jueves, 29 de octubre de 2009

El Súper Hombre (La Quinta Columna, 29/10/2009)

Enseña Zararthustra: “Voluntad es el nuevo nombre de la alegría liberadora, así se llama el mensajero de la alegría que en el querer crea y anuncia nuevos valores”. Voluntad de poder es voluntad de crear una nueva verdad que como dijera Nietzsche, “aceche y ponga en peligro a la verdad establecida”. Es una fuerza activa que libera de toda potencia reactiva y que llega hasta el final de su propósito construyendo devenires que superan la decadencia de las cosas. “Lo he deletreado en todos los sentidos, por el final y por el principio. Es el arte de la filigrana, es un sentido del tacto y de la comprensión que permite al instinto distinguir el matiz, lo que caracteriza a la nueva voluntad, que hace posible el poder sobre una negación y una afirmación nunca reactivas”. El eterno retorno de esta voluntad sobre sí misma, es la que asegura cualquier transformación de la negación en voluntad de afirmación. Dirá Deleuze, “El poder de la voluntad de afirmarse sobre las miserias del dolor, es la suprema metamorfosis dionisíaca y constituyen la cumbre de la doctrina del eterno retorno”. El hombre activo y libre se hace Prometeo desde Dionisios. Hombre que responde sólo a la autonomía de su goce y de su libertad. No se trata entonces del individuo responsable, el de la moralina burguesa: Cauto, temeroso, ordenado, disciplinado y obediente. Se trata de un ser consciente de su responsabilidad en relación con la conservación de su libertad y de allí, capaz de hacer cualquier sacrificio, aunque pase por la paradoja de poner en peligro su propia libertad individual inmediata. Este pensamiento coincide con Spinoza y cómo entiende la salvación: La superación de la concupiscencia a favor de la generosidad. Es decir, reconocerse genérico, como parte de un género y desde allí construir el goce y la libertad, sin que ello implique ningún dolor o sacrificio. El Súper Hombre es un hombre nuevo, responsable de sí mismo en los otros. Darse a los demás como goce supremo, pues no hay mayor libertad que no sea la alegría de vivir instalado en el goce autónomo de la voluntad, en el goce del otro. Es a esta visión de la vida, lo que se conoce como vitalismo nietzscheano. Una visión del mundo constituida de tal modo, no admite tristeza ni resentimiento. En una oportunidad le pregunté a mi amigo Diego Salazar, hoy lamentablemente fallecido, cómo había soportado 8 años de cárcel sin frustración ni resentimiento. Entonces me habló de las convicciones, la esperanza, la alegría y los sueños compartidos. Años después, le hice la misma pregunta a mi maestro Toni Negri, cuando recién salía de una prisión de máxima seguridad. La respuesta fuera la misma de Diego. “Sólo una subjetividad política que se entronque y haga carne y cuerpo con la alegría como voluntad de poder, como potencia del existir y del actuar; que celebre el experimento maravilloso de la vida desde una filosofía de la plenitud, es potencia revolucionaria”. Tal vez Toni lo expresa de mejor manera en forma verbalizada. Pero tengo la certeza de que los campesinos masacrados en Yumare o los asesinados del 27 y 28 de Febrero del 89, también lo sabían. Sin ánimo de ponernos lúgubres, lo experimenta en carne propia el que vive un sancocho callejero, o la cerveza “espontánea” que aparece en la mano de todos después de la reunión; en el momento en que nos ponemos a cantar y a cortejar a una dama. Es el devenir común del comunismo de la vida cotidiana, lo que Max gustaba en llamar socialismo, el lugar donde mora el goce de ser libres, conduciendo el dejarse llevar por el río del devenir de ser con y en el otro. Un devenir activo distinto de la soledad que conocemos. “Entonces el pastor corta la cabeza de la serpiente y ya no es hombre ni pastor y ríe como nunca un hombre había reído sobre la tierra. Otro devenir, otra sensibilidad: El Súper Hombre”.

jueves, 22 de octubre de 2009

Alegría Política (La Quinta Columna, 22/10/09/)

¿Es posible una filosofía práctica? ¿Una filosofía afirmativa que desde la alegría, eleve la potencia de existir y de actuar? ¿De ser así, podemos instalarnos en ella para aprender a vivir y en fin, ir viviendo de vez en cuando? Para Dionisios, el dios griego, la vida no necesitaba ser justificada, no tendríamos que ganarnos la vida, sino experimentarla como permanente alegría. Así, hasta el dolor sería parte de esa experiencia. Del mismo modo, la política no sería sino un, tal vez, elevado modo de expresión de la alegría como sustancia constitutiva de la vida. “Modo que intenta superar los dolores más arduos”, dijera Nietzsche (a quien de alguna manera homenajea esta columna, por el solo hecho de andar cumpliendo años por estos días). Los que hacen política del martirologio, del sufrimiento, tienden a ser representantes del resentimiento y la venganza, eso lo vemos siempre en las opciones perdedoras de los movimientos opositores de aquí y de cualquier lado, sean de derecha o de izquierda. Por el contrario, recordemos los mejores momentos de Chávez y sus triunfos. Ocurrieron y ocurren cada vez que convoca a la esperanza, a saltar hacia delante superando los horrores del dolor, como cuando llamó a constituyente en las elecciones del 98. De manera que no se trata de un gracioso ejercicio de ociosidad intelectual, el llevar acabo una reflexión sobre las premisas que nos mueven. ¿Son la alegría y el placer, el goce de existir y la realización afirmativa del deseo? ¿O por el contrario, el resentimiento, la duda, la carencia y la venganza que niegan desde la envidia y las bajas potencias las pasiones alegres? Hacer política desde el primer minarete lleva a la libertad de aquellas alegrías que nos son comunes. Hacer política desde la acera de la carencia conduce al fascismo. ¿Será una casualidad que algunos sectores hagan política apelando a la muerte, la huelga de hambre, la masacre, el paro, el golpe? ¿Avanzamos cuando pensamos que la revolución es un acto de justa retaliación histórica, en la que los malos son finalmente castigados? Para los dionisiacos, la política es la forma estoica extrema de afirmación, que enfrenta todo sufrimiento pues lo lee como forma maldita que niega y contradice la sustancia última de la vida. Para Nietzsche, la vida es un camino hacia la santidad ininterrumpido por el dolor y la tristeza, pero hay demasiadas razones para bajarse de la cruz y desde Zarathustra, “buscar siempre una afirmación más elevada que la simple reconciliación que se sustraiga de las contradicciones de la vida, haciendo llegar mis bendiciones de mi amor y mi alegría erguida en lucha, a todos los extremos, a todos los abismos, a todos los dolores, a todos los demonios que me agreden, a todas las dificultades de lo trágico que van a ser vencidas pues afirmación es alegría”. La lucha de Dionisios es una odisea olímpica de héroe y su tarea, no la tragedia asqueante producto de la venganza de un resentido. Porque lo que mueve la aventura de Dionisios no es el miedo, el proteger la propiedad, por ejemplo, y su expresión patológica: La rabia y la tristeza. “El héroe es alegre y vive feliz hasta cuando enfrenta el dolor que le propinan los tristes y resentidos, esto es lo que han ignorado hasta ahora los autores de la tragedia”, afirma Nietzsche. El castigo supone que quien sufre paga con pena y redime su culpa. Nada más lejos de Dionisios. El sufrimiento es un ultraje revulsivo que crea conciencias infelizmente hostiles contra el cuerpo y sus goces, esto siempre es un medio de negar la vida. Aquel que convoca al sufrimiento es un reaccionario que existe alejado de la riqueza estimulante de un Nietzsche subversivo que restituye la vida a su lugar de una manera “mal-dita”; o lo que es lo mismo, diciendo las cosas de otro modo, restituyendo a la palabra su don salvaje: Revolucionario.

jueves, 15 de octubre de 2009

La Paz de Obama (La Quinta Columna, 15/10/09)

Algunos quedaron estupefactos por el premio Nobel a Obama, pero comienzan a despejarse las dudas. Este era el presidente que Estados Unidos necesitaba. Con Bush fue demasiado, se les pasó la mano. América del norte necesita un descanso para que siga pasando lo mismo, mientras su clase media duerme el sueño infeliz de su mala conciencia. Ya nos se trata del extremo de un fanático religioso enloquecido; un vaquero texano bruto. Obama se parece más a Reagan de lo que la gente cree, pero a diferencia del republicano, el negro se las trae, es un actorazo que lleva a cabo el papel de presidente al detalle, a tal punto de que mucha gente hasta cree que él manda. Algún sesudo analista dijo alguna vez, que la única diferencia entre un presidente norteamericano republicano y otro demócrata consistía en que el primero hablaba directamente con Dios; como el caso de Reagan o Bush; mientras que el segundo consultaba a las transnacionales del complejo industrial militar. No por casualidad el mayor número de invasiones militares se ha llevado a cabo durante gobiernos demócratas, con contadas excepciones de presidentes republicanos que han sacado la cara para defender la honrilla en tan infame asunto. Tal vez por eso, el Nobel de la Paz a Obama no sea tan traído de los pelos. Sería una estrategia europea para poner un freno tempranero a las pretensiones del guerrerismo imperial. Recordemos que venimos diciendo que se trata de un Oreo cookie en La Casa Blanca, negro por fuera blanco por dentro y envuelto en un delicioso discurso liberal que encubre la verdad: La continuidad de las políticas de Bush en su segundo período, en lo referente al compromiso de Washington con El Pentágono, pero de una manera más discreta. De este modo, el Nobel serviría por un tiempo para exacerbar las contradicciones, mostrando a Hillary por un lado, con un discurso duro y pragmático, y por el otro a un Obama candido, preñado de buenas intenciones que no hace más que racionalizar sin estridencias lo que la anterior administración hacía con petulancia y torpeza. Por ejemplo, ya salieron 13 mil nuevos soldados para Afganistán, de un total de 21 mil, sin tomar en cuenta los contratistas y los otros 11 mil soldados de apoyo que les acompañarán y que reforzarán a los 70 mil ya presentes en ese país; la cifra más alta de efectivos militares estadounidenses desde que comenzó la guerra contra el talibán en 2001. Del mismo modo tiende su mano a Chávez, mientras rodea a Venezuela de bases militares. El reto del nuevo jefe de la barbarie, es que las conclusiones de la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático no caigan en saco roto y que de una vez por todas se reduzcan las emisiones de fluoruro carbono, y CO2, es decir que las transnacionales de los transgénicos y de la ecología no se salgan con la suya; el desafío es que EEUU reduzca su presencia militar en el mundo, la cual alcanza ya a 123 países. El punto está en ver si es capaz de forzar la paz en el medio oriente sin inclinar la balanza a favor del sionismo. Lo que está por verse es si se decide a favor de la reducción del gasto militar que asciende a dos veces y media el de China, Rusia, Inglaterra e Israel juntos. Un portaaviones nuclear está costando unos 6 billones de dólares, el equivalente a la inversión necesaria para acabar tal vez para siempre con el hambre en África, lugar de donde vienen parte de sus genes. El momento está para que decida acabar con el atroz e infame bloqueo a Cuba, sin condiciones. Por eso, coincido con los que dicen que el premio Nobel de la Paz para Obama, no es una careta que le permite actuar, por el contrario, es un conjuro que lo deja al desnudo mostrándolo como lo que es: Un caballero de la guerra. Los gringos lograron el milagro: Cultivar in Vitro una marihuana y un presidente transgénico.

jueves, 1 de octubre de 2009

África (La Quinta Columna, 01/10/2009)

Nunca dejamos de contar historias y en la medida que lo hacemos vamos actualizando los presentes y dibujando las curvas de los devenires. Hacer posible un mundo nuevo pasa también por tocar y sentir la piel de los mitos y los ritos del otro, hasta familiarizarse y hacer con él un tejido común. Vernos de frente los que siempre nos ignoramos y nos dimos la espalda a pesar de nuestras coincidencias. La historia que contamos se va haciendo a martillazos, sonrisas, sudor y pulso. A contra corriente, develando lo que hasta ahora había sido sepultado y por ello mismo inhallable. Esta es la operación que construye y recupera lo verdadero. Entendiendo por verdadero un tiempo y un lugar para el encuentro ético. Ante tal formación discursiva de la verdad, la infamia se siente acorralada y pasa a ser una triste figura gesticulante, sin otra estrategia que apelar a todo aquello que descalifica lo verdadero en su significación de contenido; señalándolo de provocación exhibida como escándalo o signo de insoportable arrogancia. Era de esperarse. Así actuaron los medios de siempre, una vez más, escandalizados ante el éxito de la cumbre África América latina. Erguidos como vigilantes universales de su propio y privado “bien común”, como funcionarios de lo que debe ser dicho y de aquello de lo que debe hablarse, los perros de la verdad mediática, se dedicaron todos estos días a descalificar personajes y a restarle importancia a los hechos. Agredidos por la verdad que se va levantando desde el olvido y la infamia, no hicieron más que ladrar palabras que penosamente no llegaron a ninguna parte. En el fondo, estas ficciones mediáticas no hacen más que afirmar aquello que hay de real-concreto en el encuentro de dos mundos que son ya muchos mundos. Ocurre, que pueblos que por años se postraron mansos en su postergación, levantan la cabeza, miran a los ojos y comienzan a elevar el tono de la voz. Los sin rostro, se adueñan de una rostricidad y adquieren nombre propio. Se hacen de voces múltiples, a menudo calladas y suenan como truenos. Este sonido resuena tan brillante que el efecto de luz de la mediática queda opaco y no produce ninguna visibilidad. Intelectuales, diplomáticos y académicos parapetados tras la débil barricada de unos cuantos prejuicios, lugares comunes y consignas de moda van quedando roncos y sin voz. Entonces lo que comienza a pasar es sencillamente maravilloso. Ante nuestro tiempo se levanta otro tiempo. Ante nuestra visión, otro occidente que se ve reflejado en sus orientes. La utopía de una nueva subjetividad política común se abre paso como concreto de una también nueva relación de saber, poder, subjetividad. Este dispositivo, este tinglado, nos demuestra que nada es imposible. Que el capitalismo no es una fatalidad inscrita en el horizonte de acontecimientos de la humanidad. La historia que hoy se cuenta después de Margarita, si somos consecuentes con ella, podría permitirnos hablar en poco tiempo de lo que éramos porque ahora vamos siendo de otro modo, cualitativamente distinto y superior: Un dejar de ser afirmativo. Se va fraguando la mezcla de un mundo pluripolar. Situarse de este modo en la brecha, en la fractura, eso que Nietzsche llamaba la zona de resonancia, resistencia y provocación, es la construcción heroica de un origen que restituye verdades e identidades que proclaman la invención del futuro. A mi me gusta hablar de la libertad y cuando la veo asomarse me pongo alegre. ¿Cómo se logra esto? Poniéndose unos lentes para ver. Esto significa también, cambiar nuestras vidas a favor de historias que hablen de un nosotros que se precipita llenando el vacío, sobre lo que hoy está ausente. Una historia hibrida que actúa como relato, como registro y como práctica transformadora del presente para inventarnos de nuevo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Monolingüismo (La Quinta Columna, 24/09/2009)

En Timón de Atenas de Shakespeare, Calibán le dice a Prospero: “Aprendí tu idioma, ahora aprovecho para maldecirte en tu propia lengua”. Pero lamentablemente éste no es el caso. Lo que esta semana nos elevó a la cumbre del asco fue el desprecio del canciller de facto del gobierno golpista de Honduras por su propia lengua, suerte de maldición contra sí mismo. Sube el telón y al fondo se ve a un hombre más bien indio balbuceando. Entonces, con sorna y pena ajena comprendimos porqué Lacan decía que no importa lo que quieran decir las palabras. Siempre se supo, pero ahora más que nunca la tragicomedia de la oligarquía centroamericana se muestra crudamente, suerte de obra de Moliere, que asoma en los Tartufos de turno el patetismo y el descaro desnudo de los ricos de uno de los países más pobres del mundo. Son extranjeros que colonizan a su propia patria. Algo como la paradoja ridícula que protagonizan cada día: hondureños en el exilio dentro de Honduras ¿A quién le hablaba el canciller? Obviamente no es a su pueblo, en donde una gran mayoría todavía habla lengua maya. Hablar como propio el idioma del otro no es tan solo un gesto de mal gusto, mueca inmoderada que renuncia a la propia herencia cultural, para adorar más allá del juicio, aquello que le niega; es ante todo auto decretar la muerte simbólica mansamente. Esto no es nuevo, a veces tropezamos también con este ademán ridículo, en los sainetes y cócteles de los salones cortesanos de una burguesía decadente. Con ansiedad de asmático los vemos competir para ver quien es más extranjero. Sentir placer al hacer a cada rato uso de la lengua del otro, no es sólo la inocente manera de una destreza instrumental, suele ser también y por sobre todo, el modo de mostrar ante los demás, una especie de ticket o salvoconducto que los conducirá a un anhelado otro mundo; porque para ser aceptados hay que exhibir de esta manera la incondicional sumisión. Se trata de sujetos que quieren aclarar un error. Ellos nacieron latinoamericanos por accidente. Se merecen algo más (al norte). Por eso, son hostiles con todo aquello que les recuerda el origen que cuestiona y pregunta por el sí mismo, por nuestros saberes, certezas y legitimidades. Pero también viven en Antigona, el drama del padre que se encuentra enterrado en un lugar in hallable, producto del juramento de Teseo. De allí el duelo eterno por no tener punto de partida ni de llegada. Derrida Comienza el libro, El Monolingüismo del Otro, con esta frase: “No tengo más que una lengua y no es mía. Puede uno matarse amando en esta lengua. ¿Qué tal si me aferrara a ella como un ahorcado? Siempre hablo fuera de mi lengua para complacer al otro, después de la colonización de Argelia en 1830”. De esta manera, dice Derrida, entonces morir no es otra cosa que prescindir del arraigo, del cuerpo común y aceptar el silencio de la lengua propia. La esquizofrenia tiene mucho de comportamiento social y se muestra como hostilidad a sí mismo y hospitalidad con lo impropio. La xenofobia chauvinista de los nacionalismos de derecha a un extremo y el entreguismo lacayo al otro, caras de la misma moneda: El fascismo. De todos modos, debemos agradecer al canciller poliglota de Honduras, en su desgarradora desvergüenza, que su gesto nos lleve al malestar que obliga a reflexionar sobre la actualidad de lo propio y lo extraño; sobre el adentro y el afuera; sobre las líneas de delimitación, lar bardas y las fronteras, sean estas virtuales o reales. Entonces llega el momento del voto, de la entrega. Teseo les recuerda el juramento, les recuerda que para entrar al olimpo hay que permanecer fiel a la fe jurada, para salvarse del perjurio; bajar los ojos y hablar el idioma de los dioses y no romper el pacto con las palabras para que entiendan se les habla sólo a ellos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El Tiempo de Mészáros (La Quinta Columna, 17/09/2009)

¿Es posible liberar al tiempo? ¿Podemos pensar desde este tiempo (de la explotación del cuerpo y del trabajo, la coerción política y la dominación ideológica), otro tiempo como prerrequisito para liberar al cuerpo social y humano de unas condiciones metabólicas que reducen al tiempo a una sola temporalidad? ¿Se puede crear otro tiempo en donde fundarse para vivir y desde donde construir las relaciones humanas? István Mészáros parece encontrar pistas para algunas respuestas, en un libro que se abre en pulpo a multiplicidad de nuevos problemas. Texto fecundo y refrescante; El Desafío y la Carga del Tiempo Histórico: El Socialismo del Siglo XXI; que acaba de ganar el Premio Simón Bolívar al Pensamiento Crítico. Es en esa misma línea, el pensamiento crítico, y como buen discípulo de Lukacs, quien sentía simpatía por La Escuela de Frankfurt; que el ganador intenta abrirse paso en la comprensión de la razón instrumental y sus imperativos categóricos. Los que hoy se imponen como camisa de fuerza que echa raíces al interior de la carne del mundo de la vida hasta lograr colonizarla, creando una nueva corporeidad: El cuerpo biopolítico conquistado por el biopoder. Se trata de un libro para ser leído en clave de Gramsci, Attil József (poeta húngaro), y el Che Guevara. Un teórico, un poeta y un revolucionario que se involucró en todos los terrenos de la praxis. Texto ardoroso y esperanzado, salpicado de poesía y de referencias que logran reencontrar el papel de la teoría al interior del proceso revolucionario. Único camino para entender que una revolución es ante todo y también, una ruptura radical con la concepción dominante en el capitalismo sobre el tiempo, el espacio el cuerpo y el deseo. Pues como dijera Gramsci, citado en este libro: “El tiempo es la cosa más importante; es un simple sinónimo de la vida”; mientras que el capitalismo contiene en su matriz epistemológica fundante, sistemas de dispositivos antagónicos que son contradictorios a la naturaleza misma de la vida y que son insuperables al interior de su propio metabolismo. Contiene en términos genéticos un orden del tiempo que recupera para la producción de valor, al propio metabolismo corporal del cuerpo humano individual y colectivo, reducido a una lógica. Alienando el tiempo múltiple de la vida a su subsunción en un solo tiempo. Es decir, todo el mundo entiende que hay un tiempo de respirar, uno de comer, uno de defecar, uno de dormir, etc. Pues bien, es allí donde en primer lugar se instala una lógica reguladora y ortopédica, que lo reduce todo a una regla que regula los ritmos vitales poniéndolos al servicio del tiempo explotable, bajo una lógica funcional que actúa como opacidad de sí misma, pues supone que su interior contiene un afuera, hoy llamado “tiempo libre”, suerte de recompensa consoladora al manso sometimiento del cuerpo y el deseo; cuando ambos tiempos forman parte de un solo tiempo. No se trata entonces tan solo, de “abolir las actuales relaciones de propiedad de la sociedad capitalista clásica”, se trata también y ante todo, de tener claro que se trata de un ejercicio cotidiano de liberación, pues “hay que extirpar de raíz la dominación y la explotación del trabajo y el dominio del capital como tal. No basta con expropiar a los expropiadores”. Pues el capital es en sí mismo contiene como atributo de su modo extenso, una racionalidad que en su auto justificación hace opaca su incontrolabilidad, su organización del espacio-tiempo por caotización y su violencia intrínseca de la competencia (siempre desleal) contenida en su llamado “espíritu comercial”. Abre el libro con un poema de József: “Ni dios ni la mente, sino el carbón el hierro y el petróleo, la materia real nos ha creado, echándonos hirvientes y violentos… por eso el sonido de toda obra humana zumba en nosotros como un violín profundo”. ¡Bienvenido el pensamiento de Mészáros!

jueves, 10 de septiembre de 2009

La Guerra (La Quinta Columna. 10/09/2009)

Comprender la guerra es aproximarse a la deconstrucción de las relaciones de poder. Tal vez porque la guerra es el invento más eficientemente macabro llevado a cabo por la especie humana. Las grandes corporaciones, la escuela, la familia, la iglesia, los partidos, el Estado todo, los equipos deportivos y un largo etcétera, han asimilado el modo extenso del diseño de lo bélico para sus prácticas, relaciones y azares. Esta asimilación se expresa de dos formas: El poder disciplinario que se aplica como exterioridad desde una ortopedia sobre el cuerpo, sus usos y sus placeres; es decir, el despliegue de una economía política del deseo, por medio de técnicas de vigilancia e instituciones punitivas que dejan correr una lógica, tal cual lo hace un procesador con un programa. Y en segundo lugar, lo que Foucault llama “biopoder”; que se ejerce de adentro hacia fuera de los cuerpos, cuando el poder como lógica ya echó raíces y se expresa desde la trama más profunda de la subjetividad de los individuos. Miedos, fantasías, prejuicios, fobias y otros discursos serán el efecto de superficie de lo que podría ser mucho trabajo para el psiquiatra. Podemos trazar la genealogía del biopoder y sus estratificaciones más profundas y fundadas, cuando topamos con racimos de articulaciones discursivas aparentemente racionales que apelan por ejemplo, a la propiedad sobre las cosas como paradigma del goce, la seguridad existencial, la realización, la felicidad, en fin, la afirmación final del deseo, materializado por fin; diciendo: “Con mis hijos no te metas”, “mis hijos son míos las cosas y desde allí cosifican también a los hijos,”, etc. confundiendo (¿o sustituyendo?) libertad con propiedad. Por eso Foucault dice que la lógica de las relaciones de poder y las zonas de resistencia que se producen también, no son especialmente del orden del derecho, sino más bien de la lucha, la confrontación y la estrategia. ¿Qué es lo que se enfrenta? Foucault dirá: Construcciones discursivas que le dan forma al deseo mudo que pugna por salir a la superficie. Desde los suicidas hasta los flagelantes, pasando por toda clase de ascetismos y bulimias, hasta llegar a los también inimaginados y refinados excesos que dejan pálidos a los 7 pecados capitales, y por ello mismo deseados y rechazados por todas las cartillas y récipes de moral y moralina que pueblan las capillas ideológicas de las doctrinas. Son líneas de puntos que se van modificando, yuxtaponiendo, rectificando, borrando, ratificando, reapareciendo. Foucault se pregunta, cómo es posible que individuos distintos sedan su diferencia a la reversibilidad de un patrón y se unan en un discurso, sigan los dictados de sus lógicas y desde allí, sean capaces de aceptar mansamente el sometimiento que sede el cuerpo a la constitución de un sujeto, comprendiendo que los sujetos son zonas de encuentro de colectividades asociadas en una subjetividad política y sus formas de expresión. No es raro entonces, que lógicas yuxtapuestas choquen y entren en estado de guerra, aunque a veces ocurra que se trate de la misma lógica distinta sólo en su performance, como ocurre en los conflictos religiosos. De manera que nada mejor que vivir en un estado general de guerra. Ello permite hacer de nuestros miedos certezas y de nuestras terquedades verdades. Por ello, dice Foucault, “la guerra debe considerarse como un estado de cosas primero y fundamental en la constitución de los procesos de dominación, diferenciación y jerarquización; primero fueron las guerras, luego le siguieron los estados y sus instituciones”. ¿Tendrá esto algo que ver con el afán opositor de enfrentar cuanta cualquier cosa plantee el gobierno? Ley de tierras, habilitantes; ahora, contra la ley de educación. ¿Será una manera de mantener el control sobre un puñado de la población en la misma medida en que ese sector legítima una jerarquía que realiza sus propias pasiones?

jueves, 3 de septiembre de 2009

El Anarquista (La Quinta Columna, 03/09/2009)

La grata visita de Noam Chomsky al país debería también traer la brisa fresca del debate ideológico sobre aquellas propuestas e ideologías que pueden servirnos para reimpulsar el combate contra el capital y sus lógicas. A pesar de sus contraluces, no cabe duda alrededor de su talla moral e intelectual y por sobre todo de su irrefragable postura anarquista abiertamente asumida y defendida. ¿Servirán los aplausos a Chomsky para conversar sobre lo que hay o no de vigente y audaz en el anarquismo, más allá del doctrinarismo dogmático y de las posiciones asumidas como ciudadelas fortificadas, por aquellos que lo descalifican todo porque recibieron la luz reveladora de la verdad? Despachamos de una vez por incomoda aquella frase de Bertrand Rusell cuando afirmaba que “el anarquismo es el ideal último al que debería aproximarse la sociedad si de veras aspira a la libertad”. El anarquismo no es ya aquel pensamiento más bien ingenuo que reaccionaba contra toda y cualquier autoridad, proclamando la destrucción total del estado sin presentar ninguna salida. Charles Weigl, biógrafo y recopilador de Chomsky nos advierte: “Además de asociar el término anarquía a desorden, creemos saber que es el anarquismo y también pensamos que sabemos quien es Chomsky. Por lo que “su” anarquismo sería distinto y decente. Por tratarse de un intelectual serio. Pero no nos atrevemos a hurgar un poco más por miedo a las sorpresas”. Por eso, muchos de los que lo ensalzan y citan desprecian la influencia que Deleuze, Foucault y especialmente Derrida han tenido en su obra ¿Entonces, con los oportunistas que le utilizan por ser un intelectual respetado que se bate contra el imperialismo, consentimos que Chomsky pudiera ser una suerte de anarquista moderno, que habla de anarquía como provocación, cuando se trata más bien de un intelectual cercano al liberalismo? Por supuesto que no, aceptémoslo, Chomsky es anarquista, a pesar de que en ocasiones comparte la importancia de las reformas en tanto que victorias políticas que pueden nutrir al movimiento y servir de dinamizadores del proceso político. Así como de manera sensata le parece bien apoyar a los gobiernos progresistas antes que ignorar su importancia. “Aunque el ideal sea el de construir el tipo de mundo en donde todos participemos por igual sin miedos no jerarquías. En donde las decisiones se tomen directamente y en el que la autoridad, siempre distinta al ciudadano, quede relegada al lugar que le corresponde: una triste esquina o una nota a pie de página de la historia, donde se hable de los días en los que otros decidían en nuestro nombre, hasta que pusimos orden a nuestras vidas y arreglamos las cosas para decidir entonces ser libres para siempre”. Para comprender los usos políticos de Chomsky, es bueno remontarse al Chile de Salvador Allende. Al Chomsky pronunciarse a favor de este, el diario El Mercurio lo calificó de “anarco-comunista que quiere traer a nuestro país ideas extranjerizantes”, mientras que la izquierda radical lo acusó de “anarquista atrasado y anacrónico”. A esto el propio Chomsky contestó: “Es muy simple, así como el marxismo se ha elevado sobre las ruinas del socialismo real, el anarquismo ha crecido y se le ha aproximado al punto de constituir juntos, un espacio del significado como medio para interpretar y cambiar el mundo”. Sigamos con él: “Dentro de una revolución hay distintos momentos revolucionarios. Es un proceso largo y moroso hasta llegar después de siglos a una sociedad que se organiza sepultando al Estado, cosa a la que Marx también aspiró en sus días. Sería ocioso e irresponsable esperar que el anarquismo se instaurara como régimen, pues no lo es, y que surgiera con sólo desearlo. La libertad debe ser un ideal, no una superstición”.

jueves, 27 de agosto de 2009

El Mito (La Quinta Columna, 27/08/09)

Hay que vivir en el mito, cosa que siempre ocurre, pues está inscrito en la piedra angular del lenguaje con el que inventamos y también desciframos al mundo. Saber que vivimos al interior de un mito nos ayuda a mantenernos prevenidos. Cassirer nos advierte sobre el devenir y la institución mítica. Cuidado. Lo que consideramos sagrado, legítimo, la fe en el futuro, lo que pensamos de los otros y de nosotros mismos está cruzado y sostenido como un títere, por un tinglado de enunciados y discursos mitológicos. “El patetismo infeliz de las Hades”, que nos invitan al infierno y la seducción fascinante que nos produce el héroe; el asumir que siempre hay un bueno y un malo, forma parte de los mitos de Occidente, que de cuando en cuando se reajustan y remozan. Dionisios en la fiesta y Perfidia en la tristeza son con sustantivos del Mithos existencial de las formas de existencia y de los relatos que narran lo que vamos siendo. Lo profano y lo sagrado hacen el deseo y sus formas de conjurar la muerte, así se trate del asesinato simbólico que siempre se perpetra desde el enemigo que actúa como eterna amenaza sobre nosotros, aunque no tenga éxito o no se lleve a cabo como fuerza. Incluso, la comprensión del tiempo, la relación con el pasado y el futuro que hacen y deshacen los presentes que aprehenden las cosas para lograr una visión cósmica del mundo, autorizándonos a utilizar desde allí una racionalidad. Todo mito deviene en ritos que le actualizan y ponen en escena. Nadie puede escapar al sentido y sus lógicas. De allí que Occidente necesita construir al mal como emergencia fundacional de sus referentes culturales. Ayer fue el comunismo que soportó y subrayo las explicaciones sobre La Guerra Fría y el apoyo a tiranías y dictaduras. Luego y hasta hoy la lucha contra el narcotráfico y de un tiempo para acá la guerra contra el terrorismo de la que pueden hablarnos curdos, afganos e iraquíes. Pero los mitos, por fundacionales que sean necesitan el oxígeno renovador de las palabras; ser reobjetivados en la subjetividad general del miedo, porque ¿Cómo vivir sin miedo? Elemento este que resulta necesario para la homogenización en torno a un centro de poder. De aquí que el fenómeno revolucionario en América Latina sirva a las angustias y urgencias de Occidente para renovar todo lo que tenemos en los genes de la novela de Orwell, 1984: Ayer era Euro Asia, hoy ¿Por qué no, Latinoamérica? Fidel y el Che; en su momento y todavía. Ahora se suma Chávez, Evo, Correa y Ortega. Así, el peligro toma cuerpo. ¿O de qué otra forma llevar a cabo el exorcismo para conjurar al demonio, si éste no tiene cuerpo ni nombre para ser nombrado? Momento de articulación simbólica entre el mito del mal en el mundo y todos sus miedos en todas sus manifestaciones; y la lucha eterna del bien contra cada forma de expresión del mal y su modo extenso. Piel, nombre y geografía, sin territorialización no hay objeto y sin objeto no hay un discurso firme que no sea en sí mismo puro objeto discursivo. Lo sabían ya en la película El Exorcista. Barda, diferenciación, determinación, cualificación hacen el campo de delimitación de los territorios discursivos que hacen la memoria del miedo por donde transita la subjetividad. Pero el mito y sus ritos contienen en su seno su contrario y su reversibilidad. Allí reside la verdadera transparencia del miedo y su fragilidad. Por eso, mito y rito deben ser repetidos y reforzados al infinito. Todos hemos visto al Zorro. Sabemos de qué se trata el juego. El malo puede devenir en héroe o antihéroe en cualquier momento y no puede ser malo. Su nombre crece y se hace amplio. El débil y pequeño difícilmente puede ser el malo, esto contraviene la naturaleza misma de los imaginarios. Deberían revisar estas cosas las cadenas mundiales del chantaje, el terror y el miedo cuando satanizan a Chávez. Valga la cacofonía, las revoluciones son al mito su reverso perverso.