jueves, 24 de septiembre de 2009
Monolingüismo (La Quinta Columna, 24/09/2009)
En Timón de Atenas de Shakespeare, Calibán le dice a Prospero: “Aprendí tu idioma, ahora aprovecho para maldecirte en tu propia lengua”. Pero lamentablemente éste no es el caso. Lo que esta semana nos elevó a la cumbre del asco fue el desprecio del canciller de facto del gobierno golpista de Honduras por su propia lengua, suerte de maldición contra sí mismo. Sube el telón y al fondo se ve a un hombre más bien indio balbuceando. Entonces, con sorna y pena ajena comprendimos porqué Lacan decía que no importa lo que quieran decir las palabras. Siempre se supo, pero ahora más que nunca la tragicomedia de la oligarquía centroamericana se muestra crudamente, suerte de obra de Moliere, que asoma en los Tartufos de turno el patetismo y el descaro desnudo de los ricos de uno de los países más pobres del mundo. Son extranjeros que colonizan a su propia patria. Algo como la paradoja ridícula que protagonizan cada día: hondureños en el exilio dentro de Honduras ¿A quién le hablaba el canciller? Obviamente no es a su pueblo, en donde una gran mayoría todavía habla lengua maya. Hablar como propio el idioma del otro no es tan solo un gesto de mal gusto, mueca inmoderada que renuncia a la propia herencia cultural, para adorar más allá del juicio, aquello que le niega; es ante todo auto decretar la muerte simbólica mansamente. Esto no es nuevo, a veces tropezamos también con este ademán ridículo, en los sainetes y cócteles de los salones cortesanos de una burguesía decadente. Con ansiedad de asmático los vemos competir para ver quien es más extranjero. Sentir placer al hacer a cada rato uso de la lengua del otro, no es sólo la inocente manera de una destreza instrumental, suele ser también y por sobre todo, el modo de mostrar ante los demás, una especie de ticket o salvoconducto que los conducirá a un anhelado otro mundo; porque para ser aceptados hay que exhibir de esta manera la incondicional sumisión. Se trata de sujetos que quieren aclarar un error. Ellos nacieron latinoamericanos por accidente. Se merecen algo más (al norte). Por eso, son hostiles con todo aquello que les recuerda el origen que cuestiona y pregunta por el sí mismo, por nuestros saberes, certezas y legitimidades. Pero también viven en Antigona, el drama del padre que se encuentra enterrado en un lugar in hallable, producto del juramento de Teseo. De allí el duelo eterno por no tener punto de partida ni de llegada. Derrida Comienza el libro, El Monolingüismo del Otro, con esta frase: “No tengo más que una lengua y no es mía. Puede uno matarse amando en esta lengua. ¿Qué tal si me aferrara a ella como un ahorcado? Siempre hablo fuera de mi lengua para complacer al otro, después de la colonización de Argelia en 1830”. De esta manera, dice Derrida, entonces morir no es otra cosa que prescindir del arraigo, del cuerpo común y aceptar el silencio de la lengua propia. La esquizofrenia tiene mucho de comportamiento social y se muestra como hostilidad a sí mismo y hospitalidad con lo impropio. La xenofobia chauvinista de los nacionalismos de derecha a un extremo y el entreguismo lacayo al otro, caras de la misma moneda: El fascismo. De todos modos, debemos agradecer al canciller poliglota de Honduras, en su desgarradora desvergüenza, que su gesto nos lleve al malestar que obliga a reflexionar sobre la actualidad de lo propio y lo extraño; sobre el adentro y el afuera; sobre las líneas de delimitación, lar bardas y las fronteras, sean estas virtuales o reales. Entonces llega el momento del voto, de la entrega. Teseo les recuerda el juramento, les recuerda que para entrar al olimpo hay que permanecer fiel a la fe jurada, para salvarse del perjurio; bajar los ojos y hablar el idioma de los dioses y no romper el pacto con las palabras para que entiendan se les habla sólo a ellos.
jueves, 17 de septiembre de 2009
El Tiempo de Mészáros (La Quinta Columna, 17/09/2009)
¿Es posible liberar al tiempo? ¿Podemos pensar desde este tiempo (de la explotación del cuerpo y del trabajo, la coerción política y la dominación ideológica), otro tiempo como prerrequisito para liberar al cuerpo social y humano de unas condiciones metabólicas que reducen al tiempo a una sola temporalidad? ¿Se puede crear otro tiempo en donde fundarse para vivir y desde donde construir las relaciones humanas? István Mészáros parece encontrar pistas para algunas respuestas, en un libro que se abre en pulpo a multiplicidad de nuevos problemas. Texto fecundo y refrescante; El Desafío y la Carga del Tiempo Histórico: El Socialismo del Siglo XXI; que acaba de ganar el Premio Simón Bolívar al Pensamiento Crítico. Es en esa misma línea, el pensamiento crítico, y como buen discípulo de Lukacs, quien sentía simpatía por La Escuela de Frankfurt; que el ganador intenta abrirse paso en la comprensión de la razón instrumental y sus imperativos categóricos. Los que hoy se imponen como camisa de fuerza que echa raíces al interior de la carne del mundo de la vida hasta lograr colonizarla, creando una nueva corporeidad: El cuerpo biopolítico conquistado por el biopoder. Se trata de un libro para ser leído en clave de Gramsci, Attil József (poeta húngaro), y el Che Guevara. Un teórico, un poeta y un revolucionario que se involucró en todos los terrenos de la praxis. Texto ardoroso y esperanzado, salpicado de poesía y de referencias que logran reencontrar el papel de la teoría al interior del proceso revolucionario. Único camino para entender que una revolución es ante todo y también, una ruptura radical con la concepción dominante en el capitalismo sobre el tiempo, el espacio el cuerpo y el deseo. Pues como dijera Gramsci, citado en este libro: “El tiempo es la cosa más importante; es un simple sinónimo de la vida”; mientras que el capitalismo contiene en su matriz epistemológica fundante, sistemas de dispositivos antagónicos que son contradictorios a la naturaleza misma de la vida y que son insuperables al interior de su propio metabolismo. Contiene en términos genéticos un orden del tiempo que recupera para la producción de valor, al propio metabolismo corporal del cuerpo humano individual y colectivo, reducido a una lógica. Alienando el tiempo múltiple de la vida a su subsunción en un solo tiempo. Es decir, todo el mundo entiende que hay un tiempo de respirar, uno de comer, uno de defecar, uno de dormir, etc. Pues bien, es allí donde en primer lugar se instala una lógica reguladora y ortopédica, que lo reduce todo a una regla que regula los ritmos vitales poniéndolos al servicio del tiempo explotable, bajo una lógica funcional que actúa como opacidad de sí misma, pues supone que su interior contiene un afuera, hoy llamado “tiempo libre”, suerte de recompensa consoladora al manso sometimiento del cuerpo y el deseo; cuando ambos tiempos forman parte de un solo tiempo. No se trata entonces tan solo, de “abolir las actuales relaciones de propiedad de la sociedad capitalista clásica”, se trata también y ante todo, de tener claro que se trata de un ejercicio cotidiano de liberación, pues “hay que extirpar de raíz la dominación y la explotación del trabajo y el dominio del capital como tal. No basta con expropiar a los expropiadores”. Pues el capital es en sí mismo contiene como atributo de su modo extenso, una racionalidad que en su auto justificación hace opaca su incontrolabilidad, su organización del espacio-tiempo por caotización y su violencia intrínseca de la competencia (siempre desleal) contenida en su llamado “espíritu comercial”. Abre el libro con un poema de József: “Ni dios ni la mente, sino el carbón el hierro y el petróleo, la materia real nos ha creado, echándonos hirvientes y violentos… por eso el sonido de toda obra humana zumba en nosotros como un violín profundo”. ¡Bienvenido el pensamiento de Mészáros!
jueves, 10 de septiembre de 2009
La Guerra (La Quinta Columna. 10/09/2009)
Comprender la guerra es aproximarse a la deconstrucción de las relaciones de poder. Tal vez porque la guerra es el invento más eficientemente macabro llevado a cabo por la especie humana. Las grandes corporaciones, la escuela, la familia, la iglesia, los partidos, el Estado todo, los equipos deportivos y un largo etcétera, han asimilado el modo extenso del diseño de lo bélico para sus prácticas, relaciones y azares. Esta asimilación se expresa de dos formas: El poder disciplinario que se aplica como exterioridad desde una ortopedia sobre el cuerpo, sus usos y sus placeres; es decir, el despliegue de una economía política del deseo, por medio de técnicas de vigilancia e instituciones punitivas que dejan correr una lógica, tal cual lo hace un procesador con un programa. Y en segundo lugar, lo que Foucault llama “biopoder”; que se ejerce de adentro hacia fuera de los cuerpos, cuando el poder como lógica ya echó raíces y se expresa desde la trama más profunda de la subjetividad de los individuos. Miedos, fantasías, prejuicios, fobias y otros discursos serán el efecto de superficie de lo que podría ser mucho trabajo para el psiquiatra. Podemos trazar la genealogía del biopoder y sus estratificaciones más profundas y fundadas, cuando topamos con racimos de articulaciones discursivas aparentemente racionales que apelan por ejemplo, a la propiedad sobre las cosas como paradigma del goce, la seguridad existencial, la realización, la felicidad, en fin, la afirmación final del deseo, materializado por fin; diciendo: “Con mis hijos no te metas”, “mis hijos son míos las cosas y desde allí cosifican también a los hijos,”, etc. confundiendo (¿o sustituyendo?) libertad con propiedad. Por eso Foucault dice que la lógica de las relaciones de poder y las zonas de resistencia que se producen también, no son especialmente del orden del derecho, sino más bien de la lucha, la confrontación y la estrategia. ¿Qué es lo que se enfrenta? Foucault dirá: Construcciones discursivas que le dan forma al deseo mudo que pugna por salir a la superficie. Desde los suicidas hasta los flagelantes, pasando por toda clase de ascetismos y bulimias, hasta llegar a los también inimaginados y refinados excesos que dejan pálidos a los 7 pecados capitales, y por ello mismo deseados y rechazados por todas las cartillas y récipes de moral y moralina que pueblan las capillas ideológicas de las doctrinas. Son líneas de puntos que se van modificando, yuxtaponiendo, rectificando, borrando, ratificando, reapareciendo. Foucault se pregunta, cómo es posible que individuos distintos sedan su diferencia a la reversibilidad de un patrón y se unan en un discurso, sigan los dictados de sus lógicas y desde allí, sean capaces de aceptar mansamente el sometimiento que sede el cuerpo a la constitución de un sujeto, comprendiendo que los sujetos son zonas de encuentro de colectividades asociadas en una subjetividad política y sus formas de expresión. No es raro entonces, que lógicas yuxtapuestas choquen y entren en estado de guerra, aunque a veces ocurra que se trate de la misma lógica distinta sólo en su performance, como ocurre en los conflictos religiosos. De manera que nada mejor que vivir en un estado general de guerra. Ello permite hacer de nuestros miedos certezas y de nuestras terquedades verdades. Por ello, dice Foucault, “la guerra debe considerarse como un estado de cosas primero y fundamental en la constitución de los procesos de dominación, diferenciación y jerarquización; primero fueron las guerras, luego le siguieron los estados y sus instituciones”. ¿Tendrá esto algo que ver con el afán opositor de enfrentar cuanta cualquier cosa plantee el gobierno? Ley de tierras, habilitantes; ahora, contra la ley de educación. ¿Será una manera de mantener el control sobre un puñado de la población en la misma medida en que ese sector legítima una jerarquía que realiza sus propias pasiones?
jueves, 3 de septiembre de 2009
El Anarquista (La Quinta Columna, 03/09/2009)
La grata visita de Noam Chomsky al país debería también traer la brisa fresca del debate ideológico sobre aquellas propuestas e ideologías que pueden servirnos para reimpulsar el combate contra el capital y sus lógicas. A pesar de sus contraluces, no cabe duda alrededor de su talla moral e intelectual y por sobre todo de su irrefragable postura anarquista abiertamente asumida y defendida. ¿Servirán los aplausos a Chomsky para conversar sobre lo que hay o no de vigente y audaz en el anarquismo, más allá del doctrinarismo dogmático y de las posiciones asumidas como ciudadelas fortificadas, por aquellos que lo descalifican todo porque recibieron la luz reveladora de la verdad? Despachamos de una vez por incomoda aquella frase de Bertrand Rusell cuando afirmaba que “el anarquismo es el ideal último al que debería aproximarse la sociedad si de veras aspira a la libertad”. El anarquismo no es ya aquel pensamiento más bien ingenuo que reaccionaba contra toda y cualquier autoridad, proclamando la destrucción total del estado sin presentar ninguna salida. Charles Weigl, biógrafo y recopilador de Chomsky nos advierte: “Además de asociar el término anarquía a desorden, creemos saber que es el anarquismo y también pensamos que sabemos quien es Chomsky. Por lo que “su” anarquismo sería distinto y decente. Por tratarse de un intelectual serio. Pero no nos atrevemos a hurgar un poco más por miedo a las sorpresas”. Por eso, muchos de los que lo ensalzan y citan desprecian la influencia que Deleuze, Foucault y especialmente Derrida han tenido en su obra ¿Entonces, con los oportunistas que le utilizan por ser un intelectual respetado que se bate contra el imperialismo, consentimos que Chomsky pudiera ser una suerte de anarquista moderno, que habla de anarquía como provocación, cuando se trata más bien de un intelectual cercano al liberalismo? Por supuesto que no, aceptémoslo, Chomsky es anarquista, a pesar de que en ocasiones comparte la importancia de las reformas en tanto que victorias políticas que pueden nutrir al movimiento y servir de dinamizadores del proceso político. Así como de manera sensata le parece bien apoyar a los gobiernos progresistas antes que ignorar su importancia. “Aunque el ideal sea el de construir el tipo de mundo en donde todos participemos por igual sin miedos no jerarquías. En donde las decisiones se tomen directamente y en el que la autoridad, siempre distinta al ciudadano, quede relegada al lugar que le corresponde: una triste esquina o una nota a pie de página de la historia, donde se hable de los días en los que otros decidían en nuestro nombre, hasta que pusimos orden a nuestras vidas y arreglamos las cosas para decidir entonces ser libres para siempre”. Para comprender los usos políticos de Chomsky, es bueno remontarse al Chile de Salvador Allende. Al Chomsky pronunciarse a favor de este, el diario El Mercurio lo calificó de “anarco-comunista que quiere traer a nuestro país ideas extranjerizantes”, mientras que la izquierda radical lo acusó de “anarquista atrasado y anacrónico”. A esto el propio Chomsky contestó: “Es muy simple, así como el marxismo se ha elevado sobre las ruinas del socialismo real, el anarquismo ha crecido y se le ha aproximado al punto de constituir juntos, un espacio del significado como medio para interpretar y cambiar el mundo”. Sigamos con él: “Dentro de una revolución hay distintos momentos revolucionarios. Es un proceso largo y moroso hasta llegar después de siglos a una sociedad que se organiza sepultando al Estado, cosa a la que Marx también aspiró en sus días. Sería ocioso e irresponsable esperar que el anarquismo se instaurara como régimen, pues no lo es, y que surgiera con sólo desearlo. La libertad debe ser un ideal, no una superstición”.
jueves, 27 de agosto de 2009
El Mito (La Quinta Columna, 27/08/09)
Hay que vivir en el mito, cosa que siempre ocurre, pues está inscrito en la piedra angular del lenguaje con el que inventamos y también desciframos al mundo. Saber que vivimos al interior de un mito nos ayuda a mantenernos prevenidos. Cassirer nos advierte sobre el devenir y la institución mítica. Cuidado. Lo que consideramos sagrado, legítimo, la fe en el futuro, lo que pensamos de los otros y de nosotros mismos está cruzado y sostenido como un títere, por un tinglado de enunciados y discursos mitológicos. “El patetismo infeliz de las Hades”, que nos invitan al infierno y la seducción fascinante que nos produce el héroe; el asumir que siempre hay un bueno y un malo, forma parte de los mitos de Occidente, que de cuando en cuando se reajustan y remozan. Dionisios en la fiesta y Perfidia en la tristeza son con sustantivos del Mithos existencial de las formas de existencia y de los relatos que narran lo que vamos siendo. Lo profano y lo sagrado hacen el deseo y sus formas de conjurar la muerte, así se trate del asesinato simbólico que siempre se perpetra desde el enemigo que actúa como eterna amenaza sobre nosotros, aunque no tenga éxito o no se lleve a cabo como fuerza. Incluso, la comprensión del tiempo, la relación con el pasado y el futuro que hacen y deshacen los presentes que aprehenden las cosas para lograr una visión cósmica del mundo, autorizándonos a utilizar desde allí una racionalidad. Todo mito deviene en ritos que le actualizan y ponen en escena. Nadie puede escapar al sentido y sus lógicas. De allí que Occidente necesita construir al mal como emergencia fundacional de sus referentes culturales. Ayer fue el comunismo que soportó y subrayo las explicaciones sobre La Guerra Fría y el apoyo a tiranías y dictaduras. Luego y hasta hoy la lucha contra el narcotráfico y de un tiempo para acá la guerra contra el terrorismo de la que pueden hablarnos curdos, afganos e iraquíes. Pero los mitos, por fundacionales que sean necesitan el oxígeno renovador de las palabras; ser reobjetivados en la subjetividad general del miedo, porque ¿Cómo vivir sin miedo? Elemento este que resulta necesario para la homogenización en torno a un centro de poder. De aquí que el fenómeno revolucionario en América Latina sirva a las angustias y urgencias de Occidente para renovar todo lo que tenemos en los genes de la novela de Orwell, 1984: Ayer era Euro Asia, hoy ¿Por qué no, Latinoamérica? Fidel y el Che; en su momento y todavía. Ahora se suma Chávez, Evo, Correa y Ortega. Así, el peligro toma cuerpo. ¿O de qué otra forma llevar a cabo el exorcismo para conjurar al demonio, si éste no tiene cuerpo ni nombre para ser nombrado? Momento de articulación simbólica entre el mito del mal en el mundo y todos sus miedos en todas sus manifestaciones; y la lucha eterna del bien contra cada forma de expresión del mal y su modo extenso. Piel, nombre y geografía, sin territorialización no hay objeto y sin objeto no hay un discurso firme que no sea en sí mismo puro objeto discursivo. Lo sabían ya en la película El Exorcista. Barda, diferenciación, determinación, cualificación hacen el campo de delimitación de los territorios discursivos que hacen la memoria del miedo por donde transita la subjetividad. Pero el mito y sus ritos contienen en su seno su contrario y su reversibilidad. Allí reside la verdadera transparencia del miedo y su fragilidad. Por eso, mito y rito deben ser repetidos y reforzados al infinito. Todos hemos visto al Zorro. Sabemos de qué se trata el juego. El malo puede devenir en héroe o antihéroe en cualquier momento y no puede ser malo. Su nombre crece y se hace amplio. El débil y pequeño difícilmente puede ser el malo, esto contraviene la naturaleza misma de los imaginarios. Deberían revisar estas cosas las cadenas mundiales del chantaje, el terror y el miedo cuando satanizan a Chávez. Valga la cacofonía, las revoluciones son al mito su reverso perverso.
jueves, 20 de agosto de 2009
Ideologizar (La Quinta Columna, 20/08/2009)
Yo creía que el debate sobre la ideología era propio de marxistas sin oficio. Parece que no. Que curioso, nadie tiene respuesta para esta pregunta: ¿Qué entiende la derecha por ideología? Por qué cada vez que se queda sin argumentos apela a la manida tesis de acusar de ideológico a cualquiera. Sin embargo, en vez de darnos risa y atacar la discusión, muchos se ponen serios y se disgustan ¿Será por nuestras carencias? Para Marx, el asunto ideológico plantea una determinación que se expresa como campo de lucha por la apropiación de aquello que debe ser representado. Es decir, el dominio de la lectura de lo real para imponer legitimidades alrededor de la verdad y en correspondencia, establecer lo que debe ser dicho, lo que debe ser deseado y las formas de realización del deseo. O Sea, establecer una hegemonía. Este privilegio le corresponderá a la clase que asuma el poder, léase bien “la clase, el poder”, no la élite, no el gobierno. La pregunta repugnante con la que abrimos en principio nace, porque extrañamente la acusación contra la Ley de Educación, es que es mala por ideologizante. O sea, que nuestro empeño en cultivar claves éticas para la transformación histórica, es dudosa porque está vinculada a fines y a un proyecto político. Y para ellos, esto es un delito. Con decir: “No comparto tu proyecto, mi ideología es más bonita”, sería suficiente. De eso hablaron los estoicos. La no ideología es una dimensión ideológica del pensamiento liberal burgués y de su positivismo lógico, que lee a la ciencia y a la verdad, como el producto de resultados exactos, como absolutos y como universales históricos. Por eso, nada mas ideológico que lo no ideológico. “Nada más erótico que la abstinencia”, Decía Lucano de Seneca. Los Torquemada de moda, se transvisten de “pureza” y desfilan por los medios, disfrazados de candorosas Marilyn Monroe que persiguen un ideal-mundo, en donde pobres y ricos se rían de los mismos chistes, e ir a Disney sea un gesto inocente (en lo personal no me parece ningún pecado, en todo caso una decisión de mal gusto, pues hay otras opciones y destinos en el mapa, antes de ir a visitar a una rata). Habría que leer a Vicente Verdú en su libro “El planeta América”, para entender, qué ocurre en la consciencia, cada vez que vamos, por ejemplo, a India y preferimos morder una hamburguesa de Mc Donalds. Verdú asegura que estos locales son verdaderos conteiner de ideología americana, suerte de enclaves y embajadas de un registro, una nomenclatura cultural, una manera de ver y de organizar al mundo. Para mi, siguiendo a Laclau, la ideología es un campo de representaciones desde donde es posible tirar la barda lacaniana, es decir, un espacio-tiempo de saber-poder-subjetividad. Allí es posible fundarse para llenar de significado a los significantes vacíos y flotantes que hacen la realidad. ¿Podemos hablar de ideología ante una ecuación matemática? Claro que no, al menos no inmediatamente, pues las matemáticas son un juego de lenguaje que contiene sus propias soluciones y respuestas, por eso las computadoras pueden realizar cálculos, aunque por ahora no pueden pensar. Ante esto Lenin decía: “Siempre la pregunta más importante es: quién, para qué; es decir, quien da las órdenes, quién las obedece y que se logra con eso”. ¿Historia no ideológica? ¿Geografía no ideológica? ¿Un idioma y el leguaje libre de manchas (ideológicas)? ¿Dónde? ¿Será ideológica la pretensión de La Iglesia Católica, de hegemonizar el ámbito académico? Hablemos de ideología entonces. Se va a la escuela por la misma razón que se ve TV. La educación es una máquina de propaganda, el problema es que la derecha solamente lee a Popper y cree que el único intelectual es Vargas Llosa, elección estúpida y por demás ideológica.
jueves, 13 de agosto de 2009
¿Ser comunista? (La Quinta Columna, 13/08/2009)
Bertolt Brecht dijo: “Qué tiempos estos, en que hablar sobre árboles es casi un crimen, porque supone callar sobre tantas alevosías”. Hablar del árbol supone asumir que no garantizamos que se pueda seguir hablando de él a futuro, por lo menos en vida de ese mismo árbol. Un mundo en donde el árbol es visto como riqueza y mercancía. En su último libro, Ecce Comu, mi buen amigo y maestro, Gianni Vattimo, se pregunta: ¿Puede alguien convertirse en comunista después de 1989? La respuesta que consigue es lapidaria y concluyente. No solo se puede, también se debe, si de lo que se trata es de hacer posible la vida en el planeta. “Ningún tercer o cuarto camino se halla en condiciones de revertir el actual estado de desigualdad existente en todo el mundo”, dice. La versión personal que Vattimo adelanta sobre el comunismo necesario para los tiempos que corren, es ante todo una armadura ética anclada en la tradición histórica e intelectual del pensamiento marxista comunero, salpicado de anarquismo republicano, libertario y democrático. Renunciando al economicismo, el reformismo y las posturas socialdemócratas. “Un pensamiento enfrentado al capital desde una postura antiautoritaria y subversiva. Un comunismo que valga como ideal moral regulador y como propuesta viable, eficaz para la realización material de la justicia y la democracia directa en lo económico, en lo político y en lo social. Se trata de construir una visión lúcida, estética y desenfadada, incluso brutal en su franqueza, una apuesta impúdica para la esperanza”. Nos habla de la necesaria retoma de los palacios de invierno de una poética provocadora que haga añicos al discurso burgués y cualquier otra “normalidad” (se refiere especialmente al discurso mediático). Veamos como lo argumenta. “Volver a ser comunistas” no es excesivo, ni una impostura, o un despropósito político. No debe avergonzarnos. Es nuestro salvoconducto anticapitalista, nuestra vacuna contra el odio, la intriga, el asedio y asesinato moral que usa a las instituciones públicas contra los ciudadanos, al estilo Ley Patriota. Ser comunista hoy, es una suerte de oración, de “Padre Nuestro”, para conjurar a los demonios del miedo, que apelan desde la soberbia, al chantaje y a la fuerza para aniquilar a los enemigos. Asunto que podemos observar en todo el mudo con sólo acercarnos a la ventana. Es oponerse sin reservas y al costo que sea a un poder ultra planetario que opera en los espacios micro-físicos, desde el fascismo de la vida cotidiana, como dijera Arent. La pregunta que quedaría sin respuesta si la radicalizamos a la inversa, es: ¿Cómo no ser comunista hoy? Vattimo no desperdicia el espacio y le dedica una extensa reseña a lo que llama, la Venezuela de Chávez. Habla entonces de la construcción política de una trama extensa de relaciones sociales que tiene como fuente de compromiso la identificación con Chávez. El consenso (con-sensualis) de base no lo logra en primera instancia un programa o un partido, lo logra la afiliación afectiva a un líder. Esto representaría un peligro para tal proceso, a no ser que leyéramos el lazo existente desde el poder del amor y la solidaridad. Desde la poderosa urdimbre que la esperanza puede desplegar cuando se ancla en las emociones más puras, y desde allí, en el deseo que se hace bio-político. Comunismo por lo tanto, para compartir la emoción de la esperanza común sin la cual no hay política que valga. ¿Organizar el sentimiento en estructuras, o liberarlo de manera renovada para que fructifique en pulpo, abriéndose en mil flores? Vattimo llama a esta emoción que se respira hoy el Latinoamérica, “democracia de alta energía”; o más bien comunismo, un término maldito para las clases dominantes, y tal vez por eso mismo, conveniente para el sentimiento común de cambio. Para que lo que hay de nuevo encuentre su cause.
jueves, 6 de agosto de 2009
¿De qué hablar? (La Quinta Columna, 06/08/2009)
¿De qué hablar para que la palabra no carezca de sentido? Esto preocupaba a los griegos clásicos, particularmente a los estoicos Epicurianos. La palabra latina “meitatio” recoge algo de esta preocupación, apoyada en el término griego “melete”, derivado del meletan, que significa también ejercitarse, entrenarse en. Detenerse un poco para volver a hablar luego; hurgar en la grieta, en la hendidura que la palabra ejerce sobre la cosa, sobre el acontecimiento y sus devenires; es decir, un alto re-flexivo en la rugosidad de la cosa pensada con intensidad, hasta lograr el despliegue de las ideas. Reflexión opuesta a la información, esa cosa informe, llena de datos de lo que ocurre y no ocurre. Matizada por la visión siempre oscura de la mediación. Michel Foucault en su clase del 3 de marzo de 1982, precisaba que ante la información, siempre cabe la pregunta: “¿Qué quiso decir, que sería lo que realmente ocurrió? Y por supuesto recomienda asaltar esta duda con el meletan. Ejercicio de apropiación de la ocurrencia por el pensamiento, elemento poco común en la información. Alejarse de la banal fugacidad para encontrarse con la nuez del instante-acontecimiento es el reto del pensamiento. No quedarse en lo anecdótico, sino por el contrario buscar la línea de fuga de eso que pasa o deja de pasar y no es inmediatamente visible por el ojo torpe del comunicador. Aquello que todavía no alcanza a ser tocado por las palabras, pero que está allí actuando como segunda piel. Encubándose como un virus y que aguarda su momento para estallar. No era fácil ver hace unos meses la actual crisis económica y a nadie se le ocurrió que se preparaba un estallido en los días anteriores al 27 y 28 de febrero del 89. De manera que no es fácil saltar el escenario de lo aparente dibujado por el mundo de la información-comunicación, para asaltar a lo real fuera de la lógica mediática. Pero sí hay claves que podemos utilizar para ejercitarnos, por ejemplo, escapar de los horribles lugares comunes del lenguaje y la palabra hasta donde nos sea posible. Desechar la urgencia y la desesperanza de utilizar la inmediatez como verdad. No caer en la trampa de pensar en que realmente todos los días pasa algo digno de ser mencionado. Por ejemplo, ¿Quien recuerda hoy la huelguita de Ledezma y quien recordará en un par de semanas la travesura de Lina Ron? Todas aventuras desesperadas al servicio del espectáculo mediático, pero que por su carácter destemplado no anuncian ningún impacto real en la subjetividad general. Comprender que cada palabra es un comodín infinitamente sustituible. Hacer el juego de colocar una palabra por otra, por ejemplo su opuesto, en donde reina una verdad, para poder leer al revés y luego desde allí en otros sentidos. No buscar inmediatamente el contenido sin pasearse por la intención. Salir de golpe de los pares binarios y del mundo de las dualidades para pisar el terreno de las multiplicidades. “Lo que nos interesa son las líneas de fuga de los sistemas, lo inesperado y nuevo que crea las condiciones en las que éstas se producen y forman fuerzas que suscitan posibilidades revolucionarias. La pregunta es entonces, ¿Cómo hacer para que estas fugas no sean únicamente intentonas, sino auténticos pasadizos que nos conduzcan a una verdadera máquina revolucionaria que trasforme la subjetividad política colectiva y de allí las formaciones del leguaje y sus maneras de enunciar y señalar las cosas, para así aprender otra lengua?”, indicaba Deleuze. De manera que afinemos la técnica, limpiemos los lentes y tengamos a mano los instrumentos para distinguir y separar esos momentos, de la noticia ordinaria, por escandalosas y trepidantes que estas sean. Pues el problema no es solamente desde cual medio lo digo y quien lo tiene, sino también, que voy a decir de lo que se anda diciendo.
¿De qué hablar? (La Quinta Columna, 06/08/2009)
¿De qué hablar para que la palabra no carezca de sentido? Esto preocupaba a los griegos clásicos, particularmente a los estoicos Epicurianos. La palabra latina “meitatio” recoge algo de esta preocupación, apoyada en el término griego “melete”, derivado del meletan, que significa también ejercitarse, entrenarse en. Detenerse un poco para volver a hablar luego; hurgar en la grieta, en la hendidura que la palabra ejerce sobre la cosa, sobre el acontecimiento y sus devenires; es decir, un alto re-flexivo en la rugosidad de la cosa pensada con intensidad, hasta lograr el despliegue de las ideas. Reflexión opuesta a la información, esa cosa informe, llena de datos de lo que ocurre y no ocurre. Matizada por la visión siempre oscura de la mediación. Michel Foucault en su clase del 3 de marzo de 1982, precisaba que ante la información, siempre cabe la pregunta: “¿Qué quiso decir, que sería lo que realmente ocurrió? Y por supuesto recomienda asaltar esta duda con el meletan. Ejercicio de apropiación de la ocurrencia por el pensamiento, elemento poco común en la información. Alejarse de la banal fugacidad para encontrarse con la nuez del instante-acontecimiento es el reto del pensamiento. No quedarse en lo anecdótico, sino por el contrario buscar la línea de fuga de eso que pasa o deja de pasar y no es inmediatamente visible por el ojo torpe del comunicador. Aquello que todavía no alcanza a ser tocado por las palabras, pero que está allí actuando como segunda piel. Encubándose como un virus y que aguarda su momento para estallar. No era fácil ver hace unos meses la actual crisis económica y a nadie se le ocurrió que se preparaba un estallido en los días anteriores al 27 y 28 de febrero del 89. De manera que no es fácil saltar el escenario de lo aparente dibujado por el mundo de la información-comunicación, para asaltar a lo real fuera de la lógica mediática. Pero sí hay claves que podemos utilizar para ejercitarnos, por ejemplo, escapar de los horribles lugares comunes del lenguaje y la palabra hasta donde nos sea posible. Desechar la urgencia y la desesperanza de utilizar la inmediatez como verdad. No caer en la trampa de pensar en que realmente todos los días pasa algo digno de ser mencionado. Por ejemplo, ¿Quien recuerda hoy la huelguita de Ledezma y quien recordará en un par de semanas la travesura de Lina Ron? Todas aventuras desesperadas al servicio del espectáculo mediático, pero que por su carácter destemplado no anuncian ningún impacto real en la subjetividad general. Comprender que cada palabra es un comodín infinitamente sustituible. Hacer el juego de colocar una palabra por otra, por ejemplo su opuesto, en donde reina una verdad, para poder leer al revés y luego desde allí en otros sentidos. No buscar inmediatamente el contenido sin pasearse por la intención. Salir de golpe de los pares binarios y del mundo de las dualidades para pisar el terreno de las multiplicidades. “Lo que nos interesa son las líneas de fuga de los sistemas, lo inesperado y nuevo que crea las condiciones en las que éstas se producen y forman fuerzas que suscitan posibilidades revolucionarias. La pregunta es entonces, ¿Cómo hacer para que estas fugas no sean únicamente intentonas, sino auténticos pasadizos que nos conduzcan a una verdadera máquina revolucionaria que trasforme la subjetividad política colectiva y de allí las formaciones del leguaje y sus maneras de enunciar y señalar las cosas, para así aprender otra lengua?”, indicaba Deleuze. De manera que afinemos la técnica, limpiemos los lentes y tengamos a mano los instrumentos para distinguir y separar esos momentos, de la noticia ordinaria, por escandalosas y trepidantes que estas sean. Pues el problema no es solamente desde cual medio lo digo y quien lo tiene, sino también, que voy a decir de lo que se anda diciendo.
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