lunes, 14 de julio de 2008

Multiplicidad de Marx. Karlos y su sombrero de copa
ENSAYO IV

IV
Modo extenso y Formación social



Decir Estado es decir Capital

Por lo que al capitalista individual se refiere,
es evidente que lo único que a él le interesa

es la relación entre la plusvalía o el remanente
de valor que deja el precio de venta de sus
mercancías y el capital total desembolsado para producirlas;

en cambio le tiene sin cuidado la
relación que pueda existir entre este remanente
y sus conexiones internas con los elementos concretos del capital.

Lejos de ello le interesa que esta relación y estas conexiones queden en la sombra.
C. Marx


En este momento, el capital en tanto que formación social, es organización total de la vida material y espiritual, ya que deviene lógica de sentido que cambia y combina el capital ya socializado con las materializaciones formales del poder de mando y las redes institucionales de ello derivadas. Por eso Marx afirma que en este punto o grado de desarrollo de las relaciones de producción: «decir Estado es otra forma de decir capital». Algo para tomar en cuenta en el momento en que se habla de Estado global.
Al respecto, P. Bourdieu, nos alerta: «Siempre corremos el riesgo de ser pensados por el Estado que pretendemos pensar». Recomendamos, pues, uno de los últimos trabajo de este pensador: Espíritu de Estado, donde lo define como: «Un dominio, un punto de equilibrio entre fuerzas concurrentes del capital como modo extenso, y de allí como una relación de mando delegado y monopolizado por el resultado de un proceso físico de concentración de diferentes especies y estratos o capas de capital, materializado en formaciones institucionales eficaces para su auto-conservación (razón de Estado, trascendentalidad temporal del capital consagrado en ritos asumidos como universales llamados al orden), como: fuerza física, colección de instrumentos de coerción, capital económico-cultural-jurídico-político y otros tantos campos correspondientes, hay que sumar también el nuevo mundo ahora informacional y simbólico que mantiene actualizado el anclaje lingüístico dominante (lo que hablar quiere decir) a un discurso de realidad, y toda otra gama de relaciones posibles capaces de controlar en su interior cualquier manifestación vital, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por la escuela y la enfermedad, al interior de una clasificatoria. Es un andamiaje de tiempo e historia, que existe sin mostrarse ni ocultarse, pues está allí como evidencia de sí mismo, aunque en su propia existencia ritualizada, de cuando en cuando denota su fisicalidad.»41
El Estado es a su vez, entonces, una suerte de meta-capital que da poder de regular fuerzas a quien lo detenta, por lo que cada una de las fracciones del capital, o de las clases -que es otro modo de decirlo- luchan por su control o negocian alrededor de su monopolio, pues esto les garantiza la obediencia colectiva alrededor del capital y sus formas de clasificación, ahora presentado como objetivo general y bien común.
Aquí no estamos hablando de ningún Estado Nacional en particular, sino del Estado “artefacto social” fundado en unos saberes (una razón lógico-lingüística arbitraria), de la modernidad tardía, hipertecnológica, que opera simultáneamente en distintos dominios de la vida regulando demandas por medio de llaves de paso de legitimidades y fronteras de todo tipo.
Un Estado cruzado por nuevas lógicas, descentrado y desencantado de su propio gran relato maestro, desafiliado de cualquier sentido de responsabilidad que no vaya más allá del discurso justificador del día a día y de la reificación del capital. Un Estado que despliega nuevos dispositivos de control, coagulado en granulaciones fractales. Es decir, con presencia parcial en algunas zonas o bolsones de lo social y ausente por completo, desterritorializado, en lugares enteros, pues su territorio natural se encuentra consagrado a la lógica de la mercancía, única forma que hace visible el mundo como relación de mando y de control, expresado como un acumulado de este valor cualitativo, más allá de cualquier uso y actuando como regla organizadora de la zona de visibilidad legítima del deseo.
El Estado, como cualquier objeto creado por el capital, se va ajustando a su metabolismo, por lo que su régimen jurídico-político, más allá de cualquier aplicación o uso, puede prescindir de ello. Es así mismo, interacción que organiza la relación de cambio y hace valer las equivalencias. Como todo objeto, también es mercancía y, en ese sentido, se aferra a la ficción del tiempo y a las modas que un día habla de reforma del Estado y otro amanece diciendo todo lo contrario.
El Estado es capital social acumulado como relación de mando de la proliferación de formas de la imagen pura y del simulacro, donde todo ocurre como puesta en escena de un espectáculo que transcurre como producción concreta de sí mismo, en un modo de ser abstracción de toda relación social concreta y, por ello, significante puro de la fuerza, en la medida que se despliega como escenografía asimilada al régimen del dispositivo información-comunicación. Este movimiento ocurre cruzado por el esteticismo concreto del Estado como un decorado de cierto ceremonial que liquida cualquier función específica. Es decir, el Estado es eficiente mientras afianza su presencia, no necesariamente vinculada con alguna demanda, función o expectativa concreta, que no sea la de afiliación o de rechazo. De manera que su legitimidad viene dada por la secularización de su propio mito. Por eso sólo es siempre presencia en tanto que relación significante.
Tal vez Levi-Strauss tiene algunas claves relacionadas con la explicación que ofrece acerca de cómo surgen las estructuras fundamentales de parentesco, sus lenguajes, modos y rangos diferenciales. El Estado del capital es separación, estriaje y, en tal sentido, especialización del espectáculo como secularización del poder ajeno y separado. Visibilidad del espectrum del capital, puro situacionismo (G. Debord) mediado por cadenas de representación; cadenas totalizadoras e involuntarias, prácticamente autónomas y separadas de los engranajes de jerarquías y órdenes de mando de donde fue creado. No podemos separar el concepto Estado del de burocracia, mediación, separación, orden, jerarquía, monopolio de saberes y decisiones.
Toda una lógica articuladora de una razón eficiente y de “la ética de la responsabilidad” de la que nos habló Weber (Razón Instrumental y de sus imperativos sistémicos). O, observó Marx, «una visión del mundo materializada y objetivada» del momento histórico de una formación social concreta. Pura ilusión -acumulación efímera que debe ser repetida y reificada, reproducida en toda su teatralidad- que encubre la fuerza de un modo en su forma más brutal: el terror que borra lo que llamó F. Braudel, los tiempos del tiempo plural, a favor de la unicidad uniformadora del tiempo del trabajo y el mercado.
Esto se hace visible por ejemplo, en el desdibujamiento o borramiento de la ciudad, de la ciudadanía, en su vaciamiento a favor del discurso urbano, en la separación estriada de lo civil sometido al régimen de visibilidad de la mediática (nuevo espacio público). Por eso el grito-metáfora (G. Bataille) de la irrupción, rompe con el mito, con el ritual de lo sagrado y permite toparse con el azar que emplaza a las lógicas instrumentales, para que podamos escapar a lo dado.
El Estado actual, el del nuevo momento del metabolismo del capital, una máquina que seguirá perfeccionando sus mecanismos de seducción y control a favor de las determinaciones reales de una formación social, en la misma medida en que procesa organiza las demandas sociales, en tanto que generalidad de la totalidad, para decirlo ocupándonos de un par de categorías marxiano-hegelianas: es una vez más opacidad.
Pero, ahora, opacidad que opera a favor del retorno al trabajo esclavo, no sólo por la sobre-aceleración del tiempo y el sobre pliegue del trabajo sobre el valor, como ya dijimos, sino también por las nuevas prácticas que se legitiman día a día en el tratamiento de, por ejemplo, los inmigrantes, el uso corriente del término “ilegales”, el desempleo crónico, la acentuada demarcación entre lo especializado y lo no especializado, el control del tiempo libre como tiempo útil para el consumo como producción de demanda y subjetividad, el exterminio de la diferencia en la proliferación de nuevas tribus. Y, en fin, de tantas otras formas de violencia del mercado como Significante Amo.
Podemos sumar a esto lo que aseguraba Foucault, cuando advertía que ninguna civilización produce ideas distintas a la de su época, es decir, el tiempo y sus propios límites. Por lo que sólo en el borde, en las fracturas, en el estallido de las crisis es donde se da el salto que hace posible pegar, flanquear las líneas de fuga que cruzan el cuerpo físico de los aparatos y sus máquinas.
Habría que establecer, de qué manera el cuerpo maquínico del trabajador entrado en máquina -dada la naturaleza ortopédica de todo el proceso de control- y el capital se acomoda y se acopla a su nueva existencia metabólica. Para definir ahora con más precisión el problema de la separación y la unificación, tomando como base su materia prima: el tiempo de una época y su excrecencia institucional. Lo hacemos, entre otras razones, por la extensión y naturaleza de las preguntas que se plantean en el límite, al interior de sus formas de conocimiento y, desde luego, en el recorrido de la historia de esas preguntas y, a veces, en el tipo de respuestas provisionales que las mismas han obtenido a lo largo de su existencia como interrogantes epocales.
Recordemos que el espíritu de cada pregunta es parte de la trama de problemas no satisfechos por los mitos y relatos de cada construcción social. Es el lugar de no sutura, de la brecha y la apertura. La desmesura de algún fracaso en la respuesta es parte de las marcas de un tiempo. Cada respuesta es una formulación, un conjunto de líneas de fuga o de nuevos pliegues de la pregunta sobre sí misma. Instaurar una pregunta es instalarse en una época, es cristalizar un bosquejo de respuesta, es una pre-visión diagramática de trazas peligrosas en relación con la época misma y sus seguridades (nada más peligroso que las certezas). Cada pregunta es una obsesión fantasma que de cuando en cuando regresa transfigurado en otra, para acosar el sueño tranquilo de un tiempo.
El espectáculo es la expresividad espectral del fenómeno, es un modelo lúdico que evacua la razón crítica como lugar donde fermenta la revolución, es decir, donde nacen las preguntas y respuestas fecundas. Las certezas tranquilizan mientras el espectáculo vela el sueño, el deseo de dormir. El espectáculo es el sentido de realidad en estado presente, es falsa conciencia del tiempo. Todo espectáculo es anti-lucidez, es un sistema de medios sin fin que no responde a nada, como dice Giorgio Agamben.
Toda época es el espacio-tiempo de un puñado de preguntas que recurrentemente remiten a territorios y momentos que construyen sujetos de respuesta. Frente al espacio-tiempo absoluto y abstracto del mercado, y a su ciclo epocal, caracterizado hoy por la materialidad inmaterial de su espectrografía, surgen pequeños bloques de otras temporalidades, arcos de respuestas que como el marxismo con todas sus escuelas e influencias de sus derivadas, cruzan campos problemáticos creando paralelismos con nuevas interrogantes equipadas de zonas de respuestas. Equipamientos de sentido que son materia prima para trances y lances de dados, invitaciones para ir construyendo universos de posibles respuestas que ensamblen en la naturaleza de los cambios y actualicen las aproximaciones a los devenires epocales.
«Nada tenemos, salvo el tiempo», diría Baltasar Gracián. Somos tiempo de la producción de todo lo existente y de aquello que lo interpela. Tiempo de la mercancía y de su abolición, si vamos construyendo también el tiempo de la pregunta por la emancipación. Y como siempre nos recuerda Hugo Chávez, apelando a Los Miserables de Víctor Hugo: «Nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado». Podemos existir y persistir en esa idea.

Tiempos mediáticos

El fetichismo no es -como pudiera serlo-,
por ejemplo, una ilusión óptica
o una creencia supersticiosa, un fenómeno
subjetivo, una falsa percepción de la realidad.
Constituye más bien, la manera en que
la realidad (una cierta forma o estructura
social), no pude dejar de aparecer.
E. Balibar


Hoy se habla de crisis de los saberes consagrados y de la reducción a la nada de antiguas formulaciones y bitácoras de pensamiento. Esto es particularmente cierto en el terreno de la comunicación. A decir de Deleuze, la cultura de la civilización del capital, no se puede pensar sin la mediática como forma terminal de su dispositivo de punta, y nunca como algo inmóvil. Sería necesario algo así como una etnografía molecular que tendría que variar continuamente y que devuelva la potencia a los conceptos.
Etapa que para autores como I. Mészáros, es de carácter terminal, pues lo que se acumula no es otra cosa que la fuerza de una lógica de sentido que caotiza las relaciones sociales y confronta a la naturaleza misma. Ello, en contradicción con la noción de las corrientes troskistas-mandelistas, que hablan de crisis sistémicas de carácter cíclico, que negarían cualquier determinismo histórico y liberaría la voluntad política, antes de que cada ciclo crítico se cierre, o al menos, nos permitiría ser capaces de producir y manejar los momentos de crisis. Pues ellas ocurren en un arco de tiempo del modo de producción, que podrían ser atenuadas o superadas, por la lógica del capital, llevándonos directamente a la barbarie y negando de una vez la alternativa socialista; a menos que una voluntad política construya una hegemonía (asunto de lo que hablamos en el libro: Poder popular, poder constituyente), como sostienen los llamados “neoutopistas”, entre ellos, I. Wallerstein
El impacto de los grandes medios (nuevas tecnologías vinculadas a la electricidad, microchip, satelización, redes, tecnología militar, etc., lo que se conoce como eco-comunicación o ecosistema mediático), aún no ha terminado, se encuentra más bien en plena expansión y no ha sido considerado en toda su magnitud. No obstante, la teoría sigue aferrada a los modelos de La Escuela Norteamericana, que apuesta su suerte a los sondeos y a los estudios de efectos.
Pero los campos de delimitación (Foucault) se han desplazado y surgen saberes dionisiacos y nuevas tribus urbanas (Maffesoli) que llaman a redimensionar las prácticas teóricas. Sería incluso propicio pensar en “clave brujérica” (Guattari) para comprender la naturaleza de los desplazamientos que se operan en el tejido social y las turbulencias que se producen. Explorar las formaciones discursivas y dar con los modos de producción de sentido, pues, como sostiene P. Bourdieau:
  • Existen, por tanto, universos en los cuales se instaura un consenso social respecto a la verdad, pero que están sometidos a presiones sociales que favorecen el intercambio racional y que obedecen a unos mecanismo de universalización como los controles mutuos; en los cuales las leyes empíricas de funcionamiento que rigen las interacciones implican la puesta en prácticas de controles lógicos; en los cuales las relaciones de fuerzas simbólicas adoptan una forma tan absolutamente excepcional que, por una vez, aparece una fuerza intrínseca de la idea verdadera, que puede alimentarse de la fuerza en la lógica de la concurrencia; en los cuales las antinomias normales entre el interés y la razón, la fuerza y la verdad, etcétera, tienden a debilitarse o a abolirse. Y… Popper […], sin duda con una intención y una lógica diferentes, sostiene, al igual que Polanyi, que la naturaleza social de la ciencia es responsable de su objetividad.42
Mientras que para nosotros se trata de un proceso de estratificación y territorialización simbólico mucho más complejo en donde se conforman y objetualizan las verdades ideológicas. Se trata de auténticas redes maquínicas que articulan dispositivos y esferas de sentido como la mediática.
Por ello, a contracorriente de las dominantes maneras de abordar el problema de la esfera mediática, sostenemos que las prácticas mediáticas conforman un campo de autonomía, una subcultura de un tinglado teatral que marca de manera nueva a toda la máquina cultural. Pues, el despliegue temporal y espacial de dichas prácticas es divergente y caótico, constituyendo una cultura de lo múltiple, lo diverso y lo híbrido, un campo de relaciones complejas que borra identidades y fronteras tenidas como dadas y fijas. O, para decirlo de otra manera, conformando campos situacionales complejos que nos obligan a pensar más allá de lo inmediatamente útil para el mercado. Elementos que no consideraron corrientes de investigación cultural de inspiración marxista. Tiene razón Jameson cuando afirma que La vieja Escuela de Frankfurt -exceptuando a W. Benjamin- no comprendió el entronque que muchos productos de la cultura industrializada iban a establecer con la cultura popular, soterrada y menospreciada hasta entonces, o el hilo de continuidad existente entre culturas tradicionales e industrial, y «tampoco valoró que junto a producciones deleznables la nueva industria crearía las condiciones para nuevas expresiones artísticas y síntesis bien contradictorias»43.

¿Podemos salir de la subjetividad colectiva dominada y controlada?

El tiempo está fuera de quicio.
Hamlet



Los tiempos que corren contienen eventos de nuevo tipo que dejan huellas de registro, que imponen nuevas configuraciones de sentido al interior de las representaciones colectivas, que movilizan energías que desplazan visiones y lecturas de lo real. Esto trae como resultado otros agenciamientos colectivos de subjetividad, que estallan en subjetividades múltiples, las cuales no se corresponden en términos de identidad con los diseños cultural-institucionales de la civilización Moderna, condición de posibilidad de la razón instrumental del metabolismo del capital.
Es decir, el capitalismo se encuentra en fase de cambio metabólico y esto plantea que el tiempo de la revuelta está a la mano, con la idea derrideana de decisión. Como la potencia de un virus encriptado, la irrupción de lo otro ya se ha gestado y está contenido e inoculado en la naturaleza misma de la mutación tecnológica que se opera al interior del capital. Si comprendemos esto podemos irrumpir.
Puede que se trate de la crisis terminal de una lógica que ya no puede crecer más allá de sus propios límites, lo cual aseguraría su inviabilidad, por lo que ahora se engulle a si misma, proliferando al interior del cuerpo físico como dispositivo biopolítico del control. O del fin de un arco o ciclo, cuya disyuntiva reside en su capacidad, o no, de renovarse y adaptarse a los desajustes que ha creado, para entrar a una nueva fase de explotación del trabajo. En todo caso, nadie puede negar la fractura que padece su lógica. Al menos podemos asegurar que hay una crisis generalizada en su metabolismo basal que puede ser aprovechada en términos revolucionarios.
Son evidentes el daño al ambiente, el consumo desmesurado, la acumulación y la producción fantasma, además del derroche del agua y la energía; la reinstauración de formas de trabajo esclavo para sobre-intensificar la explotación del trabajo y las nuevas y distintas formas de exclusión social asociadas a tal evento; la creación de un aparato militar pesado, sobre-tecnológico, costoso, ineficiente, terrorista e insostenible, que además consume buena parte de los recursos que moviliza la economía que lo produce.
La realización del mundo que hoy tenemos es la materialización de un campo de múltiples posibilidades, debido a que las llamadas sociedades postindustriales son, siguiendo a Eliseo Verón, «sociedades en vías de mediatización […] es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de toma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritualizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios»44. Mediatización que cruza lo social en sus distintas dimensiones a ritmos diferentes y produce diversas consecuencias, porque:
  • …una sociedad mediatizada es más compleja que las que le han precedido. A pesar de lo que se diga, la publicidad, el discurso político, el discurso informativo, el discurso científico, etc., resultan de condiciones de producción y de reconocimiento, diferentes, específicas en cada caso... Respecto al sistema político, la pantalla chica se convierte en el sitio por excelencia de producción de acontecimientos que conciernen a la maquinaria estatal, a su administración, y muy especialmente a uno de los mecanismos básicos del funcionamiento de la democracia: los procesos electorales, lugar donde se construye el círculo entre el ciudadano y la ciudad. En otras palabras, estamos en la democracia audiovisual...45
El decisivo papel de la mediatización de lo político en la producción del mito de la comunidad de intereses es, siguiendo a Verón, siempre un problema de interfaz, que hace de lo político registro de información. Lo político queda fascinado ante la fuerza mediática y las estadísticas del sondeo, y entonces produce reglas de sentido, a fin de intentar, inútilmente, reducir lo mediático a su esfera.
«La catarata de sentido» -para utilizar un término del propio Verón- de los massmedia no depende del espectador ni del protagonista de la información, sino de la «subjetividad del medio», de sus intereses de discurso y del uso especifico de lo real que determina la puesta en escena final. Esto no significa que, en términos de efectos, los massmedia aseguren sus propios deseos, o que una inteligencia maquiavélica organice contenidos a fin de ocultos intereses. Por supuesto que no pensamos de ese modo.
Una lógica de sentido es una propuesta cultural que construye las relaciones de los sujetos con el mundo, con los otros y consigo mismos, que forma parte de las necesidades de dar por cierto lo que se enuncia y lo que se ve, así como del proceso socializador global. Los medios cifran, hablan lo social como mero reflejo especular, en un lenguaje desprovisto del lenguaje objeto y de la información (Shannon) liberada de la referencialidad hiperespacial. J. L. Borges parodiaba el sentido de la era de la información, conjeturando que pronto la historia no podría ser escrita por exceso de datos.
Se trata de un modelo permanentemente agotado y desesperadamente renovado, atrapado en un régimen de valorización virtual del ciclo de acumulación, cada vez más alejado de cualquier referente material, que sólo se soporta sobre la metafísica de un relato mitómano. Ahora bien, nada de esto es suficiente para que una formación social desaparezca. El régimen del capital no se desplomará por sí sólo. No soñemos si quiera que el capital posea esa intención suicida.
Puede proseguir reproduciéndose sobre sí mismo, al infinito, de manera obscena, es decir, rebasando sus propios escenarios tradicionales; produciendo realidad-actualidad, por medio del dispositivo información-comunicación, en la misma medida que coloniza los nuevos territorios de la subjetividad y crece ahora al interior de otro límite, desde otra reterritorialización del cuerpo.
Hay que luchar, impugnar, resistir con mucha fuerza y durante mucho tiempo. No nos llamemos a engaños.
Pero en el terreno de la teoría las cosas son de otro modo. Bastaría con el esfuerzo por comprender en el capital, su lógica, sus funcionamientos y las condiciones de producción del deseo político con sede en la subjetividad, para construir la necesaria voluntad política otra, que haga pedazos todo lo existente, que pulverice la subjetividad del régimen de mando de la relación de dominio del Significante Amo. Esta es también una tarea de la teoría que toma partido, por y desde las nuevas prácticas que se abren paso impugnando los imperativos sistémicos de la civilización del capital y anunciando otro mundo posible. Es necesario estudiar matemáticamente el paisaje para comprender el acontecimiento, tener conciencia del clima y de sus turbulencias (especialmente el clima político), esta es la recomendación del filósofo J. Vattimo.
Para comprender la historia de los tiempos que corren, no hay que ser historiador, hay que actuar rápido y comportarse como un geógrafo. Saber reconocer la influencia de las alturas, las depresiones, las convergencias inesperadas y las bifurcaciones del terreno. Cartografiar los devenires, sus contradicciones y afinidades. Será histórico aquello que marca una región del tiempo sin detener su recorrido. El evento siempre presente y por ello atemporal y paradójicamente, en segundo movimiento, también transhistórico.
Ello implica cierta actuación de los espacios distribuidos para una peculiar composición de hombres; sus tecnologías, encadenamientos, aparatos de Estado, mobiliarios, lealtades, traiciones, omisiones. Tenemos que instalarnos en el cuerpo y en el espiritu, en sus reflejos y humoradas. Ademanes como un silbido, un escrito, el movimiento de la mano y por supuesto el heroísmo, la apuesta por una poética discursiva común. No olvidemos colocar lo simultáneo y algo de caos para explorar los azares. Historiar es una suerte de capacidad ubicua, es hacer cuerpo para sincronizarse con la simultaneidad de lo que llamara Deleuze «el régimen pasional de una época».Colocarse en la travesía de la fecha, en las nomenclaturas y nombres que se van anunciando, las formaciones discursivas a que da lugar un evento, cuando se erige en referencia que actúa como un pico o meseta que se comunica al borde de su propio límite con otras eras y así se actualiza saliendo de sus limitaciones fragmentarias, haciéndose archivo, memoria.
Los momentos fechados por la teoría, son montañas tapizadas de mil caminos que se abren en pulpo a multivocidad de conexiones. De ellas surgen danzas rituales y nuevos movimientos que reproducen momentos e imágenes asociadas a una narrativa. Son síntomas y fiebres; fracturas que nos permiten mirar a través, hacia delante y hacia atrás. Lo que miramos por la rendija es un trazo arqueológico que podemos llamar “idea”.
Cuando eso ocurre, en términos bergsonianos, hemos logrado “la conexión” con lo particular, con la verdad de un momento que se auto trasciende y se erige universal durante el arco de tiempo de una pregunta, de un problema. Todas estas piezas sueltas hacen máquina con el presente y constituyen un devenir, que podríamos llamar el espíritu de una época. Weber llamaba a estos ratos: «momentos bisagra». Auténticas inflexiones que tuercen recorridos, que asaltan con su emergencia toda cotidianidad. Instantes que logran que sus protagonistas rivalicen con la muerte.
Tales intensidades son siempre elecciones que contestan contra el poder y la opresión. Son “líneas de fuga” que se atreven a otras trazas, como quien en una tormenta se arroja al mar. Arrojamiento tan asociado a la vida, como a la locura o la muerte. Miller aseguraba que podía toparse con ellas en cualquier molécula o fibra nerviosa: «en la tensión de los hilos de una tela araña». Melville nos habla, en Moby Dick, de «una línea de ballena que pretenen arrastrarnos, aplastarnos o estrangularnos». Líneas que pueden mantenerse mucho tiempo sumergidas, pero cuando salen de nuevo a la superficie y se hacen visibles, irrumpen y se despliegan con infinita fuerza.
Ellas crean zonas amigas desde donde es posible resistir, respirar, apoyarse, luchar, sonreír. En fin, vivir de nuevo. Habría que ceñirse a esta epistemología para poder leer el hermoso y largo día que colectivamente comienza a levantarse desde las profundidades más subterráneas del trabajo y su subjetividad política colectiva, una irrupción que nos anida, nos anima y nos cubre para seguir soñando e inventando la libertad; para ir y venir y así tercamente, persistir resistiendo al “dictat” del capital.

CITAS
41. P. Bourdieu. Espíritu de Estado. Barcelona, Gedisa, 2002. p. 32
42. P. Bourdieu. El oficio del científico, Barcelona, Anagrama, 2003, p. 245.
43. F. Jameson. The political unconscious. Ithaca, Cornell University, 1991.
44. W. Dominique. Elogio del Gran Público. En J. M. Ferry, D. Wolton y Otros. Barcelona, Gedisa, 1992.
45. Ibidem, pp 124-125

Multiplicidad de Marx. Karlos y su sombrero de copa
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jueves, 10 de julio de 2008

Burocracia (La Quinta Columna, 10/07/2008)

Un burócrata muere y en un exaltado y altisonante discurso ante el cadáver, su jefe, otro burócrata, tiene la genial idea de introducir el carné laboral en la urna del muerto. A continuación, la viuda trata de cobrar su pensión, pero no puede hacerlo sin el carné. Debe entonces exhumar el cadáver, pero sin el carné no es posible. Todo esto ocurre en el marco de una campaña contra la burocracia, pensada burocráticamente por burócratas. Así comienza una cadena de peripecias y absurdos que desnudan lo irracional de la burocracia. Se trata de la película cubana ya clásica, de Tomás Gutiérrez Alea, de 1966, La Muerte del Un Burócrata. Max Weber, se preguntaba sobre la burocracia y respondía sardónicamente: "la burocracia es un destino". Forma de violencia microfísica que organiza el mundo de la vida cotidiana, desde las prácticas más íntimas, hasta la esfera pública, dentro de una lógica que articula al cuerpo y el deseo a un conjunto de órdenes, reglas y prescripciones espacio-temporales. Una arquitectura, un andamiaje que regula toda experiencia y niega la potencia de una vida desnuda, como en El Proceso de Kafka, sembrando completamente al alma de emplazamientos jerarquizados por jardines macabros, llenos de protocolos, corbatas y memorandos. Weber asegura que el desencantamiento y descentramiento del mundo, la aparición separada de distintas esferas normativas de la vida, como la economía, la política, la ciencia, etc, acompañado de un acusado proceso de división del trabajo, perfeccionaron la racionalidad productiva del modo capitalista, haciéndolo permeable, extensivo y connatural a cada una de las actividades humanas. La racionalidad burocrática es voluntad de poder que se hace red de dispositivos de control de un régimen que prescribe las dosis de lo que puede o no ser dicho y enunciado, mentalización que controla las prácticas que de él se derivan, así como sus condiciones ético normativas y la relación de mando que autoriza o no el acceso a determinadas situaciones y cosas. Durante la segunda Guerra mundial, una planta productora de orugas para tanques y tractores fue bombardeada por los aliados. Los talleres fueron destruidos pero las oficinas administrativas quedaron intactas y siguieron trabajando, obedeciendo rigurosamente pasos y procedimientos como si nada durante cuatro años más. En este sentido, Weber hablaba de la ética del funcionario a la que llamaba irónicamente: ética de la responsabilidad. "Un individuo que se siente bien haciendo lo que le toca hacer", poco cuenta que se caiga el mundo ante sus narices, él cumple con su responsabilidad. No importa si se trata de un funcionario de Estado o de la empresa privada, la figura del burócrata es universal y su currículo oculto es el mismo: naturalizar y reificar al poder en tanto que relación de mando. Por ejemplo. Se puede asistir a una marcha política como militante o como burócrata. El buen burócrata estará pendiente de: dejarse ver por sus superiores jerárquicos, el viático, el transporte, la comida, la hora de salida y de regreso, cumpliendo siempre con las pautas y las normas. El objetivo de la manifestación lo tiene sin cuidado. Pero él se siente bien porque cumplió con su responsabilidad. La figura del burócrata es tan perniciosa que se hace cuerpo, postura física, forma de actuar y de pensar, medida de la sensibilidad que se expresa hasta en la cama. He visto a muchos cuadros revolucionarios devenir tristes figuras, burócratas de Estado o de partido.

jueves, 3 de julio de 2008

Biopoder (La Quinta Columna, 03/07/2008)

Asistimos al treinta aniversario del concepto biopolítica, acuñado por el sociólogo francés Michel Foucault. Esta idea involucra el cambio de la tradicional sociedad de la dominación y sus distintos aparatos de coerción, a un nuevo tipo de organización caracterizado por una red que permite el ejercicio del poder directamente desde el cerebro de las personas. Se trata de la sociedad del control: Intensificación de la normalización disciplinaria hasta alcanzar las prácticas más íntimas de la vida cotidiana, redes flexibles y fluctuantes que organizan los procesos de subjetivación regulando la vida desde su interior, siguiéndola, interpelándola, absorbiéndola, permanentemente rearticulándola. El poder es una lógica que sólo puede alcanzar un dominio efectivo cuando empieza a ejercerse sobre la vida y luego desde ella. Es decir, cuando es garante de las funciones vitales, al punto que cada individuo le suscribe en forma activa, voluntariamente. La función del poder es cercar la vida en la misma medida que la controla, explota y administra, como dice Foucault "cuando la vida ha llegado a ser el objeto del poder". Entonces, el biopoder se refiere a la producción misma de las condiciones de su existencialidad, esto significa que las lógicas de sus máquinas han permeado el cuerpo físico en toda su materialidad, hasta invadir los referentes afectivos y anímicos de los sujetos. En el caso de la sociedad capitalista, el biopoder prolifera desde el dinero y el lucro que actúa como Significante Amo de toda relación, pues se trata de una máquina instalada en las estructuras fundamentales de las formas del lenguaje donde se establecen los vínculos de reconocimiento y parentesco que se hunde en las profundidades de los cuerpos y las conciencias. El poder metamorfoseado en biopoder, se expresa como relación de mando y obediencia a ciertas órdenes ahora impresas en el propio ADN del cuerpo social. El concepto que celebramos hoy, fue ideado por Foucault, parafraseando a Marx cuando anunciaba al capital como "la fuerza bruta organizada que se ejerce sobre la suma de todas las aptitudes físicas e intelectuales que residen en la corporalidad", transformando "…potencia y sustancias en mercancía que en doble movimiento también crea las condiciones de su propia realización", de manera que el cuerpo vivo es sustancia de todo valor. Al capital le interesa saturar de control al cuerpo y para ello coloca en el centro del asunto al bios y a su subjetividad, para que ella entre en máquina de esta lógica y así, pueda ser comprada, vendida y siempre controlada desde dentro de sí misma; haciendo de la subjetividad su propia custodia. Es la estrategia de un mapa contractual que no puede ser trasgredido. En política siempre se trata del poder y precisamente por ello, para hacer política revolucionaria, siempre se trata de articular formas de lucha que sean a sí mismo, contestación y la formación de una nueva hegemonía, un contra poder. Desmontar las estrategias contenidas en los engramas profundos de las lógicas de sentido del poder del capital, va mucho más allá de la tarea necesaria de ganar una elección u ocupar algún espacio de poder. Sería irónico pretender el poder por el poder mismo, es decir, obtenerlo para reificarlo y reproducirlo. El deber revolucionario es minarlo y debilitarlo hasta destruirlo para que surja la libertad. Afortunadamente tenemos a Foucault, como faro entre la niebla y los arrecifes del biopoder, anunciando caminos que impactan al cuerpo y a su subjetividad.

jueves, 26 de junio de 2008

El arte del detalle (La Quinta Columna, 26/06/2008)

"En los detalles se oye reír al diablo", reza un proverbio vietnamita. Pasó durante la batalla de Lidice, en la segunda guerra mundial. Los alemanes descuidaron la artillería y producto de numerosos desperfectos no pudieron movilizarlas a tiempo. Sun Tzu se refería a los detalles como "la fuerza cualitativa invisible de las partes ocultas", y criticaba a aquellos que subestiman lo pequeño, siempre deslumbrados por lo aparentemente grande. Advertía que atacar directamente a un enemigo poderoso y unido es una segura invitación al desastre. Genio del ataque indirecto, Sun Tzu recomendaba concentrar fuerzas en los puntos dispersos y poco protegidos de un enemigo fuerte, para obligarlo a prestar atención a casos irrelevantes, desviándolo de los asuntos importantes. Desde entonces, la guerra de desgaste ha sido la clave de la acción de casi todos los grupos insurgentes. Mao Tse Tung empleó esta táctica en la guerra larga; desgastando a las tropas enemigas con escaramuzas, atacando en sitios inhóspitos e imprevistos y luego replegándose a sitios seguros. Sun Bin, autor posterior a Sun Tzu, percibió que de este modo, se logra muchas veces que el contrincante trabaje para uno. A esto lo llamó "matar con cuchillo prestado" (lo comprendió cuando en el palacio del rey Wen apareció un cortesano asesinado con la daga ceremonial de un general, que para su fortuna se encontraba a varios kilómetros del hecho). Es decir, se pude utilizar los recursos ajenos en provecho propio, sembrando "los detalles". Incluso llevando el asunto al discutido extremo ético del espionaje, podemos encontrarnos con lo que llama Sun Bin "observar los fuegos arder al otro lado del río". Recordemos el caso de Mijail Tujachevski, leal mariscal soviético, que fue acusado de espionaje y traición, en vísperas de la invasión nazi, por el celo y la ambición del círculo íntimo de Stalin. Los adversarios del mariscal, echaron mano de pruebas de inteligencia totalmente falsas sembradas por el enemigo. Tajuchevski fue ejecutado con todo y los siete generales de su estado mayor, poniendo en peligro la defensa de la URSS y obligando Stalin a prestar atención a una purga en el momento más indeseado. Tajuchevski era testarudo y obcecado y ante la situación crítica que se cernía sobre él, optó, sin pensarlo, por enfrentar a Stalin (por cierto, Stalin creaba situaciones que estimulaban el deseo, poniendo a competir a sus acólitos entre sí por posiciones irrelevantes y con ello lograba salir de unos y otros. A esto lo llamaba Sun Tzu "el arte de ocultar la daga con una sonrisa"). El florentino Maquiavelo también recomendaba minar al enemigo de "detalles", obligándolo a distraerse al atender múltiples causas y situaciones irrelevantes, profundizando la brecha entre los aspirantes a jefes y explotando las contradicciones presentes en el adversario. Esto es lo que se llama, en argot estratégico, "incendiar la casa para luego saquearla". Ganar la confianza del contrincante y hacer que logre pequeños éxitos para que nos subestime. Crear situaciones a partir de la nada, al convertir lo pequeño en grande; el simular estar débil para preservar las fuerzas propias. Depurarse de cuando en cuando fingiendo estar derrotado, obligando a los vacilantes a abandonarnos; oponerse a grandes maniobras a cielo abierto; siempre tener rutas alternativas; saber en quien confiar y desconfiar de quien pretende monopolizar la confianza. El I Ching sentencia: "arte de lo pequeño, del detalle que obra sobre lo grande".

viernes, 20 de junio de 2008

El arte de las emociones (La Quinta Columna, 20/06/2008)

Chuko Liang, estratega militar del emperador Sun, en 225 DC, tenía dos opciones: o atacaba con todas sus fuerzas el reino del norte, ahora que tenía fuerzas muy superiores, o avanzaba poco a poco por territorio enemigo, hasta ganarse el apoyo de los pobladores. Optó por la segunda posibilidad. El Rey alarmado lo interpeló al respecto. Liang respondió que aquellos que se creen poderosos tienden a aniquilar a sus contendores sin dejarles ninguna posibilidad, pero con esta actuación crea situaciones nada gratas a futuro, pues genera odio y resentimiento en el corazón de los vencidos, generando de nuevo una y otra vez las condiciones para una nueva revuelta. "Nuestro ejército es numeroso y experto pero no cuenta con el suficiente apoyo de una población dispersa en un vasto territorio, es mejor actuar con cautela para que nuestras victorias no produzcan un odio tal, que a pesar del triunfo vivamos paranoicos y sin saborear el éxito. La segunda opción es más difícil pero más segura". Liang recomienda dar siempre un paso atrás en todo enfrentamiento, incluso en aquellos que nos resultan favorables, tomando siempre el tiempo necesario para calcular el impacto emocional y psicológico de cada decisión, tanto en los leales como en los adversarios. "Hay momentos en los que un ejército logra imponerse pero a un costo muy alto, sacrificando tropas y oficiales leales sin justificación aparente; así, el estado de ánimo y el sabor que deja el triunfo es tan adverso que arrastrará al fracaso a las campañas importantes. Hay veces que la moral, el valor y el arrojo de los adversarios logra desmoralizar a nuestras tropas, incluso en la victoria más segura, por ello nunca recomiendo acorralar y aplastar al enemigo por completo". Liang es tal vez, el primer teórico de la guerra que se pasea por el arte de las emociones. Para él los pueblos y los ejércitos son cuerpos gobernados por el corazón; en donde la compasión para con el derrotado es una poderosa emoción. Por ello recomienda no ganar jamás, otorgando al contrincante la cómoda condición de víctima. El vencido debe preferiblemente, pasar rápidamente a formar parte de los nuevos aliados, pues de lo contrario seguirá siendo un enemigo potencial y "no hay enemigo pequeño" (es a Liang a quien se atribuye esta frase). Este general chino es anterior a Sun Tzú y comúnmente se piensa que fue él quien inspiró al autor de El Arte de La Guerra. Para Liang, un líder militar no puede ver a sus hombres como una masa. Debe ser siempre justo, tomando en cuenta los sueños y aspiraciones de su gente, pues esto es la base de sus puntos de vista. "Nunca dar una orden sin antes conocer lo que piensan las tropas y los oficiales. No avanzar sin calibrar primero la materia prima de la disposición al combate y a la victoria; es decir, sin antes conocer y respetar las emociones y las ideas de los dirigidos. Las decisiones siempre deben traer alegría, de lo contrario serán la base para la descomposición, la aflicción y el rumor. Una orden debe orientar y persuadir. Si no, se corre el riesgo de que ella sea obedecida por disciplina, por rutina, por miedo; o mecánicamente, lo que de suyo, significa ya un fracaso. La mejor manera de hacerse obedecer es explicando todo a los involucrados. Todos deben saber en qué consiste la ventaja, tanto personal como colectiva de tal o cual decisión. Por eso a veces se fracasa estando en lo correcto. Es tan importante la decisión como la compresión colectiva de la misma".

jueves, 5 de junio de 2008

Ajedrez (La Quinta Columna, 05/06/2008)

“Mantenerse alejado del terreno que nos es más cómodo y sólo volver a él cuando estemos seguros de haber superado nuestros puntos débiles. No mantenernos mucho tiempo en terreno conocido y buscar siempre sendas mejores, allí donde los otros imitan o intentan siempre las salidas convencionales ya probadas con éxito. Esto puede aportar benéficos inmediatos pero nunca marcará un camino”. Este consejo no proviene de un experto en negocios o de un político. Es una de las recomendaciones de Garry Kasparov, en su libro Cómo la Vida Imita al Ajedrez, publicado por editorial Debate en 2007. El texto trepa por parajes y confines propios de “los expertos” y se aventura a decir cosas que podrán servir para otros juegos, incluso cuando se trata de competencias asimétricas en los que los adversarios cuentan con fuerzas y posiciones mucho más poderosas. Una de sus recomendaciones implica que “ser prudentes no significa ser conservadores”; sólo así derrotaremos a los que “practican el arte de medrar cómodamente bajo la seguridad de la sombra de un árbol, o a los que viven tejiendo patrañas protegidos por una madriguera”, para el autor, estos son jugadores mediocres y lentos que no dudan en apelar a la trampa o a la fuerza, por lo que sin estas posibilidades serían presas fáciles. Son jugadores ambiciosos que pretenden acumular triunfos al costo que sea y por ello sus tácticas suelen ser posiciónales, les gusta preservar y nunca serán verdaderos estrategas. Estos jugadores gustan del uso de la ventaja táctica pero no son nada en situaciones adversas, pues no saben cambiar de juego moviéndose en terreno peligroso. En este caso sortean la contienda. “Pero conseguir evitar las desafíos no es un objetivo del que debemos sentirnos orgullosos”.
Para ganar, entonces recomienda “mantener una actitud adecuada interior y exteriormente. Debemos centrarnos en nuestros talentos, nuestra preparación y en nuestros logros. Conquistar los triunfos a pulso, producto de la sincera convicción y apostar -sin distraerse por un mal movimiento o un revés -a que los mayores éxitos están por llegar”. “Mostrar las emociones pero no dejarse arrastrar por ellas. Ser lo más objetivo posible a la hora de cada jugada y saber sacrificar sin dolor algunas piezas y posiciones a favor de las jugadas futuras”. “Para ser un gran jugador de ajedrez hay que abandonar el ego y aprender a sacrificar a veces un resultado favorable en aras de otros triunfos; es decir, jugar la totalidad de los partidos y no una sola mano. Hacerlo siempre desapasionadamente para no quedar presos del lugar que ocupan nuestras piezas en el tablero”.
El genio recomienda también a los jugadores novicios, “aprender a experimentar la derrota y a replegarse para luego construir la victoria”. Para ello recomienda ejercitarse jugando con juegos simultáneos, pues esto enseña a saber qué partidas abandonar y cuales culminar. Luego, hay que tener una visión global del tablero y saber que un movimiento al extremo del entablado tendrá repercusiones en cada uno de los cuadros. Crearnos puntos débiles para concentrar la atención de los adversarios, mostrarnos empecinados en mover y defender una pieza para después desprendernos de ella y luego desplazarnos rápidamente a otra pieza y a otro lado del tablero. Para jugar ajedrez hay que tener conciencia del tiempo del adversario y “la capacidad para considerar todas las piezas y descubrir su potencial donde nadie lo había detectado antes”. Otros podrán imponerse pero jamás ganar.

jueves, 29 de mayo de 2008

Resistir desde la retaguardia (La Quinta Columna, 29/05/2008)

En 1921, Ai Quóc escribió en la revista francesa, El Comunismo: “Estoy firmemente convencido de que la fuerza de la transformación revolucionaria está en el pueblo. Cientos de millones de hombres maltratados y oprimidos de toda Asia se levantarán. Lo harán con paciencia, aprendiendo del cerco y las derrotas. La victoria se construye con paciencia, así como se arma un rompe cabezas. Organizando primero la retaguardia y luego la vanguardia, siempre sin perder la iniciativa. Los pueblos saben resistir al hambre y a las humillaciones, sabrán también resistir a las infinitas adversidades de la guerra, siguiendo el ejemplo heroico de los más firmes y leales, fiel a los principios y flexibles en la táctica. De manera que no hay apegos ni posiciones que defender que no sean aquellos movimientos que nos conduzcan a la construcción de la resistencia desde la retaguardia.
Les digo a mis camaradas que se alejen del inmediatismo y la desesperación. Hay que aprender madurando. Cuando estamos cerca de los 50, podemos desechar las ilusiones y encarar el destino previendo el futuro. Estimo que la preparación nos llevará unos 30 años”. Desde una caverna en Pác Bó, provincia de Cao Báng, en el corazón de las montañas del extremo norte de Viét Nam, Nguyén Ai Quóc, más tarde conocido como Hó Chí Minh, escribía frenético, ordenes, cartas y reflexiones que conformaron toda una moderna teoría de la guerra de retaguardia. El 19 de Mayo de 1941, coincidiendo con su cumpleaños, Ho fundaba el Viét Ninh, y el 7 de Mayo de 1954, tras la sorprendente e increíble victoria sobre los franceses, en la batalla de Dién Bién Phú, sellaba la independencia. Luego, el triunfo aplastante contra el imperio norteamericano en 1975. ¿Cómo pudo este hombre derrotar a los imperios más poderosos de la tierra? Veamos su pensamiento: “Las formas organizativas no pueden apartarse de los objetivos estratégicos en función de las tareas inmediatas”. “Golpear retrocediendo, preservando las bases de apoyo de la retaguardia. Fortalecer las líneas de abastecimiento y sólo atacar seguros de la victoria”. “Cuando el enemigo avanza, retrocede. Cuando descansa, hostígalo. Cuando retrocede, persígalo”. “No hay posición periférica, la retaguardia es un campo de operaciones que se prepara para convertirse en vanguardia”. “Tomar y mantener una posición no garantiza la victoria. Hay que saber pasar de la guerra de posiciones a la de movimiento”. “La guerra popular revolucionaria es prolongada, siempre lo principal es el tiempo y la preparación previa”. “La guerra de decisión rápida es la última alternativa, hay que pensar siempre primero en adoptar el principio del ataque sistemático y el avance lento que va fortaleciendo zonas y posiciones territoriales; así es más segura y firme la victoria”. “Preservar siempre nuestras fuerzas mientras se desgastan las del enemigo. Desaparecer a veces sin dejar rastro. El lema es abandonar aquellas posiciones desde donde nos es muy caro avanzar. Dejarlas al enemigo para que se desgaste queriendo conquistarlas y preservarlas”. “Llevar a cabo una resistencia larga, poniendo en alto el espíritu de sacrificio y la creatividad. Aprovechar al máximo las pequeñas fortalezas y nunca arrojar nuestras fuerzas a grandes acciones que no estén aseguradas. Empujar al enemigo a retos que se conviertan en atolladeros, Procurar pequeños pero continuos éxitos. Obrar así por mucho tiempo, hasta que estén dadas las condiciones”.

jueves, 22 de mayo de 2008

Impermanencia (La Quinta Columna, 22/05/2008)

Buda hablo de las cuatros verdades a 5 ascetas y prestó especial cuidado a La Impermanencia. Esta primera noble verdad establece que "Dukkha" es un estado universal y omnipresente, que puede ser explicado con una extraña pero hermosa metáfora que nos pregunta: ¿Qué queda en la última vela, de la llama de la primera vela que encendió otra vela, que a su vez prendió en otra y otra, hasta el infinito? Tener conciencia del fluir de la sustancia que va de lo efímero a lo eterno, es comprender La Impermanencia. Único lugar intocado por el tiempo.
“Escribir a n, n-1, escribir con slogan: ¡Haced rizoma y no raíz, no plantéis nunca! ¡No seáis ni uno ni múltiples, sed multiplicidades! ¡Haced la línea, no el punto! ¡La velocidad trasforma el punto en línea! ¡Sed rápidos, incluso sin moveros! Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga… Haced trazos de mapas y no dibujos ni fotos. Sed La Pantera Rosa, y que vuestros amores sean como los de la avispa y la orquídea, el gato y el babuino”, recomienda Deleuze, tal vez para cabalgar sobre la línea de La Impermanencia, como en el cuento hindú que habla de un sujeto conocido como el viejo del río, porque se movía a su propia velocidad, mientras el río se movía con él; por lo que era difícil encontrarlo, pues nunca estaba en el mismo sitio, siempre a contra corriente como un pez.
En cierta ocasión J. L. Borges, en el segundo poema de los dones, se refirió a la música como “esa misteriosa forma del tiempo”, lo mismo pude decirse de la vida personal y la de los procesos sociales. Un tiempo que pasa atravesándonos transversalmente a distintos ritmos, y en su transcurrir, construye las ambiciones humanas- y como todas las ambiciones, fútiles y ambiguas. Pura ilusión. Fue Fausto, quien quiso gritar: “¡Detente instante, porque eres tan hermoso!”. Este despropósito, este anhelo es tal vez la diferencia entre la pasión revolucionaria y el pensamiento conservador. Con ello en cuenta, cierto erudito francés describió que el dolor es como “cualquier sensación o experiencia corporal que se prolonga demasiado tiempo”. Kierkegaard comenta que para salir de tal dolor, el Don Juan mozartiano, en el último magistral movimiento, llamado “escena de la champaña”, invita a vivir celebrando, en actitud de regocijo y de eterna despedida, pues nunca hay fin, sino comienzo.
Si uno tuviera en justicia ante los dioses, el poder hacer observaciones, yo reclamaría a quien corresponda, el derecho a que la vida, -todo un regalo- transcurra como una jubilosa y mágica expedición a lo desconocido; y si ya es así, ¡pues qué bien! El sabio G. Simmel, acercándose a la primera llama, lo resume de este modo: “Quisiéramos probar las grandes pasiones, las exaltaciones inauditas… pero su producto no es más que la memoria de lo que de ello queda para nutrir de experiencia a otros y otros; para alimentar las horas tranquilas, innominadas, uniformes que también nos tocará vivir. Demos gracias a la amistad de los instantes, lugares y personas que nos abrieron los ojos para percibir profundidades y bellezas, que produjeron tal o cual interpretación exagerada de las cosas y aprender a vivir”. Sin esta comprensión estética el mundo se torna lúgubre y aburrido, como una oficina pública; pesado como un bostezo; con Nietzsche, eterno retorno de la voluntad de poder sobre si misma; con él digamos: “…Y ya que no podemos ser eternos seamos al menos excesivos, pues los extremos son homenajes soterrados que rendimos a la eternidad”.