jueves, 4 de junio de 2009

El Cambio (La Quinta Columna, 04/06/2009)

Allí donde desaparece un mundo parecen otros y otros nuevos mundos donde caben muchos mundos. Diversidad, autonomía, libertad, horizontalidad, son criterios que se hacen cotidianos en la misma medida en que se profundiza la crisis del capitalismo globalizado, así como del anquilosado concepto de democracia representativa sobre el que se apoyó para mandar. La tarea de cambiar un mundo que no ha dejado de cambiar, pasa por preguntarse por el rumbo y la naturaleza de ese cambio. En ese sentido, la respuesta y la reformulación de la pregunta la aportan miles de organizaciones sociales dispersas a todo lo ancho de este mundo; expresión de un sujeto plástico, dúctil, flexible y plural, cuya ubicuidad y característica depende de la dimensión contextual y de multiplicidad de variables en cada momento. La unidad en la diversidad y la negociación de la diferencia, son la base de la conexión y la sintonía de los movimientos sociales y de los partidos alternativos. Esta alteridad, allí donde ésta se da, es la expresión de clase de aquellos que luchan contra todas las formas de coacción, explotación y dominación ideológica. Este sujeto plural y múltiple que tiene en común su enfrentamiento al capital y a sus lógicas y que hemos llamado para resumir: Multitud, no es una y tampoco varias clases, es más bien un momento de clase, es decir, es el instante acontecimiento de aquello que se constituye de manera efímera, meta estable o permanente y que actúa como clase, por diverso que ello sea, por ejemplo, la presencia de la gente en la calle en abril de 2002 derrotando al fascismo golpista, o la irrupción popular de febrero de 1989. No es un pueblo en sí mismo aunque lo conforma y constituye; porque su proyecto y su lucha trascienden el marco de lo nacional, asumiendo políticas situacionales que a veces pueden parecer incluso contradictorias con lo nacional. Naomi Klein, lo caracteriza de esta manera: “Las formas de resistencia global debe estar basada en la experiencia local de cada situación. No tiene sentido que nuestras luchas sean iguales en todos lado, empacadas y producidas en serie según un manual, como un enlatado, por eso hay que pensar global y actuar local, incluso cuando se trata de los más íntimos intersticios de la vida cotidiana”. Esto significa que tenemos que reconocer las condiciones y manifestaciones concretas, la forma de expresión del modo extenso del capitalismo y la forma como este afecta la vida concreta de la Tierra y de las personas. De manera que no hay luchas pequeñas y objetivos superiores. Estos van apareciendo se yuxtaponen o complementan también según cada circunstancia. De modo que el programa se va haciendo en la medida en que las condiciones concretas hacen la táctica y esta a su vez va transformando tanto a lo concreto como a la estrategia. Así, la estrategia de poder consiste en entender que el poder se construye en lo concreto. Estas ideas suponen tener siempre presente a la gente como lo más concreto. Es decir, que su devenir, su corporeidad, siempre estarán en juego, por lo que nunca serán utilizadas como objeto, como masas, sino que serán siempre sujetos, siempre actores. Esto significa también, servirse de las luchas y no servirle a una lucha. Así, nadie se inscribe desde afuera en una lucha. Se es parte en la medida en que se participa. De modo que la organización es aquello en donde se lucha cada vez que prefiguramos la vida en nuevos mundos, para que el mundo de la vida sea nuevo. Preguntar y debatir caminando sin perder la iniciativa haciendo de la duda parte de la respuesta creativa, es la topografía del camino recorrido de aquellos que van alumbrando mudos nuevos, en el momento en el que la crisis global del capitalismo parece confirmar la profecía de Marx: “…cuando todo lo sólido se desvanece en el aire”.

jueves, 28 de mayo de 2009

Aló (La Quinta Columna, 28/05/2009)

La noche anterior al primer programa no dormí bien por una surte de ansiedad primeriza. La misma que invade a los niños el primer día de clases. Se trataba de acompañar al Presidente Chávez en la materialización de una idea maravillosa que se le había ocurrido en los tiempos de la campaña del 99. No sé si él mismo lo recordará. Una noche asistimos a Radio Capital a un programa conducido por Mingo y Ana María. Allí le preguntaron qué haría Chávez si perdía las elecciones. El entonces candidato respondió rápido: “Es un supuesto negado que yo pierda, pero en ese caso tal vez haría un programa de radio. Yo saqué el título de locutor, ¿Juan tú me acompañarías en un programa?”. Meses después, ya presidente, cumplió su promesa y me invitó a acompañarlo por un periodo que duró dos años continuos, hasta el Aló 83, momento en el que fui electo diputado. Con nosotros estaba también Freddy Balzán, excelente periodista y Teresita Maniglia en la producción, siempre eficiente y divertida; garantizando que no faltara nada y todos la pasáramos bien. Luego, hace unos años, la producción la lleva con audacia y eficiencia Felicia Landaeta. Durante los primeros programas pasó de todo. Nos tocó vivir el trauma y la tristeza de la tragedia producto del deslave en el estado Vargas y transmitir varios programas desde una carpa militar, en medio del fango, en un desierto de escombros con olor a muerte; y por supuesto, programas felices como la alegría de las fiestas de Elorza, en una mañana nebulosa producto de los incendios espontáneos de la sabana que hacían imposible el aterrizaje. Así recorrimos varias veces todo el país, con un Chávez atento del clima de la gente, tocando y escuchando a su pueblo antes, durante y después de cada programa, lo que además le ha servido para conocer y compenetrarse, como dijera un físico, con cada realidad local. Desde allí, el Presidente ha levantado un minarete, auténtico puesto de observación de lo que pasa y no pasa en las entrañas profundas de las fibras misteriosas de la subjetividad política de un país. Una manera original y única de llevarle el pulso a las cosas, que dificulto pueda tener a mano otro político. Pero volvamos al cajón del recuerdo. A partir de ese primer programa comenzaron a pegarse emisoras comerciales, recordemos que sólo salía por radio. Hasta un día que se pegaron 123 emisoras. Ingenuamente me alegré, pensando que lo hacían por el afán de difundir las ideas del presidente. Pero no. Lo hacían porque de esa forma garantizaban que su audiencia no migrara hacia la Radio Nacional, la emisora matriz, y de este modo asegurar que los oyentes permanecieran fieles a cada radio comercial. Este idilio permaneció por poco tiempo, ya que las privadas se fueron afiliando al golpe de estado que se planeaba y que se reveló en abril de 2002. Aunque un grupo de personas viva las mismas experiencias los recuerdos no son unánimes. En mi caso el recuerdo más bonito de este tránsito por el Aló, es el que sigue: Mucha gente se arremolinaba sobre Radio Nacional en espera de Chávez. Pero un día entre la multitud estaba una ambulancia privada de una clínica de San Cristóbal a la que me acerqué solicitado por un joven. Allí estaba la señora Yolanda. Ella había sido diagnosticada con un cáncer terminal y su último deseo era conocer personalmente a Chávez. Me acerqué al presidente y éste fue con Yolanda. La señora lo abrazó con la ternura de una abuelita y con los ojos húmedos le contó que su marido y su hijo mayor habían sido del partido comunista y que los perdió a los dos de la mano de las desapariciones y torturas perpetrados por el Betancurismo. Me enteré meses después que Yolanda mejoró y que los médicos cambiaron el pronóstico. Se lo comenté al Presidente y con mucha humildad me dijo que el milagro lo llevó a cabo la fe que Yolanda tenía en este proceso y que por eso no podíamos defraudarla. Aló, ¡Qué buena idea!

jueves, 21 de mayo de 2009

La importancia de lo cotidiano (La Quinta Columna, 21/05/09)

Maffesoli trabaja lo actual y lo cotidiano mirándolos «desde el crisol del ser devenir, en donde todo es posible en cuanto se presenta una ocasión para un vivir colectivo». Y, ante el vacío constitutivo de la palabra comunicacional dominante, postula otra comunicación, otra palabra que hable desde una voz menos ruidosa y más horizontal, en donde la experiencia es corporal y el goce de compartir sea esencial. Se trata de ir haciendo nuevos horizontes que empiecen a enunciar, tocando incluso a los procesos de valorización del trabajo, desde una perspectiva que J. Bataille llamaría «Derroche Fáustico» y el compartir la vida como si se tratara de una fiesta, para “ser en el hacer por los demás”. Como en la fiesta de Dionisio: en el goce como método trágico para vivir emboscado en la alegría del otro, en la eternidad del devenir común. Spinoza sostiene que este goce sólo es posible en el “conatos”, cuya forma no puede ser pensada, sino como forma completamente desplegada de la metamorfosis de los cuerpos que se hace multi-mundos, es decir, multi-tuto. El espacio de los cuerpos-en-común configurados en los acuerdos de las pasiones alegres comúnmente compartidas democráticamente asumidas. De modo que en la Multitud se prefigura ya la idea de libertad, democracia y eternidad, que en una revolución forman parte las prácticas materiales en torno a un devenir sin términos. Esto significa, en Spinoza, una valencia cualitativa del ser de la multitud que integra ética y política en el multi-mundo, como dimensión ontológica de su propia existencia. De manera que podemos afirmar, con Negri, que «la vida secreta de las masas» contiene en términos creativos el misterio de la multitud que no es otro que las claves mismas para una redefinición de lo político como voluntad colectiva de un devenir libres. Expresión absoluta de la propia utilidad del ensañamiento de la potencia a través de la existencia colectiva que “resuelve la necesidad en la libertad”. Por eso la apuesta por una ética política de la experiencia no desdeña la teoría, por el contrario, la incorpora (in-corpore) para «vivir al filo de esta navaja», como nos dice Negri y también Maffesoli. Así, la revolución no es sólo una forma de gobierno eminente, sino, en lo esencial, un estado multitud, y también, producción del mundo capaz de expresar la virtud como potencia política, es decir, colectiva. Más no como suma de partes, sino como instante en el que surge el Kairos, la oportunidad de la apertura a lo Otro, al salir de sí mismo para ser con el otro, para hacer el porvenir como materialización de la socialización de la política en la formidable figura de la libertad colectiva del deseo que hace cuerpo en el cuerpo-pueblo, modo de sujeción política por el que hay política y hay revolución en democracia. Para Spinoza, lo que es absoluto es eterno, pero no se trata de una eternidad como intemporalidad metafísica. Asume que «hay ciertas especies de eternidades», por ejemplo con: la sustancia, la potencia y el poder como eterna producción de su condición de eternidad y como su propia medida, como «una cierta perspectiva»; no como terreno transcendental sino como suspenso permanente y rechazo a la soledad, en tanto que condición de lo social. De modo que en tanto que permanezca siendo negación de lo hoy existente, como superación de la apariencia y develamiento práctico [horizonte eterno que cualifica la búsqueda del sentido común], es decir, «eternidad que niega el absoluto», en la medida que supera lo que niega en un mismo movimiento. Hemos hablado ya en este espacio del concepto multitud desde distintas dimensiones epistemológicas: ética, política y de clase, por nombrar algunos rasgos de la mezcla que intentamos producir, esperamos respuestas.

jueves, 14 de mayo de 2009

No verdadero (La Quinta Columna, 14/05/2009)

Hablar de la verdad pasa por una teoría del juicio. La facultad de juzgar reflexionarte, se revela en su fundamento como facultad de proyectar el mundo. Una naturaleza que corresponde a la capacidad de poner bajo conceptos, en la que pueda nuestro entendimiento hallarse libremente. Esta es la fórmula del juicio de Kant. Entender para juzgar, es conocer sin prejuicio ni a priori, sin presión contingente de motivaciones subalternas. Si el juicio se aparta de la verdad es un prejuicio, una opinión que sustituye al entendimiento. El concepto de una cosa, viene de lo comprendido y del conocimiento que tenemos de algo que se expone para ser refutado. No basta con el consenso o con la carga argumentativa, hace falta conocer las intenciones, los intereses de un discurso (Hitler también consiguió el consenso). De modo que la verdad es también un saber. Si por el contrario, la facultad de juzgar se ve intervenida por las pasiones que demandan la desconsideración de la naturaleza de una cosa, esta ya no será mesurable, pues su fin fue alterado o sustituido por un juicio que precede su existencia y su adecuación veritativa, entonces estamos en presencia, no de una mentira, sino de algo peor, por lo engañoso y confuso: Lo no verdadero, una adecuación, un acomodo con arreglo a fines. ¿Seremos dueños de la capacidad de juzgar, y en ese sentido, de nuestra libertad de pensar libremente, en un mundo acotado fuertemente por dispositivos que recortan a gusto la visibilidad y lo enunciable, en un orden de delimitación de la realidad, conforme a lógicas que obedecen a intereses no necesariamente colectivos? La retórica mediática privada, no sólo selecciona, también construye los objetos de los que habla y al hacerlo produce un juicio, una racionalidad sobre la cosa. Estos productos son “composibilidades”, es decir, ensamblajes posibles de traducciones, plazas que defender, posiciones tácticas, interpretaciones, cálculos políticos, intenciones, deseos, articulaciones singulares. Bourdieu estima que los medios privados privatizan todo lo que tocan y en ese sentido, son un permanente golpe de estado a la subjetividad política de las mayorías. Al imponer lecturas, regímenes de signos, estructuras simbólicas, calificativos, clichés y modas; además de ser incapaces de mantener un discurso coherentemente crítico sobre sí mismos, mientras su mirada escruta, expone y enjuicia a los otros, en el mismo movimiento en que borra las fronteras entre lo público y lo privado; dejando a la intemperie a aquellos objetos que son escaneados por esta mirada. El mundo convertido de este modo en espectáculo morboso y paradójico de sí mismo, reducido a imagen y escena mediática, crea un conjunto de mitologías agónicas alrededor de los llamados personajes públicos, eternamente expuestos y amenazados por el escándalo y el escario como último puerto en el marco relacional con los medios, en el tiempo dislocado de la producción de actualidad. Guattari llamaba a los medios, máquina meretriz del tiempo; en donde la información, que no es ni tiempo ni espacio, sino un ensamblaje interesado de algunos datos al interior de un relato, sustituye al cuerpo por la presencia y la fantasmagoría de la imagen. De este modo, la opinión pública queda mediada por el campo de selección de la ocurrencia mediática y su juicio será prótesis subordinada a la máquina. Cuando el juicio obedece a un discurso que discrimina según las pasiones, la selección de lo real y de allí, el menú de lo que debe ser dicho y sobre lo cual se puede hablar, además del modo de lo que puede ser dicho, entonces estamos en presencia de un régimen despótico, de una tiranía. En la mediática capitalista lo que menos hay es libertad y democracia.

jueves, 7 de mayo de 2009

Marx (La Quinta Columna, 07/05/2009)

“Espectros”, fue el primer título que Marx pensó para su best seller, El Manifiesto Comunista. Conjurar de nuevo los espectros, tirado de la mano de Balzac y de Shakespeare, para dar cuenta del espíritu de una época, era la tarea del genio de Treveris. Asegurarse hoy que el espíritu de Marx está vivo, es una tarea titánica que enfrenta a aquellos dogmatismos liberales que examinan a un paciente sano repitiendo la letanía redundante de: “El cadáver está muerto, es imposible su actualización y recuperación”; por un lado y por el otro, algo más peligroso aún, los que apoltronados en el apolillado chinchorro de las seguridades que exclaman: “ciencia marxista, materialismo dialéctico y toda otra suerte de jerigonzas que no hace otra cosa que clavarle un puñal por la espalda a un pensamiento que todavía se muestra vigoroso, a pesar del flaco favor que le hacen sus fans y de la defensa espumea que dichos acólitos realizan a diario desde un mesianismo positivista. Romper la censura, el prejuicio, avanzar sobre el estigma que le etiquetan unos y otros, es la apuesta intempestiva de quienes tomamos partido por un Marx resucitado por la fragua de los tiempos que corren. Un Marx elástico, atlético y renovado que ha saldado cuentas pendientes con la experiencia soviética reciente y que se prepara para contestar con fuerza a los arrebatos de la lógica del capital en su metabolismo y así asaltar la trampa jaula del sentido común. No se trata entonces de leer un libro de Marx sino de intentar otra lectura, en el marco de la derrota histórica de aquellos que se reclamaron como sus herederos y del los otros, los que celebraron demasiado pronto su muerte y se arrimaron prestos al festín del mercado. Una política de la amistad con aquellas categorías marcianas como plusvalía, opacidad, subsunción y desde allí, clases, lucha de clases, resulta para nosotros de lo más tentador. Lo que sigue de aquí, con Derrida, no es más que un ensayo en la noche, un grito de libertad que alumbre como faro dentro del largo invierno de la crisis mundial del capital. Seria esto un cohabitar con su fantasma y por qué no, también una suerte de biopolítica de la herencia, la memoria y sus pasiones, es decir, un re implantarse en el terreno de todas nuestras luchas, sus generaciones y sus tiempos. Marx entonces viene a ser otro de nosotros, el que está allí aunque no está presente. Por eso hay que hablarle al fantasma y con él, con el presente para que el futuro sea ya; sea futuro actual del trabajo emancipado y transfigurado en libertad y no en la mercancía. Pero el totalitarismo terrorista de la violencia capitalista ha hecho su trabajo y se siente el estrago de sus efectos en el exterminio en masas emprendido contra Marx. Lo sabemos cada vez que topamos con alguno de sus restos. Sin embargo y paradójicamente, allí queda también el rastro de un Marx vivo, que contemporáneamente nos habla de un presente haciéndose también aquello que nos llega desde y proveniente del porvenir, lo que va modificando el presente. ¿Dónde está Marx entonces? Tan sólo una pista para la respuesta: yendo hacia él. En la disyunción. En ese no lugar que va siendo; en el desquiciamiento producido por el conatus de la ocurrencia del devenir acontecimiento que hace que la presencia del espectro sea ahora, a un tiempo, muchos tiempos de lo que puede ser. Lo podemos encontrar también en los gestos cotidianos que nos permiten predecir y confirmar que la vida puede ser vivida de otro modo. En términos de Marx, porque el modo es la forma de expresión del tiempo en el presente vivo y todo modo puede ser superado. ¿Pero a que viene todo esto? A que El Viejo Topo una vez más esta de cumpleaños y desde su tumba su fantasma está de moda y recorre al mundo, y nos recita vigorosamente estos versos de Hamlet: “-El espectro (bajo tierra): Calma, calma espíritu inquieto…

-Hamlet: El tiempo está fuera de quicio ¡Vamos, entremos juntos!”

jueves, 30 de abril de 2009

Zuma (La Quinta Columna, 30/04/2009)

Un nombre por otro, la parte por el todo. Sudáfrica, el espejo macabro. Debe tratarse el apartheid como una metonimia tanto del pasado como del presente (prejuicios, venganza, mucho miedo). Siempre podrá descifrarse nuestra realidad hipócrita a través de su singularidad. “Lo que pasa allí traduce lo que pasa aquí”, denunciaba Derrida. Los medios resaltan un perfil: El nuevo presidente de Sudáfrica fue imputado con 783 acusaciones de corrupción y violación. Ese es para ellos Jacob Zuma, jefe del Congreso Nacional Africano (ANC). No dicen que se ganó su legendaria legitimidad en la lucha contra el apartheid, luego de 10 años de torturas y prisión. Cómo ocultar que Zuma Ganó con el 67% de los votos. “Controvertido líder zulú acusado de corrupción gana elecciones” titulaba CNN. Para el pueblo triunfó el "camarada Zuma", comunista consumado, líder del ala izquierda del ANC, al que quisieron cerrarle el paso con numerosas acusaciones sin fundamento y una feroz campaña sistemática de desprestigio. “Trataron de asesinarme simbólicamente, me distrajeron por años en cuestiones judiciales que me alejaban del pueblo, pero estoy aquí, triunfando por ellos”, fueron sus primeras palabras. Los medios reaccionaron: “Son muchas las voces que se han levantado en el continente negro en contra su elección. Ven en él un camino hacia el abismo. Este comunista podría tomar medidas no acordes con la democracia, como ya ocurre en su país vecino, Zimbawe, con Mugabe a la cabeza. Para algunos, Zuma es un presidente corrupto más en la lista africana. Los blancos le ven como un dictador, los negros ponen en él sus esperanzas” (AP). ¿Quién es en verdad Zuma? Un luchador curtido de 67 años, con 50 de militancia. Un niño que cuidaba vacas en su aldea, Nkandla. Maestro autodidacta, formado luego en la Unión Soviética. Enfrentado a las posiciones dogmáticas. Sembrado en las multitudes ignoradas, convirtiéndose en la pesadilla. El objetivo para el desprestigio, pero la jugada se revirtió y provocó la caída del anterior Vicepresidente, Thabo Mbeko, acusado de haber expulsado a Zuma del ANC con trampas y de instrumentalizar la justicia, inventando imputaciones para deshacerse de él. En todo momento canta un himno guerrillero que cuenta con decenas de versiones en Internet (Umshini Wami), "Tráeme mi metralleta". Esta se ha convertido en la canción de cabecera del pueblo, utilizada en los tiempos del apartheid. En 2008 fue absuelto de la imputación más grave. Un show de TV en vivo, para todo el país.

La hija de un amigo le sentó en el banquillo. Quedó libre de cargos con las siguientes palabras: “¿Cómo iba a violarla en su casa, con sus 6 hermanitos durmiendo al lado en la misma cama, sin que ninguno se despertara o viera algo, además, arriesgándome a ser sorprendido en una propiedad rodeada de policías?”. La denunciante irrumpió en llanto y confesó, que había sido comprada por un miembro de la fiscalía que obedecía a un plan opositor. Desde ese momento, el juicio enfrentó tanto al Gobierno como a la oposición y arrastró a la sociedad entera, provocando disturbios en las calles. Jeremy Gordin, autor de una biografía de Zuma, señala que el zulú no es del agrado de los intelectuales y los medios atrincherados en "prejuicios modernistas y liberales". “Causa temor en los blancos porque pone fin al idilio que encubre la discriminación y coloca a Sudáfrica frente a una imagen de sí misma que preferirían ignorar. “El presidente Sudafricano no vacila en vivir, en mostrarse desde su cultura, no intenta parecer occidental. Va a las ceremonias vestido con la ropa tradicional zulú, de pieles de leopardos. Asegura que ama a todas sus 8 mujeres y a sus 18 hijos”, Afirma el analista Xo Mangcu. Según las encuestas, “el camarada” es apreciado por los negros con 7,7 sobre 10. Los blancos lo aborrecen y le dan 1,9 sobre 10.

jueves, 23 de abril de 2009

Masa, pueblo y multitud (La Quinta Columna 23/04/2009)

Hay personas que pierden de vista la utilidad de los conceptos para la comprensión de la realidad y desde allí, orientar correctamente nuestras prácticas. Oportunismo, pragmatismo y dogmatismo son enfermedades comunes de aquellos espíritus que se niegan a reconocer los cambios en los tiempos que corren y el necesario ajuste de los instrumentos del pensamiento. Algo pasa por ejemplo, con el concepto multitud. En ese sentido diremos algo sobre ésto. Las nuevas prácticas colectivas permiten apelar a la calidad subversiva del pensamiento de Spinoza y desde allí la entendemos como un cuerpo compuesto por innumerables cuerpos que se multiplican, hibridizan y transforman, más allá de la metafísica del individuo y la persona, aún presente en el concepto de clase. Es un conjunto de singularidades que buscan identificarse. En la tradición moderna, la multitud ha sido unificada bajo el concepto de pueblo. Si bien ambos pueden obrar por analogía, el concepto pueblo suele ser confundido también con nacionalidad, población, habitantes de una localidad. También ha sido usado, particularmente en Europa, para vaciar de contenido la lucha de clases y las contradicciones presentes en un espacio geográfico. Pues mientras el pueblo es sedentario, la multitud es nómada. El pueblo puede ser representado, pues se trata de una magnitud, es contractual desde el punto de vista de Rousseau, mientras que la multitud es una cualidad que en primer lugar se construye desde el reconocimiento de la singularidad, dándole cualidad de clase al poder constituyente: La multitud siempre es productiva y explotada en su productividad, por lo tanto se trata de un concepto de clase que es a su vez el reconocimiento del surgimiento de una nueva subjetividad. ¿Por qué hablar entonces de multitud y no de clase? Porque la idea de clase obrera quedó restringido al obrero industrial de la fábrica y sus lógicas, porque la clase fue confundida con “las masas” y confinada a uniforma de proletariado que se contenta con reproducir los modos y formas vinculados a los tiempos de aparición histórica de esta clase. Luego, la sociedad de masas ha dado un giro en cuanto a las formas de especialización del trabajo, las formas de producción del consumo y los gustos asociados a la reproducción del deseo y porque la producción inmaterial es hoy la tendencia dominante al interior del metabolismo del capital, producto de las sucesivas revoluciones científico técnicas. Esta es una discusión que fue adelantada en primer lugar por Rosa de Luxemburgo. El consumo es hoy una forma de explotación secundaria de los productores primarios en donde el mercado ya no se dirige a los individuos sino a conjuntos singulares que constituyen una potencia, un intelecto general en los términos que lo planteó Marx. De manera que no hay razón para oponer pueblo y clase a multitud. Todo lo contrario, se trata de un concepto complementario que aclara y profundiza en la naturaleza de las transformaciones ocurridas en los últimos dos siglos desde la irrupción del sujeto concreto del trabajo bajo el modo de producción capitalista. Tomemos en cuenta las prácticas de los Sin Tierra en Brasil, o de los pueblos indígenas de Bolivia. En ambos casos, ya no se trata de la lucha por reivindicaciones locales y parciales, vinculadas solamente a una carencia o a una reivindicación étnica. Se trata siempre y en primer lugar, de luchas que fundadas en la tradición y en lo local, actualizan el sentido que cobra hoy la clase, en tanto que estrato social que lucha contra el capitalismo mundial integrado. Aquí, lo parcial se hace total, un cuerpo se integra y se hace muchos cuerpos.

jueves, 16 de abril de 2009

Sólo para marxistas (La Quinta Columna, 16/04/2009)

Advertencia: Si usted no es marxista o es de los que sólo quiere el poder por el poder mismo, no pierda su tiempo leyendo esto. Para Gramsci, el partido es el príncipe moderno, que articula y organiza las pasiones humanas dispersas en una subjetividad política común. Esto significa, el respeto a la diferencia, el debate político permanente y la construcción de un espacio intelectual orgánico común que promueva la proliferación de infinitas esferas organizativas del pueblo, hilvanadas por una sensibilidad y una política también común, capaz de abrigar en su seno a lo distinto, disperso e incluso contradictorio. Ésto garantizaría ganar tanto la guerra de movimiento como la guerra territorial y de posiciones. Da la base, la crítica gramsciana, al libro de Nicolas Bujarin, Teoría del Materialismo Histórico (1921, en donde se habla por primera vez de materialismo dialéctico, términos que nunca fueron utilizados por Marx. Esto es un contrabando posterior). Gramsci en el Cuaderno de La Cárcel número 11, opone la filosofía de la praxis, que liberaría la multiplicidad de prácticas de los sectores subalternos en torno a una hegemonía; al materialismo dialéctico de Stalin, que lo sustraería a un solo tipo de práctica y al burocratismo de un puñado de funcionarios élites. A las observaciones de Gramsci, Stalin responde con una carta fechada en 1923, al Comité Central de La Internacional, sin mencionar expresamente a Gramsci, con un desplante despótico que todavía tiene eco en algunas conciencias dogmáticas. “El marxismo se divide en dos: Materialismo Dialéctico y Materialismo Histórico. Si hay un marxista que no está de acuerdo con ésto, es porque se ha convertido en un revisionista que le hace el juego a las especulaciones filosóficas burguesas y por ello, es enemigo de la Unión Soviética y de la clase obrera mundial. De nuestro materialismo se desprende una sola forma organizativa: El partido y sus frentes”. Desde este momento, se pone en circulación cierta maquinaria que funciona según el modelo jerárquico centralizado, elaborado por Dimitrov y aprobado por el octavo congreso de La Internacional, en donde los frentes populares sustituyen a las organizaciones naturales del pueblo de manera mecánica, a partir de una axiomática muy sencilla: “Así se organizan los revolucionarios”. ¿Por qué?: Porque lo dijo La Internacional del 36, que es marxista (dirigida por Bujarin y Stalin), es decir científica. Esta idea deja de lado a Lenin cuando dice que la organización siempre es táctica, en: “Un frente único de todas las corrientes autónomas obreras, comunistas y socialistas”, de Junio del año 21, tesis avalada por Trotsky y Gramsci. De este modo se positiviza también a la organización revolucionaria, estandarizandola dentro de un solo modelo, que actúa como camisa de fuerza, sobre la rica y diversa experiencia organizativa que desde abajo va surgiendo. Evitando, por ejemplo, que en determinada localidad, se teja una intrincada red espesa de acuerdos solidarios y horizontales que decidan su suerte. De esta forma se “olvida” voluntariamente también, por ejemplo, la experiencia de Turin y los consejos obreros con sus comisiones de fábrica, todo ello sistematizado por el pensamiento de Gramsci y toda la experiencia que dicta el bienio rojo. Entonces se apela a una operación canallesca, se obvia a Gramsci, ya que él es admirado y reconocido; pero se descalifica su propuesta político organizativa acusándola de ultra democrática, espontaneista, filoanarquista y producto de desviaciones pequeño burguesas (no importa que vengan del seno de los obreros industriales más duros e intransigentes con el capital). ¿Por qué? Muy sencillo: No es el modelo oficial y por eso no va a funcionar. Entremos en debate.

miércoles, 1 de abril de 2009

Crisis y Multitud (La Quinta Columna, 01/04/2009)

Algunos, desde el marxismo dogmático o desde el liberalismo, intentan descalificar la fuerza impugnadora y la radicalidad del concepto Multitud, sobre la base del prejuicio y la descalificación. Forzando la balanza para colocarlo sobre la barca de Procusio, aquel que cortaba los pies y la cabeza de los muertos para que entraran en su vehículo y así poder llevarlos al infierno. Son enemigos de esta nueva nomenclatura, aquellos que se quedaron anclados en dos o tres malas lecturas. Se trata de una presión insensata para reducir el concepto y hacerlo pasar como una invención reaccionaria. Nada más alejado de la realidad. Ya lo hemos dicho, La Multitud es el nuevo nombre de la clase en el momento de la sociedad del capitalismo tardío. En el tercer movimiento del metabolismo del capital, es decir, en trance de la sociedad fordista-tailorista a la era de las nuevas tecnologías. Ocurrencia que es producto de la forma en que el capitalismo como lógica se derrama sobre el resto de la sociedad como una cerveza en un mantel, inundando todo y contaminado con su voluntad de mando al mundo de la vida, hasta subordinar incluso la subjetividad de cada individuo. Es el momento en que el capitalismo se reproduce desde el cuerpo humano: El tiempo del biopoder del capital. T. Negri lo dice de esta manera: “Ese enemigo del imperio, al que denominamos Multitud, cultiva sus diferencias en relación al rechazo al poder de mando por parte de la explotación capitalista. La Multitud es un sujeto en acto, es decir, “interregno”, contenido en rebeliones y revueltas, que se expresa en momentos puntuales y desde muchos lados distintos desde aquellos que trabajan y producen. Es una fuerza que puede ser expresada políticamente pero no encerrada por ningún poder, pues ella en sí misma es la fuente de todo poder, y en este sentido sigue siendo una idea de clase, pero ahora con una extensión mayor por tanto integra de manera mucho más clara la idea de heterogeneidad, movimiento, renovación y transformación, con arreglo a las singularidades que la componen”. El tránsito de las sociedades del Estado- Nación a esferas de alianzas polivalentes de intereses supranacionales, que ocupa un arco que va de lo bilateral a lo multinacional, pasando por todo el proceso de mundialización del capital, obliga a afinar la mirada. El concepto Multitud pasa a ser un buen lente. Así como se globaliza la dominación imperial del capital transnacional integrado, se mundializa también su propia crisis. Pero en ese mismo movimiento insurgen también nuevos actores que integran y articulan sus luchas, no desde un frente o una vanguardia clásica, sino desde múltiples frentes y retaguardias. Construyendo vanguardias colectivas y movimientos que desde su autonomía y diversidad van tejiendo redes de reconocimiento y acción común. Comprender que los conceptos no son operativos solamente en el terreno de la ideología y la teoría sino principalmente en el terreno concreto y en la composición de los imaginarios que hacen las luchas, es dar el salto cualitativo al interior de la izquierda y es preparar las condiciones para que desde hoy germine el porvenir en la apuesta con nuevas prácticas de gestión, intervención y liderazgo social. Las prácticas tienen un contenido teórico importante. En nombre de la revolución pueden llevarse a cabo prácticas no revolucionarias, por ejemplo, el burocratismo. Así mismo, ésto puede ocurrir desde el autonomismo comunitario que puede derivar en sectarismo. Por eso, hay que atreverse a vivir la experiencia de vislumbrar de manera política el comunismo siempre presente en La Multitud constituyente.