jueves, 27 de noviembre de 2008
GRACIAS (La Quinta Columna, 27/11/2008)
Una Revolución es un evento cultural que sacude cimientos dando al traste con las viejas instituciones. Toda Revolución construye un sujeto político múltiple, que para abreviar llamaremos pueblo. Un sujeto que se re apropia de otra lógica y desde allí planifica, controla, administra y ejecuta lo que soberanamente decidió. Una Revolución es dar todo el poder al pueblo. En este sentido dejamos una abrumadora cifra de tareas cumplidas, por ejemplo: Recibimos 35 escuelas abiertas de manera precaria, con apenas 25 mil niños. Devolvimos 135 centros educativos funcionando, con más de 130 mil estudiantes que cuentan con seguro, uniformes y tres comidas diarias. Hicimos el estacionamiento Río Tuy en Las Torres de El Silencio, el terminal de abordaje más moderno del país. El taller Caracas deja proyectos y soluciones. Presentamos a Minfra un estudio pormenorizado para el problema del tráfico. Recuperamos el Olímpico, el Nuevo Circo, El Pinar, Los Caobos, el Cristóbal Rojas; plazas, avenidas y 600 nuevas canchas. Dotamos a los hospitales y preparamos su transferencia al Ejecutivo Nacional. Lo mismo ocurrió con la PM. Desarrollamos la escuela del constructor popular, la contraloría social y la policía vecinal. Dotamos y honramos como nunca a nuestros bomberos. Cancelamos pasivos laborales y compromisos contractuales como ninguna otra administración anterior. Atendimos a los excluidos de la calle, desde una experiencia piloto imitada en varios países del mundo: El Manantial de los sueños. Salvamos miles de viviendas en nuestros barrios y construimos urbanizaciones completas. Atendimos a niños y ancianos. Creamos Fundaperdis, una organización para la dignidad de nuestros compatriotas discapacitados. Atendimos a los parientes de los enfermos de nuestros hospitales creando una posada. Hoy contamos con un centro para mudar a las personas mientras le damos una casa nueva. Expropiamos 600 edificios para beneficiar a la clase media y pagamos dichos inmuebles. Atendimos a más de 30 mil damnificados y solucionamos sus problemas. Donamos sillas de ruedas prótesis, colchones anti escara, bastones y miles de ayudas más. Creamos una corporación para quebradas, torrenteras y derrumbes, además de apoyar a los municipios con el problema de la basura. Recuperamos el botadero de La Bonanza con una planta de tratamiento de lixiviado y hornos para desechos patológicos, aumentando su vida de 3 a 35 años. Hicimos cientos de barandas, decenas de muros de contención y escalinatas en los barrios. Creamos el centro de seguridad electrónica más moderno de América Latina, con 300 cámaras instaladas. Dejamos núcleos de desarrollo endógeno. Reactivamos la cultura en la calle con teatro, eventos musicales, circo, cine, cientos de libros y otras publicaciones. Proyecto Pira. Avila TV, que en apenas 2 años es la primera televisora juvenil de señal abierta de todo el país. Banco de materiales para la vivienda popular. Cientos de micro créditos, particularmente a taxistas y motorizados. Minuciosa investigación histórica para conocer los orígenes de nuestra ciudad reivindicando la figura de Guaicaipuro y Miranda. Pero el legado más importante es la organización social. Dos mil consejos comunales organizados, con cerca de 1000 capacitados y financiados. Por eso doy gracias a Caracas por dejarnos trabajar con ella desde una gestión honesta y eficiente que merece ser profundizada. Al presidente Chávez por su confianza, a los trabajadores de La Alcaldía y a mi equipo de trabajo. Felicitamos a los ganadores. Ojalá los nuevos gerentes sean capaces de reconocer de algún modo y sin mezquindades los modestos aportes que dejamos.
jueves, 13 de noviembre de 2008
FRACTALES (La Quinta Columna, 13/10/2008)
¿Pensar los objetos políticos, como por ejemplo el concepto democracia, como si se tratara de una cosa sólida? El cambio es permanente en la naturaleza de los paisajes subterráneos que hacen los mapas categoriales. Maffesoli nos alerta: “Las cosas no dejan de sufrir modificaciones importantes. La sociedad, como el amor, la muerte y la política, no dejan de transfigurarse, o lo que es lo mismo, transmutar la potencia de su forma a nuevas figuras que marcan las eras y las edades”. El sustrato existencial de la cosa política es el cambio, pero su secreto estriba en que el encanto que produce, borra por un tiempo el impacto del cambio mismo. El sentido común desprecia cualquier formulación que intente pasarse de la raya pretendiendo universalizarse con la eternidad. ¿Con qué conceptos llenar la caja de herramientas para dar cuenta de los cambios ocurridos al interior de los dominios de las lógicas de un proceso? Cada vez de manera más recurrente, las ciencias sociales se ven permeadas por modelos de representación que permiten el estudio de aquellos objetos que se nos antojan sin ley o que varían su forma de expresión dependiendo del nivel o escala de observación. Los objetos fractales (nubes, turbulencias, movimiento de las mareas, mapas y costas, forma de las hojas de un árbol, etc) descritos por Benoït Mandelbrot, nos sirven para capturar una fotografía conceptual e inspirar nuevas lecturas de los devenires en tránsito. Auto similitud (aquello que sólo permite compararse consigo mismo), intermitencia relativa (establecer las frecuencias entre estados de calma y de turbulencia), errores en ráfaga (discernir sobre los eventos que se desencadenan a partir de un hecho no deseado o una decisión inadecuada), ruido subyacente (descontrol no observado a simple vista pero que se mantiene latente y se expresa a la hora de una medición final), distribución irregular o regiones de concentración (estado de cosas de una fuerza que a la distancia luce unánimemente lisa pero que resulta cada vez más estriada con cada aproximación), intermisiones de los flujos de intensidad (habla de los intervalos de la energía necesaria para mantener cierto nivel de volumen u homogeneidad de una fuerza), medida trágica (el resultado que arroja un mapa de decisiones erróneas), escalera del diablo (medición gráfica de una tabla media estadística que muestra una “declinación irremediable”), horizonte de segmentos caóticos (imagen que se puede observar al dividir de manera “extraña” la escalera del diablo en un gran número de segmentos de “errores trágicos” que permiten entender por qué la tendencia al declive aumenta en la misma medida en que la suma de los segmentos se aleja del modelo ideal de la escalera de Cantor), generalización aleatoria de Besicovitch (randonizar o redondear alrededor de un solo error atribuible a una sola variable, lo que podría ser dividido en infinitas celdillas de errores trágicos, fijando de antemano los valores arbitrarios a fin de lograr una respuesta simple en una sola operación. Permite una respuesta rápida en un primer nivel de aproximación), exponentes críticos (elementos que saltan de bulto a la hora de un análisis, pero que sólo funcionan a partir de ciertas combinatorias). Son campos de conceptos que forman cristales moleculares discursivos. Con ellos, hacernos cargo del papel del azar y de sus ráfagas desestabilizadoras de la realidad política. El poeta Valery hablaría de la virtud misteriosa de las pequeñas palabras, los mínimos silencios, el color de la voz de aquellos aires que trastornan la historia.
jueves, 6 de noviembre de 2008
¿Ponerle el cascabel a Obama? (La Quinta Columna, 06/11/2008)
¿Es Obama, como afirmo en su momento Malcón X de Luther King, el Tío Tom? Es decir, el negro de la casa de los amos blancos, que afirma sus valores en oposición al rebelde negro de la hacienda algodonera. Pasemos revista a algunos datos. Según cálculos conservadores, EEUU ha gastado en 6 años de guerra en Irak y Afganistán, un billón y medio de dólares. Si comparamos esta astronómica cifra con lo que se necesitaría para acabar con el analfabetismo en el mundo (unos 49 mil millones); o con lo que se podría invertir en ese país para erradicar la pobreza de unos 50 millones de norteamericanos (300 mil millones de dólares), nos damos cuenta de cuan alta es la cifra. Paradójicamente, si este país reduce en apenas un 20% el gasto militar, desaceleraría su economía en esa misma proporción, dejando en la calle a un millón y medio de trabajadores y produciendo la quiebra de industrias como el acero, la informática, la farmacéutica y hasta el ramo de la alimentación y la confección. El imperio se haya atrapado al interior de su propia paradoja al haber amarrado el carro de su destino al caballo de la doctrina de “la guerra eterna”. El fraude contra Al Gore fue el triunfo del lobby petrolero armamentista sobre las pretensiones del sector de las altas tecnologías; así como el asesinato de Kennedy fue llevado acabo por los tigres del Pentágono, para castigar las aptitudes vacilantes de este clan ante las presiones de los sectores más reaccionarios de EEUU, a favor de La Guerra Fría. ¿Cuál será la suerte del recientemente electo, si se enfrenta a la dictadura del dinero y la guerra, propietaria por décadas de las decisiones de La Casa Blanca? Sin embargo, el principal enemigo de Obama es él mismo. Me explico: Acostumbrados como están de ostentar su fascismo, los tigres y halcones del Pentágono, leen la ambigüedad del presidente electo como izquierdismo. Recordemos por un memento la teoría del fascismo de Deleuze. El fascismo de apodera de los cuerpo a nivel de la ideología, pero principalmente de las emociones a partir de las catexias corporales, los gestos libidinales, las miradas, las puestas en escena del deseo. “El fascismo produce ciertos ensamblajes de los cuerpos haciendo de la personalidad un lugar impersonal desde donde hablan sujetos extraños al goce; los que anclan sus pasiones al odio y al resentimiento. Quedando atrapados al nivel más bajo de intensidades puras, de operaciones corporales abstractas como por ejemplo, el mover involuntariamente la cabeza de lado a lado sin darse cuenta ante una imagen que rechazan”. ¿Cuándo miran en la tele a Obama, los blancos sajones, protestantes de la clase media profesional gritarán: ¡Bravo! Allí está uno de los nuestros? En noviembre de 2002 Bush recibió ataques por parte del ala derecha de su propio partido, cuando quiso rectificar aquello de “la guerra de civilizaciones”. Fue acusado de tener posiciones blandas frente al Islam. Netanyahu, por ejemplo, un político israelí de línea dura, le reprochaba que dijera en público que el terrorismo no tenía nada que ver con el pensamiento árabe musulmán. En enero de 2004, en una columna de un influyente periodista de derecha, se decía: “El verdadero enemigo de EEUU, no es el terrorismo, es el Islam militante, pues se trata de una fuerza profundamente violenta contra occidente, el mercado, la democracia y el liberalismo”. ¿Qué hará Obama con estas aseveraciones?¿A caso se cambiará el origen y el nombre y desde ahora pasara a actuar como un Oreo cookie, negro por fuera pero relleno de crema blanca por dentro?
jueves, 30 de octubre de 2008
El sujeto Chávez (La Quinta Columna 30/10/2008)
Un nuevo léxico extraído del diccionario de las luchas recientes, luego del muro de Berlín, ha ido cobrando espacio, haciendo obsoleto el andamiaje conceptual de las formulaciones teóricas de La Modernidad. Es el restallido aquí y allá de nuevas formas de hacer política. Categorías como biopolítica, biopoder, multitud, potencia, disciplinario, control, república mediática, hegemonía, subjetividad, deseo, cuerpo sin órganos, plano de consistencia, estrato y muchos otros que llenarían páginas enteras, no resultan nada extraños a las nuevas fuerzas sociales posteriores a Seattle. El horizonte político de las pasiones de las fuerzas sociales del porvenir, poco tienen que ver con los cristales de observación del discurso liberal burgués o con el marxismo dogmático y adocenado. La configuración de las retóricas relacionales y de reconocimiento de actores y sujetos sociales de nuevo tipo, son tales, que representan una autentica barda lacaniana, suerte de frontera epistemológica incontestable e insalvable, que pasa a ser el reto más interesante de la política en los tiempos que corren. Asistimos a la transición de la sociedad del despotismo de fábrica del régimen del capital, que se expresaba como orden disciplinar, a favor de la era de las nuevas tecnologías mediáticas. Esto implica dúctiles formas de control del tiempo, el espacio y el cuerpo, de manera que desde el margen y la resistencia se abren paso nuevas subjetividades políticas. Esto es, otras formas de lucha y por supuesto, una lectura otra, que contiene el dispositivo perverso de una manera también distinta de señalar las cosas para nombrarlas. Estos procesos se entroncan con las ancestrales y tradicionales luchas campesinas e indígenas de America Latina, engendrando la mezcla y el carácter de la naturaleza de la actual forma de expresión de la lucha de clases (sustancia del antagonismo histórico fundante de la lógica de sentido del capital); para dar como fruto un nuevo espesor de las contradicciones que hoy enfrenta el mundo. La crisis financiera acelera el proceso y como cuando se disipa una niebla, irá apareciendo, ante los ojos atónitos de aquellos que no quieren ver y que se consuelan con viejos bálsamos discursivos, el modo extenso de las nuevas presencias democráticas de la multitud, nombre político que para resumir, adopta el proletariado que se hace inteligencia general que pugna por una nueva hegemonía. Por eso, lo nuevo y lo viejo no dialogan hace rato, lo que pasa es que no tienen nada de que hablar. Por eso es que a algunos les resulta antipático el modo, el performance y el estilo del sujeto Chávez, nombre ahora colectivo de una multiplicidad política que reinventa formas de decir y de actuar, alejadas de los protocolos discursivos de las formaciones cortesanas de los salones señoriales, donde se practican los rituales legitimadores de la burguesía. Lugar donde se debate en feroz pugna lo nuevo y lo viejo. La revolución se juega su suerte dependiendo de las frases, nomenclaturas y nombres que se hagan cotidianos. El curso de la historia por venir está en un adentro que es Chávez, un devenir político. El perro que sigue su rastro, el chavismo, es el nuevo lugar de la política, allí está situada la multitud y allí se mueven distintas formas del deseo (esperanzas, frustraciones, alegrías, tristezas, lealtades, traiciones); depende de lo que Chávez es y vaya siendo, del cuerpo y la carne que haga estrato en la piel común, lo que diga en adelante en algún significante vacío, como por ejemplo: democracia, partido, socialismo.
jueves, 2 de octubre de 2008
La opinión pública (La Quinta Columna, 02/10/2008)
Para Jaques Attali, la opinión pública, es en el sentido más amplio, un sistema axiomático que sustenta la idea de una voluntad política colectiva surgida de la tradición burguesa de sociedad civil. Suerte de meta relato que hace la regla de la mayoría colectiva, que se establece como una tabla de sus prioridades y aptitudes, a partir del arco de aceptación de un grupo de ideas que se disputan el consenso. Esto significa la reducción metafísica de la complejidad social al plano unidimensional del número. La abolición de la calidad y consistencia argumentativa de una idea a la fuerza pero a la vez, a la precariedad de la magnitud estadística. Una contradicción flagrante en relación a la naturaleza del discurso liberal, pues supone la abolición del individuo y sus intereses. El significante Mayoría, se obtiene de sumar uno más uno, al infinito; un número que se actualiza de manera perpetua dada su condición de inestabilidad, ya que cada opinión no es más que un estado de ánimo, un clima cambiante en tiempo presente, que requiere de una permanente ritualización de sus fuentes de legitimidad. El éxito de esta operación implica unos argumentos racionales, unos actores y por sobre todo un libreto y una puesta en escena. Es así como surge la mitología de una sociedad idéntica a sí misma, es decir, una sociedad sin mayores contradicciones fundantes, pues ellas se resuelven en el terreno de la formación de la opinión. De este modo surge la operación que consagra la idea según la cual sólo son legítimos los juicios públicamente expresados y de algún modo compartidos. Hasta aquí el discurso liberal burgués acompaña la kantiana teoría del juicio. Desde aquí, los medios pasan a ocupar por sustitución, el espacio público como lugar privilegiado para la formación de la opinión. Este solapamiento genera un estado de simulacro por apropiación, logra la ficción de los medios como síntesis de las opiniones colectivas. Esta torsión, este giro, es un movimiento de inversión de sentido desde donde actúan los medios. Lo hacen imponiendo ciertos temas de la agenda informativa y haciéndolos pasar como relevantes. A partir de aquí, su propia opinión es presentada como opinión general, por lo cual el carácter público de su difusión es de suyo la garantía de que representa a la visión de la colectividad sobre un tema. Luego, ocurre la cartelización de los contenidos informativos y con ello, la uniformización de la verdad social alrededor de una versión de la vida en sociedad que es presentada como verdadera. El espacio público queda reducido a espacio mediático; a unos bloques temáticos de “actualidad”, es decir, aquello de lo que merece la pena hablar y a un conjunto de opinadores de oficio que calificarán la pertinencia y legitimidad de la idea que se debe tener en torno a ciertos temas. Esto no es más que la puesta en escena de la dominación ideológica por parte de una hegemonía. Veamos por ejemplo, el caso del maletín, tan manoseado en estos días por los medios de la oposición, en contraversión a lo que sí es una gran noticia: El desplome de los mercados financieros norteamericanos, la quiebra de operadoras económicas hasta hace poco incontrovertibles y lo que es más importante; la crisis que todo esto produce al interior del discurso neoliberal. Sobre este asunto, poco, o nada. Tratar de tapar un gran colapso con la sombra de un maletín no hace más que develar el carácter ficcional de una maquinaria comunicacional que ve hundirse el más importante de sus relatos sin poder remediarlo.
jueves, 25 de septiembre de 2008
La política del mal (La Quinta Columna, 25/09/2008)
En términos de Alain Bodiou, el mal es siempre la sustitución de la verdad. Aquella situación en donde la afirmación surge de la carencia, la ignorancia, el desprecio al otro, el resentimiento o el miedo. Se trata de la negación de la plenitud y la alegría. Ella puede adoptar varias formas, tres de las cuales son las más comunes: La traición, que significa la corrupción de la verdad por medio de la falsa prueba y la intriga; pues esta práctica niega la autenticidad del acontecimiento acorralando y corrompiendo la fidelidad a la realidad. El simulacro, consecuencia de lo anterior, contamina la verdad al reemplazarla por nominaciones similares pero no verdaderas. La totalización, lo que no es más que el dogmatismo que sustituye a la verdad por los deseos. De manera que no se trata tan sólo de producir una mentira sino y por sobre todo, de vivir en ella y no poder vivir sin ella. El mal así entendido (en términos políticos, es decir de forma extra moral) es una práctica que se sustrae del acontecimiento que define la situación, enmascarando la necesidad de la toma de partido por la plenitud de lo que se discute y se decide a favor de todos. Esto supone una postura ética. Bodiou habla de “sustracción” de lo empírico que dicta la sensibilidad y el sentido común, por el cálculo político mezquino. Dice que incluso esta apuesta llega a la sustitución de lo políticamente correcto, por lo conveniente, el atajo y la puerta trasera. Al aceptar navegar en las aguas del oportunismo, según Bodiou, “se pierden la capacidad estructurante de un proyecto que se funde en lo verdadero” y se entra en la barrena que Gramsci llamara “estado de crisis orgánica”. Situación que puede prolongarse en el tiempo de manera indefinida sin que se produzca un desplome definitivo, pero manteniendo al bloque que se arrastra a esta práctica en un estado permanente de crisis e ilegitimidad. Así actuaron los nazi ante la quema del parlamento; de ese mismo modo han actuado los gobiernos norteamericanos varias veces, como en la situación que los llevó a la guerra con España a principios del Siglo XX; o el conocido caso del golfo de Tonkin en Vietnam (corren serias acusaciones que lo mismo pudo haber ocurrido con las Torres Gemelas el 11-S). ¿Puede sobrevivir políticamente una oposición que soslaya los hechos o que los interpreta de manera acomodaticia, como ocurre con el recientemente denunciado intento de golpe de estado y magnicidio? ¿Puede acaso alguna corriente política tener éxito con un doble discurso, actuando a la sombra contra los intereses generales de la sociedad? ¿Es posible que se construya una referencia política verdadera bajo este sino y siguiendo dichos parámetros? Entendiendo por verdadero al campo de prácticas que generan acontecimientos que elevan la potencia de actuar y de existir de la mayoría y por eso mismo obtienen el consenso. Ya lo advertía Sartre: “en política no todo es igual ni da lo mismo. Cada acto, por supuesto que es de libre elección. Por eso mismo marcará nuestra existencia. Esta terrible libertad nos condena en cada momento, incluso cuando la decisión es no actuar o no elegir. Siempre tomaremos partido. Optar por la verdad es elegir la suma de las potencias que nos alejan de la nada y de la voluntad de poder desde una ansiedad in auténtica y sin objeto”. Una postura ética es una apelación a la voluntad y a la libertad. Desde esa postura decimos que la oposición se desespera y juega al golpismo porque no tiene política.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Hegemonía (La Quinta Columna, 18/09/2008)
Admítanoslo sin rubor. La construcción de un proyecto hegemónico es el primer problema a considerar en la política. Es el establecimiento de la barda o línea de demarcación empírica, a partir de la cual se crean los discursos, los lenguajes y sus sistemas de equivalencias capaces de explicar y justificar el conflicto. Una nueva hegemonía no es fácil, pues sus actores y discursos, más allá de la buena voluntad, tienen que enfrentar a la tradición y al peso de las costumbres instalada en la vida cotidiana y sus mentalizaciones. Más aún cuando se trata de intervenir al interior de la creciente complejización e institucionalización de las sociedades del capitalismo tardío mundializado, para asaltar “las trincheras y fortificaciones de la sociedad civil que pretende corporativizar a las clases subalternas” de que hablara Gramsci. Hablar de hegemonía es entender las oportunidades del momento de una crisis organica y los saltos y trancisiones que pueden ser posibles; es adentrarse en un campo de prácticas y discursos capaces de producir articulaciones que pueden o no, permitir la inteligibilidad o lectura de la socidad desde “un punto de vista” y no otro. Un momento hegemónico es aquel en el que la gran mayoría de los ciudadamos ve como “neutral” el asumir cierto punto de vista sobre las cosas de una manera natural y sin mayor discusión. Es una suerte de concenso alrededor de un sistema articulante. La relación de fuerzas al interior de una hegemonía y entre un sistema hegemónico y su contrario viene dado por la fuerza de la articulación de los sujetos al discurso que los constituye. Es decir, a la mayor o menor afiliación disacursiva y a como esto se traduce en pasiones prácticas, o sea, en una puesta en escena política fuerte o debil. Sabemos que estamos al interior de una hegemonía cuando podemos observar con claridad sus linderos ideológicos, es decir el plano argumentativo que justifica la coherencia entre prácticas y el modo en que son decididas unas y no otras, lo que hace y legitíma a un sistema de diferencias e identidades. En nuestra realidad política encontramos que el campo opositor presenta un síntoma severo de desgaste de sus linderos discursivos. No renovación del liderazgo; exceso de baba sobre un discurso gastado; la lógica de la acusación y la descalificación sin argumentos de fondo; la mitificación y exaltación de asuntos irrelevantes y que no tocan la vida citidiana de nadie, como el caso del maletin; un asunto que no toca el cuerpo del deseo político. Hay que sumar la falta de imaginación y creatividad en acciones que no van más allá de la mediática. De manera que podrán ganar o perder alguas gobernaciones, pero esto no los acerca a un proyecto hegemónico. Igualmente, se puede acumular influencia, dinero y poder, sin nunca representar un proyecto hegemónico. Destino sin esperanza que jamás irá más allá del uso de lo fuerza despotica. Como ocurrió en los dias de Punto Fijo. La oposición confunde la unidad electoral con la necesidad de un marco estratégico y así, se despide y se aleja cada vez más de la posibilidad de ser lo que fue o de prometer que alguna vez será. La posibilidad de encarnar el cuerpo del sujeto sin rostro y sin voz, la idea de reivindicar a los excluidos de siempre, a quedado postergada, o en todo caso suspendida en espera de unos resultados electorales. Esto le pasa a aquellos que confunden la ambición de poder con el poder mismo y sustituyen la realidad del momento hegemonico por sus deseos.
jueves, 11 de septiembre de 2008
SOCIALISMO (La Quinta Columna, 11/09/2008)
El socialismo es una cuestión práctica. Ya en el año 1845 escribía Marx, en las Tesis Sobre Fewerbach que: “Es en la práctica donde tiene que demostrarse la verdad, es decir, la terrenalidad y el poderío de un pensamiento”. Estableció que “el socialismo es el futuro actual”. O la práctica es revolucionaria, o sea, transformadora, o es reaccionaria y conservadora. En esta disyunción se juega la suerte de cualquier proyecto. En cada plano del instante-acontecimiento de cada pequeña historia que se tuerce en el recorrido de la vida cotidiana, en cada una de las fibras y engramas microfísicos de las decisiones, creencias, hábitos y costumbres de cada individuo, se va construyendo lo que tiene de hoy el mañana. Hay una urdimbre de poder invisible en cada gesto y ademán de la mano, en cada sonrisa; en las acciones u omisiones, que impactan también al mundo porvenir. Marx daba mucha importancia a esta dimensión de la historia. En 1843, en carta a su amigo Ruge, revelaba: “El comunismo no es una fase superior. Para mí, no es otra cosa que la realización particular y solidaria, incluso unilateral, del principio socialista, es una práctica que implica incluso, la superación emocional de la mezquindad del otro; y en el extremo, los utopistas que dejan para mañana a La Comuna, es decir, lo que se puede hacer hoy, de manera que el comunismo no es ni programa ni estrategia, es práctica, es táctica, es tarea inmediata que organiza y garantiza desde hoy las formas de vivir del mañana, el movimiento actual de lo real, una suerte de programa mínimo, modelo material de la teoría, que se puede llevar a cabo si dejamos de lado el calculo personal siempre mezquino”. De modo que en Marx se dibuja y prefigura la idea del comunismo como “utopía concreta”. Mannheim definía la utopía como “aquello que parece irrealizable desde el punto de vista de un orden social determinado, en la apuesta por lo ya existente, pues, nunca será aquello que no va siendo”. Marx prestaba mucha atención a los indicios anunciadores de lo nuevo, como calificó a La Comuna de París, lo que va siendo a pesar de las circunstancias, allí donde nadie apostaría, donde muchos se niegan a verlo y mucho menos a aceptarlo Podemos proyectarnos desde estas plataformas teorico-prácticas. De modo que el socialismo es también un estado individual. Una subjetividad política que da forma al deseo. Vivir como socialista es ir construyendo el socialismo. La valoración del espacio, del tiempo, de la calidad de las relaciones que se entablan, de la coherencia entre el discurso y lo que se hace; teniendo al goce como principio de todo y, como dijera Marx en su Grundrisse, “y por consiguiente, el patrón de la riqueza no será ya el tiempo de trabajo, sino de ocio”, porque no importa lo duro de una jornada, como en cualquier deporte, ella nunca será vista como trabajo. Aparecerá entonces el hombre nuevo, visto por Marx, no como un fanático fundamentalista, sino como el Homo Ludems, “en una sociedad de hombres creadores que juegan y se divierten en el despliegue individual y colectivo de sus potencias “reino que va más allá de la conciencia y la superación de la necesidad… El reino de la libertad sólo comienza en efecto, allí donde desaparece el trabajo impuesto por el desamparo, la liberad es la superación de la necesidad más allá de la esfera de la producción propiamente dicha”. Por eso el socialismo es el comunismo hoy, “la unión de las soledades en un proyecto libertario”.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Como cabe destacar (La Quinta Columna, 04/09/2008)
¿Quiso tal vez Gustave Flaubert, burlarse de nosotros, del lenguaje y de sí mismo, cuando escribió su célebre y vigente Diccionario de los Lugares Comunes? El autor de Madame Bovary nos sorprende con un breviario de simplezas y tonterías consistentemente absurdas, en relación con el sentido común. En carta a su amiga íntima Louise Colet, en 1852, afirma: “Ninguna ley podrá alcanzarme, burlaré la censura, aunque habré de atacarlo todo. En el se encontrará lo que es útil para ser un cortesano con éxito, aquel que ríe, aprueba y dice lo necesario en sociedad para convertirse en una persona decente y amable”. Según el autor se puede vivir sin pensar, sin el más mínimo esfuerzo argumentativo y sin embargo, tener éxito, ser brillante y obtener reconocimiento. “Ser tenido y contar con dinero, vivir de intrigas. Así pasa a ser la astucia más importante que la razón”, dice. De modo que el cliché y los lugares comunes (sepa la derecha de todos los pelajes, que no hay peor comunismo que el lugar comunismo), los estereotipos mentales y la ignorancia izada como argumento-decía Flaubert-, son la jerga predilecta de la burguesía emergente de todos los confines. Siempre en boca de sus políticos y medios de comunicación. Como una maldición tántrica, baña a toda criatura de dios, no podemos escapar de ella aunque luchemos como titanes. Siempre se nos escapará alguna frase hecha de nuestros labios, acompañada de una frígida sonrisita al estilo “cajero de Mac Donald”, para “quedar bien”. En tiempos electorales, basta con encender la TV para contemplar con estupor como existe un acuerdo secreto entre todos los candidatos para acabar con la inteligencia de los votantes. Dicha conspiración se lleva acabo con la mirada y retórica cómplice de muchos colegas que no tardarán en preguntar: “¿En qué sentido?” Para luego concluir con un glorioso: “Como cabe destacar…”. Estupidez que riñe incluso con el sentido común y que por supuesto no cabe en ninguna parte. Frase favorita de muchos que intentan sancionar y subrayar aquello que “carece de la más mínima importancia”, como dijera el filósofo Jorge Negrete, respondiendo al también filósofo Pedro Infante, cuando este, tomándolo por el brazo le espetó un “yo a usted ni siquiera lo desprecio”. Pero no entremos en profundidades. No crean que quien escribe se cuida y desprecia los lugares comunes o guarda alguna distancia, por el contrario, se embadurna, los colecciona y reflexiona sobre su modo extenso, tratando de encontrar la última naturaleza de su sustancia. Veamos la astucia con la que Flaubert se rinde también ante ellos, en la medida misma en que les ofrece benevolencia. Aquí presentamos algunos conceptos para que el atareado lector, más si se angustia ante la lidia electoral. Guía para tener en cuenta a la hora de hablar públicamente. Accidente: Siempre deplorable o molesto (como si alguna vez se pudiera considerar una desgracia algo divertido). Alcalde: Personaje ridículo. Se considera insultado cuando le llaman empleado público. Erección: No usar nunca en política y sólo cuando se levanta un monumento. Bases de la sociedad: La propiedad, la familia la religión y las autoridades. Encolerizarse si alguien las ataca. También es recomendable tener en cuenta estos consejos de Flaubert: Burlarse siempre de los libros y de la filosofía, no descalificar a priori la esclavitud. Recordar que Homero tal vez nunca existió (¿o fue Shakespeare?) y que con toda seguridad fue otro quien escribió todo eso.
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