jueves, 8 de julio de 2010

Afuera (La Quinta Columna, 08/07/2010)

El tiempo del imperio no es un capricho teórico de profetas trasnochados. Es el fruto del movimiento de lo real al interior de las fuerzas del capital. Si algo lo caracteriza, es la subsunción real y formal del trabajo, su disolución al interior de la lógica del capital. Es decir, el evento que coloca al trabajo inmaterial como hegemónico. ¿Qué significan estos dos conceptos? El primero, implica que todos los aspectos de la sociedad quedan subordinados a un solo modo de producción, que ya no sólo es dominante, sino también homogeneizador del mundo de la vida. Se reducen a su mínima expresión aquellos espacios alternativos o distintos a la reproducción del capital. Las relaciones simbólicas que articulan al deseo, quedan ancladas a las discursividades de una suerte de guión. En segundo lugar, la subsunción formal significa que en términos aparentes se mantienen fases independientes, al interior del modo dominante, pero estas terminan siempre recuperadas por la lógica de mercado. Esta tendencia se va haciendo universal y va integrando en una relación sincrónica a las distintas expresiones del capital nacional. Una relación cada vez más universal: Es el capital internacional integrado, tal cual lo planteó Marx. La subsunción asegura al capital el fin del valor de uso, a favor del valor de cambio, y de allíeste horizonte se mueve a la primacía del los capitales de representación, como los juegos especulativos en los mercados bursátiles, por encima de la producción real. Así, cualquier antagonismo que surja en alguna localidad contra el capital, es de la misma manera universal y significa la confrontación con la lógica del capital en su totalidad. De manera que el imperio es la fase superior del imperialismo. Las formas globales del mercado anulan las autonomías, negando cualquier afuera; esta aparente fortaleza, dada por la centralización, se disloca en los momentos críticos, pues la crisis de un sector, afecta los núcleos centrales del capital y arrastra a todo el sistema, afectando particularmente los eslabones más débiles. Esto afianza el carácter global de la dominación, pero también del sentido general e internacionalista de la lucha por la emancipación del capital, vinculando lo local a lo global como nunca antes. La globalización del capital es también la generalización global de la lucha contra el capital. Atreverse a contestar, resistir, construir un afuera, es atreverse a parafrasear las condiciones de posibilidad de un nuevo mundo. El éxodo, la salida, pasa por (corromper) romper con la máquina estatal capitalista, pero hay que ir más allá. Expropiar el poder, por sí mismo no significa nada. Hay que vaciarlo hacia abajo de modo transformado, superando el Dictat del capital, para fundar nuevos lenguajes. Ir a distintas prácticas que hagan otras formas de vida. El gobierno de La Comuna que se hace Estado, implica una tensión permanente y de confrontación; por ejemplo, con las formas burguesas de representación, de división del trabajo, sus privilegios y jerarquías asociadas. Esto pone en vigor de manera renovada, el debate sobre Potencia y Poder; es decir, actualiza y cualifica la naturaleza permanentemente trasformadora y fundadora del poder constituyente, ahora enfrentado a las formas constituidas de la propiedad, a favor de inéditas manifestaciones del trabajo vivo del movimiento de lo real en lo común; es precisamente allí en donde habita y se alimenta ese poder. Allí, en esa ruptura, entre las formas de la propiedad privada, constituida como poder y la emergencia de la nueva forma de objetivación de la clase, devenida en sujeto, surge La Multitud de lo común. Allí se oye crujir al capital. “La Comuna” es entonces, la consigna que genera el paralelaje, lo que articula la nueva Hegemonía.

jueves, 1 de julio de 2010

Común (La Quinta Columna, 01/07/2010)

La crisis económica que estalló en 2008, se va convirtiendo en crisis política. Huelgas en toda Europa, acompañadas de distintas formas de resistencia y desobediencia civil; a lo que se suman pequeños estallidos aquí y allá. Así como los medios desdeñaban, minimizaban y ridiculizaban el cambio climático por considerarlo apocalíptico, ahora, producto de la contundencia de los acontecimientos, se ven obligados a considerarlo. Del mismo modo, la actual crisis comienza a impactar la conciencia universal y reordena las visiones del mundo, poniendo las cosas en su lugar. El debate se torna disyuntivo: Remozar el capitalismo o tomar una vía distinta. Este debate actualiza la discusión sobre la pertinencia de la construcción de un nuevo socialismo. Hace apenas unos años, criticar las desregulaciones, las privatizaciones, la reducción del Estado, así como sus alcances y competencias, era herejía, un disparate para la academia dominante y la mayoría de los grandes medios. ¡Oh sorpresa, Dios sea loado! En días recientes, luego de algunas medidas tomadas en EEUU, para controlar el mercado financiero, Newsweek titulaba con ironía: “Ahora todos somos socialistas”, no sin poner en tela de juicio la autoridad y autonomía del capital financiero. El prestigioso medio norteamericano, aceptaba la necesidad de adoptar controles y regulaciones estatales “de corte keynesianos o socialistas”. Propiedad privada o estatal, decía el comentario, “eso sí, sin llevar las cosas demasiado lejos y llegando a la propiedad común. Eso sería comunismo”. No es sólo el cinismo, también la corrupción del lenguaje, que intentan encubrir, el temor de los medios, a la pasibilidad de que las cosas cambien. No contentos con envilecer términos como “democracia”, “libertad”, “ciudadano”, etcétera, han convertido la idea de comunismo, en una anti-frase. Especie de monstruo maldito al que hay que exorcizar y persignarse al escupir, apenas pronunciada esa palabra. Alrededor de esto, Michael Hardt nos dice: “Hay muchas razones que tornan vigente la idea del comunismo. La composición actual del gran capital y las condiciones de los mercados además de toda la producción y circulación de mercancía a gran escala; alteró y aceleró la composición técnico-orgánica del trabajo. La revolución científico-técnica, confirma esta tendencia, volcando la lógica despótica de la fábrica a la sociedad toda. Esto lo demuestra la forma como se produce y consume dentro y fuera del lugar de trabajo. Se ha borrado la anterior tenue frontera que separaba ambas dimensiones. Esto genera la recomposición de la función productiva, asociándola de manera melliza al consumo, ampliando el horizonte de pertenencia del obrero, a la condición del consumidor. Se trata de dos prácticas en clave de una misma lógica, que paradójicamente masifican la relación común, haciéndola cotidiana. ¿Qué producen y consumen las personas y en que condiciones? ¿Cómo está organizado el consumo y la cooperación productiva? ¿Cuáles son las líneas divisorias que separan funciones y tareas? ¿En qué consiste la división técnica del trabajo y las jerarquías asociadas? ¿De ser abolidas las relaciones de propiedad, cambiarían las condiciones de la producción y del trabajo? ¿Cambiarían con ello las formas inmateriales de producción bio-política de la hegemonía? Al responder estas preguntas, nos contentamos en asegurar, que están dadas las condiciones para el comunismo ya, pero no el de experiencias anteriores. Un nuevo comunismo fundado en la persona y la comuna”. La contradicción sería entonces entre lo común y las otras formas de propiedad. Ya lo decía Marx, “vivir como comunistas, es hacer la vida en común, esto va mas allá de la frase. El socialismo es la práctica cotidiana del comunismo, como movimiento de lo real”.

jueves, 24 de junio de 2010

El Horizonte (La Quinta Columna, 24/06/2010)

La dispersión y disolución de las condiciones de posibilidad de la participación social organizada, es una de las características de la formación social capitalista. El modo de producción de valor es también a su vez modo de unificación de las prácticas sociales, unificación que opera a través de la dispersión del mercado y la homogenización de las prácticas de consumo-forma privilegiada de realización del deseo-, presentado como “participación social”. De manera que expresiones de “las formas históricas de la memoria en su dimensión simbólica”, es decir, de las manifestaciones culturales seculares, serán separadas y aisladas por la subjetividad dominante. Sólo lograrán sobrevivir, si son subsumidas en la recuperación que lleva a cabo la lógica de mercado, que las hace inteligibles a la sensibilidad del consumo. Nuevas maneras de filiación social de las sensibilidades, organizarán el deseo, generando lo que Maffesoli llama “tribus urbanas”. La moda, la intensidad efímera de estar juntos alrededor de una forma de consumo, así como la ocupación territorial en torno a una expresión musical; hábitos de habla, acompañada de toda suerte de puesta en escena y gesto ritual, etc., caracterizan a este momento de la lógica del capital haciendo cuerpo y carne biopolítica en la gente. Ahora bien, ante el poder de la lógica del capital, se erige una lógica otra. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, lo expresa en su libro La Potencia Plebeya. Adopta el concepto de Multitud aportado por Toni Negri, guardando distancia de las visiones dogmáticas. García Lineras reconoce la potencia de esta nueva manera de mencionar a la clase alternativa al capital. Se trata de un texto que no tiene desperdicios a la hora de comprender el proceso Boliviano y la revolución continental bolivariana, desde un proletariado que se organiza en sujeto, “como potencia plebeya en acción”, que no es ya movimiento espontáneo, sin perder su espontaneidad. Se trata de otro relato. “Hemos trabajado la idea de multitud, como bloque que organiza y despliega la acción colectiva, pues articula formas ancestrales, nuevas prácticas y estructuras organizativas autónomas de los estratos subalternos en torno a construcciones discursivas y simbólicas que dan cuenta de la existencia de una tendencia hegemónica distinta al capital; movimiento tendencial que tiene la característica de variar sus particularidades y diseminar su origen entre los distintos segmentos de las clases subalternas”, dice. La emergencia de la forma multitud, es producto del movimiento de lo real. Es la resistencia material de los pueblos y la construcción de la acción colectiva, es la “forma de expresión ante un modo de producción de la vida”. El estallido de los partidos de izquierda rompió la camisa de fuerza ideológica y ha facilitado el surgimiento de un movimiento de movimientos capaz de hacerse del poder político y proponerse otra forma Estado. “Lo decisivo de La multitud, es que se diferencia de la muchedumbre, que no es más que una agregación de individuos sin necesaria filiación o dependencia organizativa. Va más allá de la euforia inmediata; es un colectivo que expresa la diversidad y que sin embargo consigue la unificación en la entidad colectiva de la práctica, la decisión y la palabra. El poder de intervención de La Multitud tiene su expresión cotidiana en La Comuna y El Partido no es más que una bisagra que garantiza el flujo de información y la organización laxa para convocar y dirigir lo que es ya vida cotidiana. “En París del 68, una pancarta sobre El Odeón, principal teatro de la ciudad, decía: “Cuando la sociedad se convierte en un gran teatro burgués, volvamos a las fábricas, instalemos consejos y comunas y desenmascaremos la farsa de las instituciones”.

jueves, 17 de junio de 2010

García Linera (La Quinta Columna, 17/06/2010)

La dispersión y disolución de las condiciones de posibilidad de la participación social organizada, es una de las características de la formación social capitalista. El modo de producción de valor es también a su vez modo de unificación de las prácticas sociales, unificación que opera a través de la dispersión del mercado y la homogenización de las prácticas de consumo-forma privilegiada de realización del deseo-, presentado como “participación social”. De manera que expresiones de “las formas históricas de la memoria en su dimensión simbólica”, es decir, de las manifestaciones culturales seculares, serán separadas y aisladas por la subjetividad dominante. Sólo lograrán sobrevivir, si son subsumidas en la recuperación que lleva a cabo la lógica de mercado, que las hace inteligibles a la sensibilidad del consumo. Nuevas maneras de filiación social de las sensibilidades, organizarán el deseo, generando lo que Maffesoli llama “tribus urbanas”. La moda, la intensidad efímera de estar juntos alrededor de una forma de consumo, así como la ocupación territorial en torno a una expresión musical; hábitos de habla, acompañada de toda suerte de puesta en escena y gesto ritual, etc., caracterizan a este momento de la lógica del capital haciendo cuerpo y carne biopolítica en la gente. Ahora bien, ante el poder de la lógica del capital, se erige una lógica otra. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, lo expresa en su libro La Potencia Plebeya. Adopta el concepto de Multitud aportado por Toni Negri, guardando distancia de las visiones dogmáticas. García Lineras reconoce la potencia de esta nueva manera de mencionar a la clase alternativa al capital. Se trata de un texto que no tiene desperdicios a la hora de comprender el proceso Boliviano y la revolución continental bolivariana, desde un proletariado que se organiza en sujeto, “como potencia plebeya en acción”, que no es ya movimiento espontáneo, sin perder su espontaneidad. Se trata de otro relato. “Hemos trabajado la idea de multitud, como bloque que organiza y despliega la acción colectiva, pues articula formas ancestrales, nuevas prácticas y estructuras organizativas autónomas de los estratos subalternos en torno a construcciones discursivas y simbólicas que dan cuenta de la existencia de una tendencia hegemónica distinta al capital; movimiento tendencial que tiene la característica de variar sus particularidades y diseminar su origen entre los distintos segmentos de las clases subalternas”, dice. La emergencia de la forma multitud, es producto del movimiento de lo real. Es la resistencia material de los pueblos y la construcción de la acción colectiva, es la “forma de expresión ante un modo de producción de la vida”. El estallido de los partidos de izquierda rompió la camisa de fuerza ideológica y ha facilitado el surgimiento de un movimiento de movimientos capaz de hacerse del poder político y proponerse otra forma Estado. “Lo decisivo de La multitud, es que se diferencia de la muchedumbre, que no es más que una agregación de individuos sin necesaria filiación o dependencia organizativa. Va más allá de la euforia inmediata; es un colectivo que expresa la diversidad y que sin embargo consigue la unificación en la entidad colectiva de la práctica, la decisión y la palabra. El poder de intervención de La Multitud tiene su expresión cotidiana en La Comuna y El Partido no es más que una bisagra que garantiza el flujo de información y la organización laxa para convocar y dirigir lo que es ya vida cotidiana. “En París del 68, una pancarta sobre El Odeón, principal teatro de la ciudad, decía: “Cuando la sociedad se convierte en un gran teatro burgués, volvamos a las fábricas, instalemos consejos y comunas y desenmascaremos la farsa de las instituciones”.

jueves, 10 de junio de 2010

Potencia Plebeya (La Quinta Columna, 10/06/2010)

El Estado burgués va disciplinando y subsumiendo sobre sí, a todas las demás formas de afiliación que otrora actuaban con autonomía. El Estado es una totalidad. Como tal, despliega su lógica organizadora, que genera una discursividad plástica, que va permeando todos los espacios y negando cualquier intersticio o “afuera”. Más allá de Kant, quien definió al Estado como “unión de personas que se proponen vivir bajo el imperio de la ley”, Marx visualizó que no se trata de un “yo común”, voluntariamente asumido esta concepción reviste para él un carácter ilusorio-; se trata más bien de condiciones históricas, independientes de las voluntad individual, que hacen posible un modo de producción de la materialidad de la vida. Durkheim aceptaba que El Estado es “el órgano mismo del pensamiento social dominante y, sobre todo, de la coerción a favor de la disciplina moral vigente”. Esta violencia legitimada por el conceso, “se organiza en la misma medida en que se disuelven los lazos sociales comunales y tradicionales a favor de una relación centralizada por el andamiaje jurídico político”. Weber afirmó, que la burocracia era el efecto de superficie de la separación, jerarquización y centralización de las funciones por parte de una racionalidad, ahora convertida en lógica, razón y cultura. De allí, en Estado. “Una organización política continua y obligatoria que mantiene dentro de un mismo rasero legal, a aquello que es de origen diverso; que homogeniza y disciplina dentro de la norma obligatoria, a lo que se pretende distinto”. Este dispositivo es en sí mismo, el monopolio del uso legítimo de la fuerza física. “Para ello creará todo un ejército de burócratas también disciplinados, que harán cumplir los fines de El Estado, que se ha hecho fin en sí mismo, autónomo en sí y para sí”. Su propósito no es otro que su propio mantenimiento. “Los burócratas de cuando en cuando, serán sustituidos o corregidos moralmente a fin de garantizar la eficiencia de los fines últimos”. El Estado debe enfrentar toda zona gris u opaca, que genere creencias distintas a sus fines, pues éstas amenazan el principio de Estado; por eso va separando y sustituyendo todo poder originario y constituyente, por el poder del representante y el funcionario: La democracia representativa. Este mecanismo de extracción, obedece a la misma lógica de mistificación y separación del trabajo de su valor. Por eso Marx asegura que “decir Estado es decir capital”, puesto que un modo de producción es también “una forma Estado”, que garantiza condiciones de reproducción de la legitimidad de la estratificación social, que se refleja también como forma de expresión del mismo Estado. Para Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, esta composición genera una mineralización, que llama “capital estatal”. Suerte de relación de poder que regula las permisiones de las distintas áreas sociales, como la económica, la política, etc. Por eso, las disputas de clase al interior de la sociedad, se reflejan en las contradicciones existencia de El Estado, en pugnas, purgas y confrontaciones de élites por el control administrativo de la direccionalidad de las políticas. En tiempos de transición, el Estado se torna espacio crítico, muchas veces contradictorio en su devenir, cuando modo y condición de la producción, se ve confrontado y cuestionado por “formas de expresión” alternativas, que amenazan con convertirse en “modo” que amenaza y antagoniza con aquellas secularizadas. En la medida que van surgiendo experiencias autónomas, singulares en su pluralidad hegemónica; como La Comuna, el Estado cruje su lógica. Una racionalidad otra se instala: La acción directa de las nuevas identidades colectivas, se abre paso desde la clandestinidad de las multitudes. Esta es la potencia plebeya.

jueves, 3 de junio de 2010

Ocultamiento (La Quinta Columna, 03/06/2010)

Ausencia, vacío, opacidad, o una “leyenda dorada” del pasado. Ocultamiento en los créditos televisivos de la verdadera identidad de los personajes entrevistados, disfrazados de doctores y expertos. Pero el asunto está allí como “ente de una actividad paranormal”. Un “Real corporal”, añadirá Lacan. La presencia de la ausencia, diría Barthes. En febrero de 2003, Colin Powell se dirigió al Consejo de Seguridad de la ONU para defender el ataque a Irak. Horas antes, su delegación solicitó que la gran reproducción del Guernica de Picasso, situada en la pared detrás del podio, fuera tapada. Les aterraba que la denuncia a la atrocidad de los bombardeos de la fuerza aérea alemana durante la guerra civil española sobre dicha ciudad, fuera asociada al discurso de Powell. La explicación oficial fue que el telón de fondo era inadecuado pues: “podía prestarse a interpretaciones erróneas”. Pero fue el propio gesto de ocultar, lo que hizo evidente que allí estaba el Guernica denunciando esta vez, la despiadada brutalidad del imperio. Lo sabía Félix B Cañet, padre de El Derecho de Nacer. Albertico Limonta se enteraría de su verdadero origen y abolengo plebeyo, a unos días de acabarse la novela, “cuando Don Rafael habló”. Otra vez el Traje del Emperador. Desnudos por la calle creyendo que nadie se da cuenta. Una suerte de lo que Benjamín llamó “dialéctica en suspenso del ocultamiento”. Pero hasta para ser un buen artista de la ilusión, hay que llevar a cabo el truco en complicidad con la audiencia, si no, de nada vale. Alan Badiou calificó el efecto ideológico de la doble complicidad e identidad, tal cual pasó con Hitler y buena parte del pueblo alemán, como “media intrínseca de la idea común de libertad”; cuando el dispositivo de funcionamiento del pensamiento se adecua a la fuerza, a un discurso y lo acepta, para que la vida pueda seguir funcionando aunque sea asfixiante. Así actúan algunos miembros de la oposición. Predican su credo con tanta fe, que se convierten en fanáticos de sí mismos. Creyentes puros de una parsimonia teatral. Anuncian un “fin del tiempo”; un “tiempo otro” que estaría garantizado por la hazaña de haber unido a los principales partidos de esta fuerza. Algo por lo demás nada nuevo, pues en el pasado reciente también se han unido y de manara más perfecta. Así fue en 2004 durante el referéndum; y anteriormente; contra La Constituyente, y en todas y cada una de las campañas presidenciales. Siempre con la misma oferta, idéntico pronóstico e igual resultado: La derrota. ¿Entonces, cuál es la novedad? Ninguna. Eso sí, siempre el mismo afán por presentarse como distintos y renovados. Escurren el bulto, como vampiro que evita los espejos. La cara de yo no fui, refiere de manera obsesiva a su Otro Yo, a una espectral fantasmagoría que les persigue siempre. Su Otro lacaniano resuella sobre sus pescuezos: Son más de lo mismo, La Cuarta República con rostros maniqueos de caricaturizados demócratas que pecan por exceso. ¡Dios mío, es que no entienden que nadie en el mundo es tan, pero tan demócrata! Entonces sobre viene la inevitable sospecha. ¿Farsa? Inaudita positivación por remozamiento y maquillaje, de una negatividad. Especie de mueca de Guazón, disfrazada y transfigurada en reina de belleza. Hacen recordar unas geniales líneas de Sherlock Holmes, en Silver Blazer: “¿Existe algún otro detalle acerca del cual deseará usted llamar mi atención? Preguntó Gregory. Entonces Holmes contestó: ‘Sí. Acerca del curioso incidente del perro durante la noche’. Gregory exclamó perplejo: ‘¿El curioso incidente del perro? Pero si anoche el perro no hizo nada’. ‘Es precisamente ese el curioso incidente’, contestó enfático Holmes”. Hitchcock también logró personajes aparentemente racionales, pero llenos de incongruencia.

jueves, 27 de mayo de 2010

¿PPT? (La Quinta Columna, 27/05/2010)

El Buen Salvaje roussoniano, queda reducido, en El Discurso Sobre La Igualdad de Los Hombres, a la categoría de ciudadano. “Ya ilustrado, ahora no puede prescindir de leyes y magistrados, porque no volverá a la selva a ponerse de rodillas, a comer raíces y bellotas…el poder natural de la fuerza y la capacidad de persuasión del primer ocupante, además de una cerca convenientemente bien dispuesta, convenció al Buen Salvaje, de que tal ocupación le hacía ganar la garantía de nuevos derechos”. La propiedad, al fundar el sentido de la norma, su racionalidad; consagra también el modo extenso de su uso: “Mientras más extraños, resentidos y enemigos de nuestros semejantes nos hacemos, menos podemos prescindir de ellos, dada la división del trabajo en la actual sociedad. Entonces, la igualdad es ilusoria y hace falta un cuerpo de regulaciones que nos torne uniformes al menos en su obediencia; porque desconfiados como somos de la bondad de nuestros congéneres, ya que nuestros intereses se hacen pasión que nos divide, y sólo logramos reconocernos en los afectos de unos pocos con intenciones idénticas; entonces necesitaremos de un cuerpo de leyes, y de gendarmes del orden a todos los niveles, que las hagan cumplir, so pena del castigo por su infracción. El derecho implica el miedo a infligir un razonamiento detrás del cual hay un derecho y una propiedad que defender”. Esto lo encontramos en el capítulo de El Contrato… llamado: De La Sociedad General del Género Humano. Suprimido luego de la primera edición. Libertades civiles en relevo de la ley natural, base normativa del derecho positivo burgués. ¿Cómo equiparar fuertes y débiles; pobres y ricos? Nada mejor que un pacto: Aceptar que somos iguales ante la ley. “Ser propietarios para ser responsables. Ser responsables para ser ciudadanos. Ser ciudadanos para ser libres”, decían las primeras constituciones liberales. Sus defensores siguen repitiendo que civilización es igual a derecho civil: “Al ser propietario de mis derechos, soy lo que tengo y no soy víctima de nadie”. Nunca se les ocurrió que más bien, era importante eliminar la condición que crea la fuerza y la riqueza como base de la desigualdad: La propiedad. Por eso Marx, desde Spinoza, en su Crítica a La Metafísica del Derecho, afirma que, el derecho igual, consagra y naturaliza el derecho a una sociedad desigual. “¿Entonces los comunistas preconizan un derecho desigual? No, por el contrario, apostamos por una sociedad de iguales, cuya única desigualdad sea la ley natural; y de allí un derecho que consagre a ambas condiciones”, decía; a distancia de Hobbes, Locke y Rouseau, pues para ellos la ley es en primer lugar una suerte de ‘sensibilidad’. “Un acto puro de pensamiento”, que se matiza en facciones que surgen en el debate público. Individuos éticamente iguales (id-éticos), que configuran grupos, “asociaciones parciales de pasiones humanas”, que se toleran, estimulan, reconocen y disputan argumentativa y racionalmente entre ellos; aunque en última instancia, pretenden resolver sus diferencias en la síntesis social de una voluntad general expresada en un contrato que se renueva al infinito. El conflicto surgido de los intereses en pugna, se resuelve de manera absoluta, por la mediación, a través de la representación de la fuerza de todo poder originario. El poder constituyente es transferido a un aparato que se asume unidad de contrarios hegelianos y eternos, que consiguen armonía y reconciliación en el diálogo institucional, facilitado por El Estado burgués moderno y su corolario político: La democracia representativa. El Parlamento, no es más que su expresión materialmente secularizada. Renovar esta fábula, aferrarse a esta mitología, a esta fantasía y confundirla con la esperanza, es el fundamento del reformismo del PPT.

jueves, 20 de mayo de 2010

Parlamento (La Quinta Columna, 20/05/2010)

Locke escribe sobre el Gobierno Civil y allí afirma que “cuando un número de hombres, por el consentimiento de cada individuo, hace una comunidad, con ello convierte esa agrupación en un solo cuerpo, con facultades para obrar como tal, por la determinación voluntaria a la mayoría. De este modo, cada individuo, al convertirse a la forma de un grupo político bajo un gobierno; se coloca así mismo un compromiso para con los otros miembros de la sociedad, de someterse al designio de la mayoría y ser obligado por ella”. Este es el principio del Gran Relato de la tolerancia y el consenso. Es la racionalidad de la política práctica, fundada en el reino de los medios y los fines: La delegación del poder soberano, transferido a un grupo de representantes, que, de ser mayoría, actuarán de buena fe, en nombre de la totalidad general del “interés común” de la ley práctica. Surge una nueva superstición: La legitimidad, reducida al rigor metafísico del número. La democracia pasa a ser un conjunto de procedimientos, una magnitud que dura un tiempo arbitrariamente establecido. Desde La Fundamentación de La Metafísica de Las Costumbres; de Kant, hasta Leibniz, pasando por Condorcet y su afán por converger razón, progreso y felicidad en un solo proyecto inmanente; llegamos a una mala lectura por literal e interesada, de JJ Rousseau y su Profesión de Fe del Vicario Saboyano. Allí se postula, que los legisladores y magistrados deben ser como los dioses o los extranjeros, una suerte de aliens ilustrados “que prefiguren la bondad de dios”; que se eleva como voz o conciencia moral de la sociedad, representada en un Contrato Social. Así, aparece la doctrina del poder del Estado separado de la fuente de toda soberanía: El pueblo. Claro, para su momento fue un avance en comparación con la monarquía. Como es costumbre, dichas ideas fueron sometidas al rigor de la lucha hegemónica, y se impuso una versión inclinada a la derecha, que dejó de lado aquello que como contrapeso, también postuló Rousseau en torno a la propiedad privada como origen de todos nuestros males. El modo de derecha se secularizó en el discurso cívico republicano, y es hoy tradición en la cultura política de Occidente. Opción que se pretende universal y totalitaria en los tiempos que corren. Sustrayendo y eliminando todos los ricos aportes sobre la soberanía constituyente permanente, del poder local y la necesidad de un estado comunal. Ideas que son origen del pensamiento político anarquista y marxista. “Evitemos el poder de un estado que se aleja de los ciudadanos; que sólo convoca para legitimar a los jerarcas, sin crear instituciones comunes que vallan haciendo a estos obsoletos por innecesarios; un estado sin comuna termina en manos de unos pocos, que aplicarán nuevas ataduras al pobre para dar más y nuevos poderes a los ricos, destruyendo irrecuperablemente la libertad individual y colectiva, ahora sujeta al interés del poderoso. El colapso de la libertad natural, queda fijado en la consagración de la propiedad como ley natural; y en la desigualdad como mal necesario. Convierte la usura y la astuta usurpación en derecho inalienable, y, para ventaja de unos cuantos individuos egoístas y ambiciosos, sometió a la humanidad entera, a la esclavitud del trabajo y la miseria a perpetuidad. Al desaparecer la igualdad desaparece el principio de representación, pues sólo quedará representado el que tiene cómo hacerlo y los intereses del representante ya no serán universales”. Esta página de El Contrato de Rousseau, se le perdió al libro que lee la derecha y por eso cree que la representatividad es la única forma de democracia. Nunca entenderán la idea del pueblo legislador. ¿Representantes para ostentar un privilegio, o para ir acabando con la representación y lograr la democracia directa?

jueves, 13 de mayo de 2010

Hablar (La Quinta Columna, 13/05/2010)

La importancia de una palabra queda en la afiliación a ella. Depende de la utilidad o eficacia al lidiar un problema, está en su capacidad para instalarse en lo cotidiano, al interior de las cosas, adaptándose a los cambios de la vida. Piensa Rorty, que “la validez” viene dada por “la manera como una idea se pone en escena y organiza la acción de la verdad” como parámetro en donde oscila aquello que debo dar por cierto. Hablar es hacerles la vida imposible a los demás. Es problematizar las cuatro patas del gato, particularmente si no se ofrece solución. Lo saben los taxistas y los barberos, lo desconocen los políticos que tienen como Biblia al positivismo, el hombre común es un ironista en apuros: Entender, interpretar, convertir el lenguaje en un juego; es conseguirle el otro lado a la cosa, al desacralizar al lenguaje; al dudar de todo y de todos, e inventar fábulas sobre actores y hechos; historias donde se mezcla lo verdadero y lo aparente en el estilo de narrar. “Hay que dar con cierta manera de decir las cosas, la intención sin estilo no conduce a nada”. ¿Sabrá Chávez esta verdad del lenguaje y de allí su éxito? ¿Encontramos en sus opuestos este rasgo? Nos movemos nadando con dificultad en la gelatina cambiante y movediza del mar del lenguaje. Tocado, subsumido y hasta pervertido por el campo mediático. Allí “lo real es lo no verdadero”, todo es del orden del simulacro, la apariencia y la reproducción al infinito. No tener conciencia permanente de esta tragedia humana nos hace insensibles, inefables y desplacientes. Nos pone a pensar que lo que decimos tiene algún sentido, es verdadero, será tomado por los otros al pie de la letra; nos coloca, o más bien nos descoloca, fuera de todo evento, de toda temporalidad y por supuesto, es una certeza necia que no nos hace más felices. Recordemos el “por ahora” de Chávez y sus múltiples pulpos. Cómo la frase, de un hombre vencido, en un movimiento irónico del destino, lo convirtió en voz victoriosa. Profetizar el desastre todos los días, no dota de autoridad ni cambiará la suerte política de los profetas. Es el error del martirologio, esgrimido por la izquierda como principal argumento por décadas. La exaltación del miedo, el dolor, el sacrificio, es poco práctico para las masas y aun más para una clase media hedonista y satisfecha. Chávez hizo fácil ser de izquierda con tan solo comprar en un Mercal o participar en una Misión. Ante esta realidad pragmática, el otro bando vive obsesionado, al borde del delirio paranoico, con “el tirano y la separación de los poderes”, algo que no tiene que ver con los tintes disponibles en la peluquería, ni con los títulos en cartelera. La derecha hace difícil seguirla, saben mucho. Se sienten bien jugando al intelectual incomprendido. Les encanta la sentencia, la pompa y el protocolo. “Hablan bonito”. Son demasiado formales y ceremoniosos. Se toman en serio, cuando nadie en su sano juicio toma a ningún político, o se toma a sí mismo en serio. Diría Rorty, en su estilo provocador: ironía, contingencia y solidaridad caracteriza a esta sociedad cínica y escéptica; dramáticamente contingente en el debate. Los que apoyaban el paro del 2002, hacían cola para beneficiarse de la gasolina que el gobierno compraba al exterior. Otra vez la disputa entre los que creen en una sociedad racionalmente fundada, “y confunden la verdad del Ser con la verdad de la ciencia, en el confort metafísico de lo que no tiene ontología, pero intenta fundamentar las ambiciones”; vs. los que enfrentan la contingencia mediante la espontánea solidaridad (unión de las soledades) ante el sufrimiento. Emociones, prácticas y experiencias, contenidas en un “nosotros”, de un relato común no necesariamente conceptualizable. El socialismo es bueno si concreta el deseo de todos.