al rey de España, alarmado por los sucesos. Por eso mismo, el 13 de marzo de 1568, para suavizar las cosas, Lozada organiza un doble homenaje: Al papá León y al gobernador de la provincia, Ponce de León, y funda un caserío de unas 20 casas. Asumiendo el Santiago de León no por Santiago de Compostela, el Peregrino; sino por Santiago Mata Moros, patrón de los templarios asesino de árabes, a la cual perteneció Lozada. Los que hacen de abogados de Lozada olvidan también el libro de Juan Ernesto Montenegro, Francisco Fajardo y la Fundación de Caracas, que le otorga a este nombre la primicia fundacional en el año 1560. Título que no le es reconocido por el hecho de ser mestizo. Así mismo, no entendemos cómo se pasan por alto los libros de Nectario María. Allí se da cuenta de los levantamientos indígenas y las masacres posteriores al 25 de julio de 1567. Se reseña la carta de Alonzo Ortiz al gobernador de Coro a finales de ese año: “Estamos pacificando a los salvajes, con trampas, arcabuces, cañones, espadas y tropas de caballería, usadas en el Valle de San Francisco, hasta el exterminio de cierto rebelde que se hace llamar Guaicaipuro”. Para nosotros los revolucionarios, la Caracas insurgente se celebra del 13 al 19 de abril, con sobradas razones.

lunes, 13 de julio de 2009

El Debate (La Quinta Columna, 16/07/2009)

Por fortuna se ha iniciado un debate; desafortunadamente aún más bien tímido, sobre ¿Cuál socialismo? Creo que dicho debate no puede ser llevado a cabo despachando y descalificando como pequeño burguesa o estalinista, de una vez, a una u otra postura ideológica. Revisar la naturaleza de los procesos que hasta hoy se han reclamado del pensamiento socialista es una necesidad. Interrogarse sobre la burocratización y el fracaso del Bloque del Este, es también acercarse a los aciertos de experiencias (por micro cósmicas que estas sean) exitosas y alternativas. Es el deber del debate para que éste sea fructífero y sincero. No puede darse debate haciendo abstracción de la forma Estado que tenemos y lo que queremos construir; de las relaciones de clase en lo concreto; de la naturaleza de los bloques en pugna y por supuesto, el partido que tenemos. Algunas preguntas: ¿Hay a caso una fórmula del socialismo? ¿La planificación centralizada es antagónica a la autogestión y al control directo de los obreros y las comunidades? ¿Hasta dónde se centraliza y qué se centraliza? ¿Qué se centraliza, la planificación o el control? ¿Qué hacer con las relaciones de mando y control, con las jerarquías y la burocracia al interior del proceso productivo? ¿Qué hacer con el conocimiento y la toma de decisiones? ¿Se puede hablar de modo de producción sin hablar de relaciones sociales de producción? ¿Si la producción es centralizada y el Estado propietario, se garantiza que las relaciones sociales y el modo sean socialistas? ¿Si por el contrario, la propiedad es comunal, acaso hay una desviación y una perversión? ¿Si la propiedad no es directamente estadal, ya la planificación no puede ser centralizada y la producción controlada? ¿No hay posibilidad de mixturas o de experimentos múltiples en los que proliferen experienciarios de nueva acción; en los que se promuevan distintas formas de propiedad, y de allí un modo de producción social alternativo al capital, con participación directa e indirecta de los productores inmediatos? ¿Desde dónde se construye el Estado? ¿Cómo se produce el Estado? ¿Y la relación del trabajador con lo que se produce, con la división técnica y social del trabajo, con el tiempo de la producción y con la máquina? ¿Qué se produce, cuáles necesidades y de qué modo se distribuye? ¿Y el mercado, y el capital, y su retorno, y sus formas de acumulación? ¿Y el valor de uso y el valor de cambio, y su relación con la producción y el productor? ¿Los obreros que son, propietarios del Estado, asalariados del Estado al servicio de la producción social; obreros propietarios sin relación con el Estado; de abajo hacia arriba solamente; de arriba hacia abajo nada más? ¿Quién decide qué y en qué condiciones? En la era de las multitudes, o sea, en el arco de tiempo en el que predominan las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación y en donde la producción llamada inmaterial, supera al momento del capitalismo de primera generación; es decir, a la era de la producción fordista y tailorista, del obrero masa y del obrero técnico, directamente vinculado a la cadena operativa, ¿Se puede seguir hablando en los mismos términos de la III Internacional, como si no ha pasado nada? ¿Qué sobre la abolición del valor de uso a favor del valor de cambio? ¿ y el tránsito hacia la sociedad de la comunicación y el giro estratégico del Estado burgués, de un Estado coercitivo a un Estado del control? ¿Hay algún síntoma del metabolismo del capital que valgan la pena tomar en cuenta a la hora de discutir las nuevas formas y relaciones sociales que se tejen desde la producción inmaterial; dirigidas al control productivo del ocio y el tiempo libre? ¿Omitimos alguna pregunta de estas preguntas o más bien buscamos nuevas interrogantes que resolver? ¿Estamos preparados para el debate o perdemos el tiempo en prejuicios y descalificaciones?

jueves, 9 de julio de 2009

La Huelga (La Quinta Columna, 09/07/2009)

Los políticos y los actores pueden sufrir de narcisismo. No es nada grave, siempre y cuando la persona en cuestión sepa manejarlo, es decir, si puede, de manera discreta, asumir algunas situaciones sin llamar demasiado la atención. Esta gente suele caer en depresión, alternando rabietas con euforia acompañada de ciertas fantasías asociadas al éxito y al reconocimiento. De manera que la ciclotimia, o maniaco depresión, es permanente, expresado en síndrome de falta de atención versión ligera del narcisismo. O sea, dicho en criollo, que como su mamá no lo quería, y como en cualquier película norteamericana que se respete, lo único que queda es hacer algo desesperado o extravagante para compensar el amor primordial de la progenitora. Misión inútil, pues como dice el bolero mexicano de Agustín Lara, interpretado por el filósofo Jorge Negrete: “Como el amor de una madre no hay dos, no hay dos, no hay dos…”. Tal sicopatía resulta cómoda a la hora de explicar el abanico que va desde los asesinos en serie, hasta el llanto malcriado de un muchachito en el boulevard de Sabana Grande. Pero vayamos al grano. Dejémonos de rodeos. O sea: ¿¡Qué carajo le pasa a Ledezma?! Primero la agarró conmigo, denunciándome sin fundamentos, cada vez que se daba cuenta que no tenía ni idea de lo que le tocaba hacer. Cuando se le acabó la munición palomera, empezó a meterse con Chávez, ahora, a falta de un guión imaginativo, que lo devuelva a las tablas, se tira una girita por Washington, a fin de conseguir a un guionista, de esos que tiene la CIA. Regresa con una huelga de hambre “pret a porter”, escondida bajo el brazo derecho. Pero se equivoca de tiempo, e inicia el montaje, en el momento en el que el mundo está de luto por la muerte de un ángel de Charlie y la de Miguelito Jackson. Cuando la mayoría de la gente se prepara para ceñirse el traje de baño y pasar vacaciones. ¿Quién va a estar pensando o creyendo que Ledezma no come? Sería desventurado imaginar sólo por un momento, que la motivación tiene que ver con su solidaridad con el pueblo hondureño. Su motivación es el Business, es decir que el gobierno le baje unos realitos para hacer lo mismito que hizo al frente de Libertador…; y en segunda instancia (o quién sabe si en primera) que la candileja rutilante de la mediática, atrape alguna mueca de sus tantos ademanes desesperados. Es que el hombre muere, no de hambre, sino por ser tocado por el haz de luz del factor de Globo-visión. Como un caballo viejo, Ledezma es el último dinosaurio de la generación perezcista. Se niega a la extinción. Cual serpiente o caimán, ha cambiado de piel varias veces logrando su resurrección. Ahora por obra y gracia de los malabarismos de la democracia, dejó de ser un zombi y le tocó administrar lo que yo siempre anuncie desde su preciso momento: Un cascarón vacío. No me digas ahora que no lo sabías. Quien te precedió en el cargo, estuvo pregonando la necesidad de una ley del Distrito Capital. Pero no, Ledezma prefiere tirarse en el suelo con un berrinche y al estilo de los tres chiflados, se disfraza de víctima. Asume el papel de un personaje de Borges, para quien si la realidad no se parecía a sus deseos, allá ella. Pero uno tiene su corazoncito y sabe que a veces el rey está desnudo haciendo el ridículo. Por eso le haré una recomendación: Celia Cruz y su disco: “Que pena me da tu caso, lo tuyo es mental”; seguido de “teatro”, de la Lupe, y luego, “Consejo de Oro”, interpretado por Lavoe. La música siempre es buena terapia en casos como el tuyo. Sabemos que los afectos, así como el cariño verdadero, “ni se compran ni se venden”. Alcalde, para hacer algo por Caracas, por pequeño que sea (no hay excusa), no hace falta sino voluntad. Ya vas para un año, se te acaba el tiempo. Mientras, en la acera de enfrente, tus aliados gozan un puyero, esperando a ver si tu capricho, te saca del camino candidatural.

jueves, 2 de julio de 2009

Con lo mío... (La Quinta Columna, 02/07/2009)

No se cansan, siguen pasando cuñas estúpidas para defender la propiedad privada. Pobre cuidando a rico desde el sentido común del discurso burgués. Siempre más de lo mismo: “Con lo mío no te metas (…) Es producto de mi esfuerzo”. Pero resulta que las cosas no son de esa manera. Veamos: la fuerza del trabajo como fuente creadora de toda riqueza se pierde en las peripecias de la odisea de la mercancía en las que el dinero, por ejemplo, no es una representación directa y ontológica de la potencia del trabajo general abstracto, sino más bien de la mercancía fetichizada. En términos de Marx, el trabajo es una contradicción en relación con el capital, no es más que esfuerzo de la potencia de existir de la vida humana puesto en acto, en un espacio y tiempo determinado y para fines precisos, dentro de las severas condiciones de la voz de mando de una lógica devenida en modo, relación y forma de la producción que se expresará a futuro, cuando su resultado se unifique en la mercancía. Sin embargo, en las fases y los distintos movimientos de separación de esta fuerza, en la división social del trabajo, queda ausente su visibilidad inmediata a la hora de la relación unificada de esa potencia convertida en mercancía. Es decir, el trabajo deviene extraño así mismo. Mientras que el capital se muestra como potencia realizadora del deseo, como inmediatez y “futuro actual” de una promesa que se realiza. El trabajo es una mercancía que forma parte de los gastos de la producción y su costo será el producto de sus luchas, pues de otro modo quedaría reducido a lo mínimo necesario para que el obrero se mantenga sin extinguirse. En la fase actual del metabolismo del capital caracterizado por las nuevas tecnologías, el trabajo acelera su desintegración en las distintas fases del proceso productivo y se torna inmaterial. En esta inversión del sentido, llamada por Marx extrañamiento, no hay objetivación sino fragmentación reducida a un salario o a cualquier otro objeto que no contiene ni hace visible el trabajo que lo hizo posible. Además, no muestra de qué manera la riqueza y el capital son producidos. De este modo, la pobreza es la despreciable objetivación de la mala suerte o de las carencias personales, y tener algo se presenta como extraño al mundo de los pobres. El tener algo es mostrado común beneficio producto de un talento autónomo e independiente de la forma de adquirirlo. Así el tener pasa ser una suerte de atributo personal, algo que hay que perseguir tanto como a la virtud. Por eso la propiedad es del orden de la opacidad y la garantía de que el trabajo no tenga otra cosa que a sí mismo. El capital se asoma desde lo que esconde: explotación, expropiación, sustracción de la potencia de la vida. En cambio, se vende como consenso, como aspiración colectiva natural, como objetivo general a alcanzar. Admite que todo lo existente es fruto del esfuerzo, pero pasa intencionalmente por alto que someterse a la explotación produce para otros riqueza ganada sin ningún esfuerzo. Este giro estratégico permite la admiración y la honra del explotador, por el hecho de ser propietario y se le dota de poder. Torsión que fundamenta la conseja de las cuñas que comentamos. Así la explotación se mantiene estratégicamente protegida tras su velo trágico. Exhibiéndose desde el maravilloso misterio apetecible de la riqueza en sí misma y venida por sí misma como materialización gruesa del deseo. Esta es una dimensión de la propiedad que hay que proteger, poner fuera del alcance de “aquellos miserables que la desean sin merecerla” y que son sólo dignos de venderse a la servidumbre en palabras de Víctor Hugo, los que nunca tendrían nada y que son flojos, pues la pobreza es una suerte de mala vibra y resentimiento, digna de gente fea. Un club del que nadie admite formar parte. ¡Qué pena me dan esos señores de la cuña!

jueves, 25 de junio de 2009

La Propiedad (La Quinta Columna, 25/06/2009)

Contemplé en la tele a un puñado de gente humilde, corriendo un guión en el que confunden bienes individuales con propiedad. Sería una humorada del publicista político si su finalidad no fuera trágica: Poner a los que no tienen nada a defender a los que lo tienen todo, es decir, a luchar por su esclavitud como si se tratara de su libertad, en voz de Spinoza. En la cuña, la propiedad es reducida a un: “yo creo que”, O sea, un problema de opinión. Así, la propiedad será aquello que dicte el sentido común mayoritario, mediático claro. Lo mismo que suponer que la tierra era plana cuando la mayoría pensaba tal cosa. De manera que la propiedad privada (sobre los medios de producción, que es la única propiedad privada que existe, si al concepto marxista vamos) es una virtud social que debe ser defendida por todos como un asunto de interés general, pues es idéntica mi propiedad sobre un cepillo de dientes que IBM o Coca-Cola; y un arbusto ornamental en mi balcón es una propiedad igual a un latifundio de 84 mil hectáreas. En la cuña son defendidos por igual los estudios, el amor de mamá, el carrito regulado y el dinero del salario, así como la empresa privada que expolia el tiempo existencial de la sustancia humana. Deleuze decía que la burguesía se burlaba de los conceptos, haciéndolos tan amplios que carecen de significado, tal cual han hecho con la democracia y la libertad. “Una máquina de esta clase, puede, como el amor, cumplir la función de no definir nada y en esa misma medida, acomodarse al deseo de cada quien, para que el objeto real se torne metafísico. Una suerte de deber ser que puede juzgarse por sus usos. En lo que respecta al deseo, la propiedad es una buena nueva que iguala a los ciudadanos; sujetos que mostrarán sus marcas individuales como logros de la especie humana. Cada uno en su medida enarbolará un electrodoméstico como bandera: Una señora aparecerá en escena mostrando orgullosa sus harapos y mendrugos al lado y en perfecta armonía con el burgués, sus banquetes y lujos. ¡Sálvese el que tiene, que es el que puede! Gritará cada uno con un guiño de complicidad. Un concepto así no puede más que perder su objeto y en este sentido siempre será, aquello que deseo. Pero en la paradoja de su positividad y ausencia de toda dualidad, muestra los flecos de su inconsistencia”. La naturaleza de una sociedad, sus medios y fines, se concreta a partir de su relación con la propiedad. Ese objeto parcial, diría Kleim, que se define como totalidad del deseo y fin en sí mismo; que aspira a su autonomía como subjetividad biopolítica, es decir, que actúa desde las fibras nerviosas del cuerpo vivo. Esta es la aspiración de los paladines del consumo, que entienden a la ciudadanía como prótesis del mercado. De este modo queda abolida la temible lucha de clases, reducida a la teoría de la piñata. Competencia (siempre desleal pero encubierta) entre individuos por hacerse de mucha propiedad. La prosperidad o crecimiento de la propiedad, sería el fin en sí mismo de la existencia humana. Tener dos centímetros más de tierra sobre mi vecino su epifanía. Este no concepto, este despropósito del pensamiento, esta aberración, es, créalo o no, el paradigma fundante de la ideología burguesa y desde allí, se desprenden en cascada otros conceptos como los de familia, estado, sociedad, educación, etc. Última imagen de la cuña. Un trabajador a punto de abordar una penosa camionetita de pasajeros. Dice: “La propiedad es todo aquello que logramos con nuestro esfuerzo”. Lo imagino jadeante y feliz, al hacerse a codazos, merecedor de un asfixiado espacio, luego de un estrujarte esfuerzo personal. Será arrojado en otra de sus propiedades: “Su puesto de trabajo”, tan suyo como la voz de mando que algún día ordenará su despido.

jueves, 18 de junio de 2009

La Crítica (La Quinta Columna, 18/06/2009)

El pensamiento de Mao Tse-Tung, es una mezcla de ortodoxia marxista, con religiosidad y orientalismo milenarista. Con todo, Mao abrió el debate crítico y autocrítico en una China cruzada por el atraso y asolada por la guerra; práctica que luego fue abandonada por la burocracia y sus purgas permanentes. No está de más revisar las precondiciones que establece para que la crítica sea certera y logre el objetivo. La crítica, al igual que la información, debe ser oportuna y veraz. Es decir, debe tener conciencia del tiempo político, del lugar y de las condiciones para su ejercicio, mientras es lo menos subjetiva posible. “Cabeza fría y corazón caliente”, recomendaba. Habla de métodos correctos de trabajo y dirección, y sobre el tono que debe tener la crítica para que sea comprendida y aceptada. Un modo petulante de parte de militantes presuntuosos, decía, es fácilmente mal interpretado y rechazado por las masas y por aquellos a quien va dirigida la crítica. “Quien no sabe sobre el terreno, no tiene derecho a hablar. La pose intelectual es tan perniciosa como el rechazo automático a la crítica. Se trata de un arma de doble filo que debe ser utilizada con destreza y honestidad, pues bien puede acabar con la enfermedad o con el enfermo dejando viva la enfermedad. Mal utilizada se convierte propaganda para el rumor y el corrillo, el atraso político, la desmoralización, la desconfianza y el desprestigio. Bien utilizada es un faro que orienta el camino sobre la marcha. Debemos deshacernos del mal estilo, el tono consejero y condescendiente y conservar el bueno, que consiste en crear las condiciones adecuadas para que, como dijera Lenin, sople el viento fresco de las discusiones francas, sin el chantaje de no criticar porque las condiciones no están dadas. Hay una máxima popular china que reza: Acepta toda crítica como una advertencia. Corrige los errores si los has cometido y guárdate de ellos si no has faltado. La crítica y la autocrítica es el reflejo de la lucha ideológica entre lo viejo y lo nuevo. Si no hubiera contradicciones en el partido ni luchas ideológicas por resolver, la vida del partido tocaría a su fin. Por eso hay que tratar de hacer del partido un espacio y un ambiente propicio, para que se abran diez mil flores y que el último de los campesinos se sienta cómodo y sea capaz de hablar con el intelectual en las mejores condiciones democráticas y de igualdad, sin que nadie saque provecho de su posición, rango o formación intelectual, para que reine un diálogo frontal pero sin descalificaciones y todo el mundo diga lo que tiene que decir, esto es, atacar la enfermedad para salvar al paciente” (Congreso de 1945). “Estamos en la lucha ideológica activa, pues ella es el arma que garantiza la unidad interna del partido en beneficio de nuestro combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma. Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y filisteo, que conduce a la degeneración política de ciertas entidades y miembros del partido, que apelan a la presión, la mentira y el chantaje” (Contra el Liberalismo, 1957). Otro error que critica Mao, es el subjetivismo. “Pretender que lo que yo critico es cierto sin dar chance al otro de defenderse y argumentar. Mirar el árbol sin contemplar el bosque, o dar una ojeada al bosque y asumir inmediatamente la actitud del experto que pontifica, es subjetivismo. Si nos dejamos llevar por las apariencias y fustigamos a los camaradas por lo que escuchamos, seremos imprudentes y pasaremos por alto las cuestiones importantes enfocándonos en las mezquinas, concentrándonos en defectos de poca monta. Si la crítica toma este camino, nos volveremos tímidos y cautelosos por miedo a ser criticados”.

jueves, 11 de junio de 2009

Los Visitadores (La Quinta Columna, 11/06/09)

Unos señores que sin duda saben leer y escribir; y que además opinan como cualquier cantante de moda que nos visite, fueron encargados por la empresa privada. Entonces sobrevino el acontecimiento, lo que muchos temíamos en silencio que ocurriera: Nada. Sus sesudas conferencias serán publicadas y quién sabe si traducidas a varios idiomas para que entonces pase lo mismo. A los que quedaron maravillados por el efecto de superficie de tan ruidosa visita, quisiera recordarles algunas citas citables que pueden ser utilizadas para la próxima contertulia, ante la presencia infalible e inefable de algún Vargas Llosa. Jorge Luis Borges, recomendaba prudente modestia a la hora de dar una opinión, pues sería bochornoso que alguien fuera recordado más por el desatino, que por la obra que le llevó la vida, refería. “Dicen que soy un gran escritor, agradezco tan curiosa opinión, pero no la comparto. Mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero, tal vez de ambas a la vez. Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullece las que he leído y nunca lo dicho. Estoy seguro que si he de pasar a la historia será como firmador de libros. He firmado tantos que si se consigue un ejemplar mío no autografiado ha de valer una fortuna. Así mismo, creo que quien recuerde alguna frase mía de otro tema que no sea la literatura, lo hará por deshonrar mi memoria pues yo no hago otra cosa que opinar desde un tono intelectual, infeliz e inactual. Hay escritores que opinan sobre cualquier cosa. Lo hacen pensando ingenuamente que llamarán la atención. Es una forma desesperada de recordar sus libros, que por supuesto ya nadie lee. Corren el riesgo de ser interpretados como críticos, es decir, como aquellos que leen y nunca aprendieron a escribir”, apuntaba. En este sentido, Santiago Ramón y Cajal se refería a los escritores pretenciosos: “Cuando veáis a un escritor que se mete en todo y con todo el mundo, es porque aspira a que todo el mundo se meta con él. Es un gesto de ingenua vanidad. Lo que pasa generalmente en esos casos, es que no son tomados en serio ni por aquellos que se dicen sus cortesanos. Los que les aplauden en público, llenándoles las copas en sainetes montados para el divertimento de los poderosos; los mismos que les muestran con satisfacción a modo del ventrílocuo a su muñeco, poniendo en sus bocas juicios que ellos mismos serían incapaces de defender. Estos autores les ponen la tarea difícil a sus biógrafos. Tendrán que hacer malabarismos para salvar la obra, al tiempo de justificar sus infelices opiniones”. El Poeta Valery decía que los escritores asistían a la política cuando temían ser olvidados y entonces se hacían de más opiniones que de imaginación, a esta fase la llamó decadencia. “Todo escritor debe saber que sus libros le temen, lo tienen a él como a sus principal enemigo. Cualquier opinión a la ligera, puede acabar con años de dedicación. Los libros tienen los mismos enemigos que los hombres: El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y principalmente el contenido que el autor le resta a su propia obra cada vez que desdice de ella”. Graucho Marx, ese filósofo del cine o viceversa, lo tomó de este modo: “Hay muchos libros que no he podido leer, casi siempre por el ruido que los escritores hacen a su alrededor. Saqué del anaquel a un escritor muy en boga por sus opiniones y de momento caí al suelo redondo de la risa. El individuo aspiraba a ser tomado en serio, por el hecho de haber escrito algún libro sensato. Desde ese día le tengo tanto afecto que es posible que hasta intente leerlo; estoy seguro que este señor es un vampiro que de noche engulle a quienes no lo aplauden”.

jueves, 4 de junio de 2009

El Cambio (La Quinta Columna, 04/06/2009)

Allí donde desaparece un mundo parecen otros y otros nuevos mundos donde caben muchos mundos. Diversidad, autonomía, libertad, horizontalidad, son criterios que se hacen cotidianos en la misma medida en que se profundiza la crisis del capitalismo globalizado, así como del anquilosado concepto de democracia representativa sobre el que se apoyó para mandar. La tarea de cambiar un mundo que no ha dejado de cambiar, pasa por preguntarse por el rumbo y la naturaleza de ese cambio. En ese sentido, la respuesta y la reformulación de la pregunta la aportan miles de organizaciones sociales dispersas a todo lo ancho de este mundo; expresión de un sujeto plástico, dúctil, flexible y plural, cuya ubicuidad y característica depende de la dimensión contextual y de multiplicidad de variables en cada momento. La unidad en la diversidad y la negociación de la diferencia, son la base de la conexión y la sintonía de los movimientos sociales y de los partidos alternativos. Esta alteridad, allí donde ésta se da, es la expresión de clase de aquellos que luchan contra todas las formas de coacción, explotación y dominación ideológica. Este sujeto plural y múltiple que tiene en común su enfrentamiento al capital y a sus lógicas y que hemos llamado para resumir: Multitud, no es una y tampoco varias clases, es más bien un momento de clase, es decir, es el instante acontecimiento de aquello que se constituye de manera efímera, meta estable o permanente y que actúa como clase, por diverso que ello sea, por ejemplo, la presencia de la gente en la calle en abril de 2002 derrotando al fascismo golpista, o la irrupción popular de febrero de 1989. No es un pueblo en sí mismo aunque lo conforma y constituye; porque su proyecto y su lucha trascienden el marco de lo nacional, asumiendo políticas situacionales que a veces pueden parecer incluso contradictorias con lo nacional. Naomi Klein, lo caracteriza de esta manera: “Las formas de resistencia global debe estar basada en la experiencia local de cada situación. No tiene sentido que nuestras luchas sean iguales en todos lado, empacadas y producidas en serie según un manual, como un enlatado, por eso hay que pensar global y actuar local, incluso cuando se trata de los más íntimos intersticios de la vida cotidiana”. Esto significa que tenemos que reconocer las condiciones y manifestaciones concretas, la forma de expresión del modo extenso del capitalismo y la forma como este afecta la vida concreta de la Tierra y de las personas. De manera que no hay luchas pequeñas y objetivos superiores. Estos van apareciendo se yuxtaponen o complementan también según cada circunstancia. De modo que el programa se va haciendo en la medida en que las condiciones concretas hacen la táctica y esta a su vez va transformando tanto a lo concreto como a la estrategia. Así, la estrategia de poder consiste en entender que el poder se construye en lo concreto. Estas ideas suponen tener siempre presente a la gente como lo más concreto. Es decir, que su devenir, su corporeidad, siempre estarán en juego, por lo que nunca serán utilizadas como objeto, como masas, sino que serán siempre sujetos, siempre actores. Esto significa también, servirse de las luchas y no servirle a una lucha. Así, nadie se inscribe desde afuera en una lucha. Se es parte en la medida en que se participa. De modo que la organización es aquello en donde se lucha cada vez que prefiguramos la vida en nuevos mundos, para que el mundo de la vida sea nuevo. Preguntar y debatir caminando sin perder la iniciativa haciendo de la duda parte de la respuesta creativa, es la topografía del camino recorrido de aquellos que van alumbrando mudos nuevos, en el momento en el que la crisis global del capitalismo parece confirmar la profecía de Marx: “…cuando todo lo sólido se desvanece en el aire”.