A principios del año 1935, Albert Einsten escribió en colaboración con los físicos Boris Podolsky y Nathan Rosen, un corto, polémico y hoy célebre artículo en el que se exponía la paradoja EPR, llamada así por las iniciales de los postulantes. Allí se mostraba que, siguiendo los principios de la mecánica cuántica desde la teoría de la incertidumbre; si dos objetos iguales A y B (funciones de hondas, funciones de partículas) que han interactuado durante un tiempo de su historia, luego son separadas incluso por grandes distancias, quedan correlacionados y en relación de reciprocidad para siempre. Podría decirse que hay un compromiso entre ambas partículas, las cuales están dispuestas a correr la misma suerte. Lo que queremos decir es, que las partículas no logran separarse jamás del todo; por lo que una medición que se efectúe sobre una afectará de manera inmediata y simultánea el comportamiento de la otra.
Después de un tiempo, Einsten renegó de tal postulado pues ello negaría las leyes fundamentales de la física clásica, particularmente las referidas al tiempo y al espacio. Se equivocaba el sabio. Años después de su muerte, la teoría hoy conocida como la ley de la reciprocidad, no separatividad o de la solidaridad, ha sido considerada como verdadera, luego de las verificaciones realizadas por Alan Aspect y por su lado, John Bell, a comienzo de los años 80, con un experimento llevado a cabo con granos de luz (fotones). Cuando la dirección de la rotación interior de dichas partículas es igual, se anulan mutuamente dando como resultante un Spin 0. Supongamos que estas partículas se alejan una de la otra quedando ambas a gran distancia y se intenta alterar el Spin de alguno de los dos elementos, entonces ocurrirá que instantáneamente el efecto logrado en A se expresará de manera idéntica en B. Esta extraña situación requeriría una acción de comunicación a distancia, pero la realidad es que las partículas actúan en relación de correspondencia independientemente de constantes reconocidas universalmente como por ejemplo, la velocidad de la luz. Científicos más recientes como Fritjof Capra o Alberto Maturana han hecho extensivos estos principios a otros fenómenos de la naturaleza e incluso a asuntos de la vida social. “Lo que es a la energía es a la materia y lo que es a la materia es a la vida”, reza un principio de La Teoría Gaiha defendida por Edgar Morin.
Hay en la naturaleza una suerte de principios elementales que configuran una lógica de donde podríamos deducir y extraer también una “ética ecológica profunda con implicaciones sociales”. Tenemos mucho que aprender todavía-con urgencia-del comportamiento misterioso de las partículas elementales. Para Capra: “Cuando esta profunda percepción de la naturaleza ecológica de las cosas y de sus relaciones se vuelve parte de la vida cotidiana, emerge un sistema ético revolucionario y radicalmente nuevo”. Reciprocidad, interdependencia, no separatividad, solidaridad son valores humanos universales con los que los físicos teóricos explican lo inexplicable en el misterioso universo de los sistemas vibratorios y tal vez musicales de las funciones de hondas antes de su colapso, es decir, antes de quedar mudos por la maravilla.
jueves, 15 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
La pregunta por la libertad (La Quinta Columna, 08/05/2008)
Vivimos atrapados por un universo de posibilidades más o menos finitas desde el punto de vista de la producción del pensamiento. Hasta que, al borde del límite, hendimos la fractura. Entonces, se produce el estallido, la emergencia, la crisis que hace posible dar el salto y flanquear en una línea de fuga el cuerpo físico de “lo posible”.
El tiempo de una época es la materia prima de la extensión y naturaleza de la pregunta que gobierna el arco existencial de un problema. La pregunta es el lugar de no sutura, de brecha y apertura hacia otros confines.
Los movimientos sociales, las irrupciones esporádicas son tanteos de propuestas que invaden el escenario. No más que intentos, aproximaciones provisionales y sucesivas de un puñado de respuestas posibles que acompañan el recorrido de la pregunta. Lo que va surgiendo es parte de una trama de acontecimientos de la respuesta que vamos construyendo. La desmesura torpe, algún fracaso, no hace más que subrayar y actualizar la pregunta misma sin sepultarla, obligando por ello, a una nueva generación a intentarlo otra vez. Los fracasos son pliegues de la pregunta sobre sí misma, cicatrices dolorosas pero orientadoras; marcas, archivos y memorias que la pregunta levanta junto a sí, para ayudarnos y facilitar el transito hacia nuevas salidas del acertijo. Cuando se instaura una interrogante gobierna una era desde sus seguridades (nada más peligroso que una certeza). Para subvertirla hay que instalarse con la duda allí en el terreno e ir cristalizando bosquejos de respuestas, una pre-visión que va tirando de obsesiones fantasmas para acosar el sueño tranquilo del transcurrir de un tiempo. El sujeto de la respuesta no está predeterminado ni tiene la llave mágica. Más bien, como un malabarista, juega con pequeños bloques flotantes de experiencias, reflexiones, prácticas, discursos, que se van ensamblando para abatir a la pregunta por un tiempo, antes de que ella se levante nuevamente. Esta es la naturaleza de los cambios epocales: Un trance, un lance de dados. “Nada tenemos salvo el tiempo”, diría Baltasar Gracián. Tiempo de la producción de la pregunta y de aquello que la responde al tanto que la interpela.
Hay que hurgar para averiguar cuánto hay de vivo, de actual y de herencia. Qué queda de aquella maravillosa explosión y revuelta que hoy forma parte de los mitos e imaginarios de la izquierda libertaria. “Marcó una brecha. Hizo que nuestros cuerpos se separaran y movieran más rápido que nuestras cabezas”, afirmó una vez Daniel Cohn Bendit, y eso fue posible, gracias a que se trató de una contestación que por instantes se instaló en el límite. En su libro Psychiatrie und Klassen-gesellchaft, Eric Wulff afirma que durante aquellos días se debilitó la normopatía intrínseca de la sociedad, es decir, por unas horas fue sitiada la fortaleza amurallada de “la vida normal”, sembrando por un largo aliento la duda irónica e irreverente contra el poder y la autoridad del Dictat del capital. Eso es suficiente. Por ello Mayo del 68, forma parte de las múltiples formas de ver y de sentir que acompañan a los distintos tiempos de un tiempo plural, que se enfrenta al tiempo reducido a uno, que existe a favor de la lógica uniformadora del mercado. Poco a poco se van produciendo cambios en los recuerdos, suerte de “correcciones perceptivas”. Sin embargo, en las subjetividades rebeldes todavía arden las barricadas y se escucha el grito: “¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!”.
El tiempo de una época es la materia prima de la extensión y naturaleza de la pregunta que gobierna el arco existencial de un problema. La pregunta es el lugar de no sutura, de brecha y apertura hacia otros confines.
Los movimientos sociales, las irrupciones esporádicas son tanteos de propuestas que invaden el escenario. No más que intentos, aproximaciones provisionales y sucesivas de un puñado de respuestas posibles que acompañan el recorrido de la pregunta. Lo que va surgiendo es parte de una trama de acontecimientos de la respuesta que vamos construyendo. La desmesura torpe, algún fracaso, no hace más que subrayar y actualizar la pregunta misma sin sepultarla, obligando por ello, a una nueva generación a intentarlo otra vez. Los fracasos son pliegues de la pregunta sobre sí misma, cicatrices dolorosas pero orientadoras; marcas, archivos y memorias que la pregunta levanta junto a sí, para ayudarnos y facilitar el transito hacia nuevas salidas del acertijo. Cuando se instaura una interrogante gobierna una era desde sus seguridades (nada más peligroso que una certeza). Para subvertirla hay que instalarse con la duda allí en el terreno e ir cristalizando bosquejos de respuestas, una pre-visión que va tirando de obsesiones fantasmas para acosar el sueño tranquilo del transcurrir de un tiempo. El sujeto de la respuesta no está predeterminado ni tiene la llave mágica. Más bien, como un malabarista, juega con pequeños bloques flotantes de experiencias, reflexiones, prácticas, discursos, que se van ensamblando para abatir a la pregunta por un tiempo, antes de que ella se levante nuevamente. Esta es la naturaleza de los cambios epocales: Un trance, un lance de dados. “Nada tenemos salvo el tiempo”, diría Baltasar Gracián. Tiempo de la producción de la pregunta y de aquello que la responde al tanto que la interpela.
Hay que hurgar para averiguar cuánto hay de vivo, de actual y de herencia. Qué queda de aquella maravillosa explosión y revuelta que hoy forma parte de los mitos e imaginarios de la izquierda libertaria. “Marcó una brecha. Hizo que nuestros cuerpos se separaran y movieran más rápido que nuestras cabezas”, afirmó una vez Daniel Cohn Bendit, y eso fue posible, gracias a que se trató de una contestación que por instantes se instaló en el límite. En su libro Psychiatrie und Klassen-gesellchaft, Eric Wulff afirma que durante aquellos días se debilitó la normopatía intrínseca de la sociedad, es decir, por unas horas fue sitiada la fortaleza amurallada de “la vida normal”, sembrando por un largo aliento la duda irónica e irreverente contra el poder y la autoridad del Dictat del capital. Eso es suficiente. Por ello Mayo del 68, forma parte de las múltiples formas de ver y de sentir que acompañan a los distintos tiempos de un tiempo plural, que se enfrenta al tiempo reducido a uno, que existe a favor de la lógica uniformadora del mercado. Poco a poco se van produciendo cambios en los recuerdos, suerte de “correcciones perceptivas”. Sin embargo, en las subjetividades rebeldes todavía arden las barricadas y se escucha el grito: “¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!”.
jueves, 1 de mayo de 2008
Mayo (La Quinta Columna, 01/05/2008)
“Mi defensa es vuestra acusación; mis pretendidos crímenes son vuestra historia… Este veredicto lanzado contra nosotros es el anatema de las clases ricas sobre sus expropiadas víctimas, el inmenso ejercito de los asalariados. Pero si creéis que ahorcándonos podéis contener al movimiento obrero, ese movimiento constante en que se agitan millones de hombres y mujeres que viven en la miseria, los esclavos del salario; si esperáis salvación y lo creéis ¡ahorcadnos! Aquí os halláis sobre un volcán. Allá, acá, debajo, al lado y en todas partes fermenta la revolución libertaria. Es un fuego subterráneo que todo lo mina. Vosotros no podéis detener esto.
Os asemejáis al niño que busca la imagen detrás del espejo. Lo que veis en nuestro movimiento, lo que os asusta, es el reflejo distorsionado de vosotros mismos. Es el reflejo de vuestra mala conciencia, ¿Queréis destruir a los agitadores? Pues aniquilad a los ricos patronos que amasan sus fortunas con el hambre y la explotación de los obreros. Liquidad a los terratenientes que amontonan tesoros con la renta de la tierra que arrancan a los miserables labradores… Suprimíos vosotros mismos porque vuestra existencia, la existencia de una justicia de clases excita el espíritu revolucionario.
¿Qué hemos dicho en nuestros discursos y en nuestros escritos? Hemos explicado al pueblo sus condiciones y relaciones sociales; le hemos hecho ver los fenómenos sociales, las circunstancias y las leyes bajo las cuales se desenvuelven. Hemos probado hasta la saciedad que el sistema del salario es la causa de todas las iniquidades monstruosas que claman al cielo. Nosotros hemos dicho además que el sistema del salario como forma específica del movimiento social, habría de dejar paso a formas más elevadas de civilización; que dicho sistema preparaba el camino y favorecía la fundación de un sistema cooperativo humano y universal; que tal es El Socialismo. Que no se trataba de tal o cual teoría, tal o cual diseño de mejoramiento futuro, que no era materia de elección, sino producto de condiciones y necesidades históricas, y, que para nosotros, la tendencia del progreso social no era otra que la del Anarquismo. Esto es, la de una sociedad libre, sin clases ni burócratas. Una sociedad se productores liberes y soberanos, una sociedad en la que la libertad y la igualdad económica de todos produciría un equilibrio estable como base y condición para el entendimiento y la fraternidad en un nuevo orden natural.
He expuesto mis ideas; ellas constituyen una parte de mí mismo. No puedo prescindir de ellas, y aunque quisiera no podría. Y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que ganan más y más terreno cada día, mandándonos a la horca; sí una vez más aplicad la pena de muerte por atrevernos a decir la verdad, os desafiamos a demostrar que hemos mentido alguna vez, yo os digo: si la muerte es la pena que imponéis por proclamar la libertad y la verdad, entonces estoy dispuesto a pagar tan costoso precio ¡Ahorcadnos! La verdad crucificada en Sócrates, en Cristo, en Jordano Bruno, en Juan de Huss, en Galileo, vive todavía; estos y otros muchos nos han precedido en el pasado. ¡Nosotros estamos pronto a seguirles!
¡La causa del pueblo, la causa de la libertad de los trabajadores no se detiene con horcas!” (Discurso de Augusto Spies, uno de los líderes de la insurrección obrera del 1 de Mayo de 1886, en Chicago).
Os asemejáis al niño que busca la imagen detrás del espejo. Lo que veis en nuestro movimiento, lo que os asusta, es el reflejo distorsionado de vosotros mismos. Es el reflejo de vuestra mala conciencia, ¿Queréis destruir a los agitadores? Pues aniquilad a los ricos patronos que amasan sus fortunas con el hambre y la explotación de los obreros. Liquidad a los terratenientes que amontonan tesoros con la renta de la tierra que arrancan a los miserables labradores… Suprimíos vosotros mismos porque vuestra existencia, la existencia de una justicia de clases excita el espíritu revolucionario.
¿Qué hemos dicho en nuestros discursos y en nuestros escritos? Hemos explicado al pueblo sus condiciones y relaciones sociales; le hemos hecho ver los fenómenos sociales, las circunstancias y las leyes bajo las cuales se desenvuelven. Hemos probado hasta la saciedad que el sistema del salario es la causa de todas las iniquidades monstruosas que claman al cielo. Nosotros hemos dicho además que el sistema del salario como forma específica del movimiento social, habría de dejar paso a formas más elevadas de civilización; que dicho sistema preparaba el camino y favorecía la fundación de un sistema cooperativo humano y universal; que tal es El Socialismo. Que no se trataba de tal o cual teoría, tal o cual diseño de mejoramiento futuro, que no era materia de elección, sino producto de condiciones y necesidades históricas, y, que para nosotros, la tendencia del progreso social no era otra que la del Anarquismo. Esto es, la de una sociedad libre, sin clases ni burócratas. Una sociedad se productores liberes y soberanos, una sociedad en la que la libertad y la igualdad económica de todos produciría un equilibrio estable como base y condición para el entendimiento y la fraternidad en un nuevo orden natural.
He expuesto mis ideas; ellas constituyen una parte de mí mismo. No puedo prescindir de ellas, y aunque quisiera no podría. Y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que ganan más y más terreno cada día, mandándonos a la horca; sí una vez más aplicad la pena de muerte por atrevernos a decir la verdad, os desafiamos a demostrar que hemos mentido alguna vez, yo os digo: si la muerte es la pena que imponéis por proclamar la libertad y la verdad, entonces estoy dispuesto a pagar tan costoso precio ¡Ahorcadnos! La verdad crucificada en Sócrates, en Cristo, en Jordano Bruno, en Juan de Huss, en Galileo, vive todavía; estos y otros muchos nos han precedido en el pasado. ¡Nosotros estamos pronto a seguirles!
¡La causa del pueblo, la causa de la libertad de los trabajadores no se detiene con horcas!” (Discurso de Augusto Spies, uno de los líderes de la insurrección obrera del 1 de Mayo de 1886, en Chicago).
jueves, 17 de abril de 2008
Abril (La Quinta Columna, 17/04/2008)
Abril
Estudiar matemáticamente el paisaje para comprender el acontecimiento, tener conciencia del clima y de sus turbulencias (especialmente el clima político), es la recomendación del filósofo Vattimo. Para comprender la historia no hay que ser historiador, hay que actuar rápido y comportarse como un geógrafo. Saber reconocer la influencia de las alturas, las depresiones, las convergencias inesperadas y las bifurcaciones del terreno. Cartografiar los devenires, sus contradicciones y afinidades. Será histórico aquello que marca una región del tiempo sin detener su recorrido. El evento siempre presente y por ello atemporal y paradójicamente, en segundo movimiento, también transhistórico. Ello implica cierta actuación de los espacios distribuidos para una peculiar composición de hombres; sus tecnologías, encadenamientos, aparatos de Estado, mobiliarios, lealtades, traiciones, omisiones. Ademanes como un silbido, un escrito, el movimiento de la mano y por supuesto el heroísmo, la apuesta por una poética discursiva común. No olvidemos colocar lo simultáneo y algo de caos para explorar los azares. Historiar es una suerte de capacidad ubicua. Sincronizarse con la simultaneidad de lo que llamara Deleuze “el régimen pasional de una época”.Colocarse en la travesía de la fecha, en las nomenclaturas y nombres que va anunciando, las formaciones discursivas a que da lugar cuando se erige en referencia que actúa como un pico o meseta que se comunica al borde de su propio límite con otras eras y así se actualiza saliendo de sus limitaciones fragmentarias, haciéndose archivo, memoria.
Los momentos fechados son montañas tapizadas de mil caminos que se abren en pulpo a multivocidad de conexiones. De ellas surgen danzas rituales y nuevos movimientos que reproducen momentos e imágenes asociadas a una narrativa. Son síntomas y fiebres; fracturas que nos permiten mirar a través, hacia delante y hacia atrás. Lo que miramos por la rendija es un trazo arqueológico que podemos llamar “idea”. Cuando eso ocurre, en términos bergsonianos, hemos logrado “la conexión” con lo particular, con la verdad de un momento que se auto trasciende y se hace universal. Todas estas piezas sueltas hacen máquina con el presente y constituyen un devenir, que podríamos llamar el espíritu de una época. Weber llamaba a estos ratos: “momentos bisagra”. Auténticas inflexiones que tuercen recorridos, que asaltan con su emergencia toda cotidianidad. Instantes que logran que sus protagonistas rivalicen con la muerte. Tales intensidades son siempre elecciones que contestan contra el poder y la opresión. Son “líneas de fuga” que se atreven a otras trazas, como quien en una tormenta se arroja al mar. Arrojamiento tan asociado a la vida, como a la locura o la muerte. Miller aseguraba que podía toparse con ellas en cualquier molécula o fibra nerviosa: “en la tensión de los hilos de una tela araña”. Melville nos habla, en Moby Dick, de “una línea de ballena que puede arrastrarnos, aplastarnos o estrangularnos”. Líneas que pueden mantenerse mucho tiempo sumergidas, pero cuando salen de nuevo a la superficie y se hacen visibles, irrumpen y se despliegan con infinita fuerza. Ellas crean zonas amigas desde donde es posible resistir, respirar, apoyarse, luchar, sonreir. En fin, vivir de nuevo. Habría que ceñirse a esta epistemología para poder leer el hermoso y largo día que nos cubre desde aquel 19 de Abril de 1810.
Estudiar matemáticamente el paisaje para comprender el acontecimiento, tener conciencia del clima y de sus turbulencias (especialmente el clima político), es la recomendación del filósofo Vattimo. Para comprender la historia no hay que ser historiador, hay que actuar rápido y comportarse como un geógrafo. Saber reconocer la influencia de las alturas, las depresiones, las convergencias inesperadas y las bifurcaciones del terreno. Cartografiar los devenires, sus contradicciones y afinidades. Será histórico aquello que marca una región del tiempo sin detener su recorrido. El evento siempre presente y por ello atemporal y paradójicamente, en segundo movimiento, también transhistórico. Ello implica cierta actuación de los espacios distribuidos para una peculiar composición de hombres; sus tecnologías, encadenamientos, aparatos de Estado, mobiliarios, lealtades, traiciones, omisiones. Ademanes como un silbido, un escrito, el movimiento de la mano y por supuesto el heroísmo, la apuesta por una poética discursiva común. No olvidemos colocar lo simultáneo y algo de caos para explorar los azares. Historiar es una suerte de capacidad ubicua. Sincronizarse con la simultaneidad de lo que llamara Deleuze “el régimen pasional de una época”.Colocarse en la travesía de la fecha, en las nomenclaturas y nombres que va anunciando, las formaciones discursivas a que da lugar cuando se erige en referencia que actúa como un pico o meseta que se comunica al borde de su propio límite con otras eras y así se actualiza saliendo de sus limitaciones fragmentarias, haciéndose archivo, memoria.
Los momentos fechados son montañas tapizadas de mil caminos que se abren en pulpo a multivocidad de conexiones. De ellas surgen danzas rituales y nuevos movimientos que reproducen momentos e imágenes asociadas a una narrativa. Son síntomas y fiebres; fracturas que nos permiten mirar a través, hacia delante y hacia atrás. Lo que miramos por la rendija es un trazo arqueológico que podemos llamar “idea”. Cuando eso ocurre, en términos bergsonianos, hemos logrado “la conexión” con lo particular, con la verdad de un momento que se auto trasciende y se hace universal. Todas estas piezas sueltas hacen máquina con el presente y constituyen un devenir, que podríamos llamar el espíritu de una época. Weber llamaba a estos ratos: “momentos bisagra”. Auténticas inflexiones que tuercen recorridos, que asaltan con su emergencia toda cotidianidad. Instantes que logran que sus protagonistas rivalicen con la muerte. Tales intensidades son siempre elecciones que contestan contra el poder y la opresión. Son “líneas de fuga” que se atreven a otras trazas, como quien en una tormenta se arroja al mar. Arrojamiento tan asociado a la vida, como a la locura o la muerte. Miller aseguraba que podía toparse con ellas en cualquier molécula o fibra nerviosa: “en la tensión de los hilos de una tela araña”. Melville nos habla, en Moby Dick, de “una línea de ballena que puede arrastrarnos, aplastarnos o estrangularnos”. Líneas que pueden mantenerse mucho tiempo sumergidas, pero cuando salen de nuevo a la superficie y se hacen visibles, irrumpen y se despliegan con infinita fuerza. Ellas crean zonas amigas desde donde es posible resistir, respirar, apoyarse, luchar, sonreir. En fin, vivir de nuevo. Habría que ceñirse a esta epistemología para poder leer el hermoso y largo día que nos cubre desde aquel 19 de Abril de 1810.
jueves, 10 de abril de 2008
Yesenia (La Quinta Columna, 10/04/2008)
Un nombre a veces no nos dice nada. La misma ocurrencia la tienen las palabras. ¡Cuidado cuando se mezclan, entrecruzan y hacen metonimia con los prejuicios!
Once de abril del 93. La reunión no terminó tan tarde. Como de costumbre se despidió de sus camaradas y se marchó por el camino de siempre. Fue sólo en el instante del disparo, cuando supo que estaba irremediablemente en manos de la muerte. El informe forense indica que Chris Hani recibió cientos de golpes y un tiro en la cara antes de abandonar este mundo. Horas después, sus asesinos fueron capturados celebrando, borrachos, en un bar de Pretoria, frecuentado por militantes de la juventud Apartheid de Sudáfrica. En su defensa argumentaron que lo hicieron porque se trataba de un comunista. “Negro y comunista, entonces merecía morir”. Comunista: Un nombre que no es cualquier nombre común. Término que para algunos resulta temible, doloroso y por ello también abominable. Pudo haber sido Judío, Musulmán, o qué se yo… Chris Hani había decidido abandonar el CNA y con ello cualquier cargo o prebenda, para consagrarse de por vida al peligroso oficio de darse a los demás por entero, haciéndose comunista, lo que en la Sudáfrica del Apartheid era igual que jugar con la muerte.
A eso de las cuatro de la tarde del 11de Abril de 2002, Yesenia Fuentes, se encontraba en las inmediaciones de Puente Yaguno, en una manifestación pacífica permitida, en respaldo al presidente Chávez. Recibió un disparo en la cara. Paradójicamente, Yesenía corrió con más fortuna que Chris, pues ese día, decenas cayeron muertos o quedaron gravemente lesionados de por vida por ser bolivarianos. Otros tantos, del lado de la oposición, también resultaron heridos o muertos, por prestarse a la aventura de la intolerancia, de manos de alguno de aquellos involucrados en el Golpe de Estado. Las transmisiones de radio de la PM de entonces, decían: “Dispárenle a la chusma” y los canales de TV satanizaban hasta la condena a muerte a todo aquel que simpatizara con Chávez. Demostración para la historia y la memoria de que aquí también hay fascismo para rato.
Luego las cosas se fueron aclarando poco a poco y los que gritaban furibundos: “!Prohibido Olvidar¡” se dieron a la fuga y se sumieron en las aguas profundas del olvido instantáneo.
Diría el maestro Derrida que, la vida y la muerte siempre únicas, son un paradigma; más que un símbolo. “Y es esto lo que un nombre propio debe nombrar”. De cuando en cuando me topo con Yesenia. Ahora consagra su vida a un apostolado. Es miembro de ASOVIC, la organización que agrupa a las víctimas del 11 de Abril. En esos encuentros no puedo evitar la emoción. La recuerdo con el rostro ensangrentado, en la madrugada del 12 para amanecer el día 13, en las afueras de Miraflores, exigiendo el retorno de Chávez. No se confundió, no se escondió. Dejó a sus muchachos con su mamá, pasó por varias funerarias y se vino a la calle con los que no tiene privilegios ni rostro ni voz, mientras otros, tal vez los asesinos, celebraban borrachos en la quinta La Unidad. ¡Qué valor y qué entrega la de Yesenia! Para Chris hubo justicia. Aquí Yesenia sigue esperando. Algunos nombres comunes contienen fechas y acontecimientos que son como tatuajes en el alma. Al respecto Derrida nos dice: “Alguien, como usted o como yo, se adelanta y nos dice que quisiera aprender a vivir por fin. Hay que contestarles: ¡Qué aprenderías? ¿Y de quién?”.
Once de abril del 93. La reunión no terminó tan tarde. Como de costumbre se despidió de sus camaradas y se marchó por el camino de siempre. Fue sólo en el instante del disparo, cuando supo que estaba irremediablemente en manos de la muerte. El informe forense indica que Chris Hani recibió cientos de golpes y un tiro en la cara antes de abandonar este mundo. Horas después, sus asesinos fueron capturados celebrando, borrachos, en un bar de Pretoria, frecuentado por militantes de la juventud Apartheid de Sudáfrica. En su defensa argumentaron que lo hicieron porque se trataba de un comunista. “Negro y comunista, entonces merecía morir”. Comunista: Un nombre que no es cualquier nombre común. Término que para algunos resulta temible, doloroso y por ello también abominable. Pudo haber sido Judío, Musulmán, o qué se yo… Chris Hani había decidido abandonar el CNA y con ello cualquier cargo o prebenda, para consagrarse de por vida al peligroso oficio de darse a los demás por entero, haciéndose comunista, lo que en la Sudáfrica del Apartheid era igual que jugar con la muerte.
A eso de las cuatro de la tarde del 11de Abril de 2002, Yesenia Fuentes, se encontraba en las inmediaciones de Puente Yaguno, en una manifestación pacífica permitida, en respaldo al presidente Chávez. Recibió un disparo en la cara. Paradójicamente, Yesenía corrió con más fortuna que Chris, pues ese día, decenas cayeron muertos o quedaron gravemente lesionados de por vida por ser bolivarianos. Otros tantos, del lado de la oposición, también resultaron heridos o muertos, por prestarse a la aventura de la intolerancia, de manos de alguno de aquellos involucrados en el Golpe de Estado. Las transmisiones de radio de la PM de entonces, decían: “Dispárenle a la chusma” y los canales de TV satanizaban hasta la condena a muerte a todo aquel que simpatizara con Chávez. Demostración para la historia y la memoria de que aquí también hay fascismo para rato.
Luego las cosas se fueron aclarando poco a poco y los que gritaban furibundos: “!Prohibido Olvidar¡” se dieron a la fuga y se sumieron en las aguas profundas del olvido instantáneo.
Diría el maestro Derrida que, la vida y la muerte siempre únicas, son un paradigma; más que un símbolo. “Y es esto lo que un nombre propio debe nombrar”. De cuando en cuando me topo con Yesenia. Ahora consagra su vida a un apostolado. Es miembro de ASOVIC, la organización que agrupa a las víctimas del 11 de Abril. En esos encuentros no puedo evitar la emoción. La recuerdo con el rostro ensangrentado, en la madrugada del 12 para amanecer el día 13, en las afueras de Miraflores, exigiendo el retorno de Chávez. No se confundió, no se escondió. Dejó a sus muchachos con su mamá, pasó por varias funerarias y se vino a la calle con los que no tiene privilegios ni rostro ni voz, mientras otros, tal vez los asesinos, celebraban borrachos en la quinta La Unidad. ¡Qué valor y qué entrega la de Yesenia! Para Chris hubo justicia. Aquí Yesenia sigue esperando. Algunos nombres comunes contienen fechas y acontecimientos que son como tatuajes en el alma. Al respecto Derrida nos dice: “Alguien, como usted o como yo, se adelanta y nos dice que quisiera aprender a vivir por fin. Hay que contestarles: ¡Qué aprenderías? ¿Y de quién?”.
jueves, 3 de abril de 2008
Yo en El Otro (La Quinta Columna, 03/04/2008)
El poeta Valery decía, maravillado, que “en La Modernidad, la realidad es todo aquello que se soporta así mismo como por arte de magia”. Qué diría el poeta si conociera La conchupancia cómplice existente hoy entre política y mediática. Se cumple así de algún modo la profecía de Oscar Wilde, en El Retrato de Dorian Gray y su doble transferencia.
¿Cómo es posible que algo así ocurra? Veamos. La incompletitud o comprensión de la carencia, la conciencia de una existencia incompleta, precaria y prematura, que no permite caminar por sí mismo, produce en muchas especies la identificación camaleónica, en busca de seguridad y protección, un fenómeno conocido como mimetismo, operación por medio de la cual se adoptan los comportamientos, figuras o colores del otro o del entorno. Podemos hacer una traslación de este fenómeno a la vida humana. Ciertas poses y sus mascaras consiguen una explicación a partir de la teoría de J. Lacan, sobre “El estadio del espejo”. Aquí también se trata de un proceso mimético que opera por captura imaginaria de un objeto, por parte de un individuo, que termina aferrándose a una imagen externa a él. Este proceso de “identificación alienada” con el objeto externo, termina por sustituir la visión que debe tenerse de uno mismo. El individuo subsumido en una imagen, puede, ya entrado en personaje, hacer cosas y adoptar conductas que de otro modo no asumiría.
Pero esta metamorfosis se paga cara. Al ocupar el lugar del otro, es decir, al asumir una imagen, dejo de ser yo. Si ocupo el lugar de otro, cuando a él lo acaricien sonreiré y cuando lo golpeen lloraré. Sí el otro quiere algo yo también. Atrapado en la burbuja de una imagen ajena y ya fuera de mi mismo, surge la “alienación esencial”, el Yo en el Otro lacaniano. Entonces, por ejemplo, como por arte de magia, de la bocota de ciertos políticos surge la consigna: “con mis medios no te metas”.
El Yo, sede del narcisismo, se dispara y se coloca en otra parte, produciendo un estado de fragmentación e inautenticidad que oculta la inmadurez y la profunda desunión constitutiva de muchas perturbaciones. En resumen, transferir el Yo a otra parte, por ejemplo, a un medio de comunicación, permite presentar la inmadurez y falta de rumbo, como su contrario y la desunión fundante de ciertos grupos como unidad, ocultando la profunda fragmentación constitutiva de ese sector social. Por último, como no existo sin el medio al que me transfiero y con el cual me identifico, es él quien dirige mis acciones y decide mis intereses. Mi vida se mimetiza con la suya, haciendo desaparecer en mi, cualquier otra lealtad política.
“Ten cuidado con la imagen”, alertaba siempre el psiquiatra y filosofo francés, Jaques Lacan. Esta precaución debería ser el norte de aquellos que reducen su acción política a la recurrente exposición mediática, particularmente los políticos de la derecha que ya se lanzaron en feroz campaña. Pero ¡ojo caro lector, no te dejes confundir, ellos no son ellos! La imagen que aparece en pantalla es un espectro del propio medio que como manipulador del muñeco de un ventrílocuo, hace hablar a sus propios intereses por boca prestada. Diría Teodoro Adorno, “en los medios, lo real es lo no verdadero”.
¿Cómo es posible que algo así ocurra? Veamos. La incompletitud o comprensión de la carencia, la conciencia de una existencia incompleta, precaria y prematura, que no permite caminar por sí mismo, produce en muchas especies la identificación camaleónica, en busca de seguridad y protección, un fenómeno conocido como mimetismo, operación por medio de la cual se adoptan los comportamientos, figuras o colores del otro o del entorno. Podemos hacer una traslación de este fenómeno a la vida humana. Ciertas poses y sus mascaras consiguen una explicación a partir de la teoría de J. Lacan, sobre “El estadio del espejo”. Aquí también se trata de un proceso mimético que opera por captura imaginaria de un objeto, por parte de un individuo, que termina aferrándose a una imagen externa a él. Este proceso de “identificación alienada” con el objeto externo, termina por sustituir la visión que debe tenerse de uno mismo. El individuo subsumido en una imagen, puede, ya entrado en personaje, hacer cosas y adoptar conductas que de otro modo no asumiría.
Pero esta metamorfosis se paga cara. Al ocupar el lugar del otro, es decir, al asumir una imagen, dejo de ser yo. Si ocupo el lugar de otro, cuando a él lo acaricien sonreiré y cuando lo golpeen lloraré. Sí el otro quiere algo yo también. Atrapado en la burbuja de una imagen ajena y ya fuera de mi mismo, surge la “alienación esencial”, el Yo en el Otro lacaniano. Entonces, por ejemplo, como por arte de magia, de la bocota de ciertos políticos surge la consigna: “con mis medios no te metas”.
El Yo, sede del narcisismo, se dispara y se coloca en otra parte, produciendo un estado de fragmentación e inautenticidad que oculta la inmadurez y la profunda desunión constitutiva de muchas perturbaciones. En resumen, transferir el Yo a otra parte, por ejemplo, a un medio de comunicación, permite presentar la inmadurez y falta de rumbo, como su contrario y la desunión fundante de ciertos grupos como unidad, ocultando la profunda fragmentación constitutiva de ese sector social. Por último, como no existo sin el medio al que me transfiero y con el cual me identifico, es él quien dirige mis acciones y decide mis intereses. Mi vida se mimetiza con la suya, haciendo desaparecer en mi, cualquier otra lealtad política.
“Ten cuidado con la imagen”, alertaba siempre el psiquiatra y filosofo francés, Jaques Lacan. Esta precaución debería ser el norte de aquellos que reducen su acción política a la recurrente exposición mediática, particularmente los políticos de la derecha que ya se lanzaron en feroz campaña. Pero ¡ojo caro lector, no te dejes confundir, ellos no son ellos! La imagen que aparece en pantalla es un espectro del propio medio que como manipulador del muñeco de un ventrílocuo, hace hablar a sus propios intereses por boca prestada. Diría Teodoro Adorno, “en los medios, lo real es lo no verdadero”.
jueves, 27 de marzo de 2008
Síndrome de Munchausen (La Quinta Columna 27/03/2008)
Entre las profundidades de la noche, se abre paso una figura grácil, femenina. Con un movimiento maquinal toma una almohada y la coloca suavemente sobre el rostro dormido de su hijo, poco a poco va aumentando la presión, ahogando el llanto desesperado del indefenso niño en la asfixia mecánica que le produce. Ella vive entre dos tinieblas y allí quiere llevar a su criatura. Esta vez llegaron los paramédicos, y no pudo colocarlo en la oscuridad de la muerte. Pero tarde o temprano lo logrará, pues la escena se repetirá mil veces.
Con cámaras ocultas se ha podido dar con la responsabilidad criminal de madres como Julyt Gregory o Tania Withrite, quienes, en los Estados Unidos, han sido acusadas de asesinar a sus hijos. Entramos en la retorcida y tenebrosa morada de una de las más perversas formas de narcisismo. Se trata del llamado Síndrome de Munchausen por Poder. Suerte de desbarajuste emocional que afecta a un puñado de desafortunadas madres que llegan al extremo de pregeniar distintas formas de tortura sobre sus propios hijos, todo esto para contar con la recompensa de llamar la atención y conseguir un poco de afecto dentro de una situación en la que sienten que controlan el poder.
Para el filósofo francés, Gilles Deleuze, todas las así llamadas perversiones o desviaciones psicológicas tienen siempre un carácter político que puede observarse desde el rango de las prácticas individuales, hasta el abanico de los comportamientos colectivos. Así, el devenir maniaco del hedonismo narcisista, es propio también del fascismo, particularmente vampírico y venenoso en su vedetismo. Despliegue que complementa la compulsión neurótica y obsesiva por el orden, de ciertos reducidos segmentos de las capas medias.
De manera que siguiendo esta invitación deleuzeana, a leer políticamente el psicoanálisis y viceversa, podemos aproximarnos a una explicación tentativa al comportamiento de los medios en relación con los mimos que apresta a su último engendro, parido desde las mismísimas entrañas de los laboratorios mediáticos y amamantados con esmero por cámaras y micrófonos. Pero, ¡Dios sea loado por sus paradojas! Lo mismo que ha servido para darles vida política a los jóvenes de la derecha universitaria, es aquello que los va asfixiando poco a poco.
En días recientes contemple con estupor a uno de estos muchachos-mezcla de rostro de Lusinchi joven, creído, seguro de sí mismo, con pose de experto en todo-pontificando sobre la eliminación de la prueba de aptitud académica para que los pobres puedan entrar en las universidades. Entonces, lo que salio por esa boquita no fue más que un balbuceo, un mandibuleo chicloso lleno de: “o sea y todo”, prejuicios clasistas, lugares comunes y todo tipo de incoherencias. El producto de la soberbia cuando se mezcla con la ignorancia.
Entre las profundidades del día, se abre paso una figura grácil, femenina de una periodista. Con un movimiento maquinal toma una un micrófono y una cámara en forma de almohada y la coloca suavemente sobre el rostro desdibujado de un dirigente estudiantil de derecha ¡Cuidado Goicoechea! Escóndete, mira que por allí anda un canal de TV opositor-tu madre, o padre, ¿Qué más da?- dispuesto a asesinarte políticamente. Tarde o temprano lo logrará, pues la escena se repite mil veces.
Con cámaras ocultas se ha podido dar con la responsabilidad criminal de madres como Julyt Gregory o Tania Withrite, quienes, en los Estados Unidos, han sido acusadas de asesinar a sus hijos. Entramos en la retorcida y tenebrosa morada de una de las más perversas formas de narcisismo. Se trata del llamado Síndrome de Munchausen por Poder. Suerte de desbarajuste emocional que afecta a un puñado de desafortunadas madres que llegan al extremo de pregeniar distintas formas de tortura sobre sus propios hijos, todo esto para contar con la recompensa de llamar la atención y conseguir un poco de afecto dentro de una situación en la que sienten que controlan el poder.
Para el filósofo francés, Gilles Deleuze, todas las así llamadas perversiones o desviaciones psicológicas tienen siempre un carácter político que puede observarse desde el rango de las prácticas individuales, hasta el abanico de los comportamientos colectivos. Así, el devenir maniaco del hedonismo narcisista, es propio también del fascismo, particularmente vampírico y venenoso en su vedetismo. Despliegue que complementa la compulsión neurótica y obsesiva por el orden, de ciertos reducidos segmentos de las capas medias.
De manera que siguiendo esta invitación deleuzeana, a leer políticamente el psicoanálisis y viceversa, podemos aproximarnos a una explicación tentativa al comportamiento de los medios en relación con los mimos que apresta a su último engendro, parido desde las mismísimas entrañas de los laboratorios mediáticos y amamantados con esmero por cámaras y micrófonos. Pero, ¡Dios sea loado por sus paradojas! Lo mismo que ha servido para darles vida política a los jóvenes de la derecha universitaria, es aquello que los va asfixiando poco a poco.
En días recientes contemple con estupor a uno de estos muchachos-mezcla de rostro de Lusinchi joven, creído, seguro de sí mismo, con pose de experto en todo-pontificando sobre la eliminación de la prueba de aptitud académica para que los pobres puedan entrar en las universidades. Entonces, lo que salio por esa boquita no fue más que un balbuceo, un mandibuleo chicloso lleno de: “o sea y todo”, prejuicios clasistas, lugares comunes y todo tipo de incoherencias. El producto de la soberbia cuando se mezcla con la ignorancia.
Entre las profundidades del día, se abre paso una figura grácil, femenina de una periodista. Con un movimiento maquinal toma una un micrófono y una cámara en forma de almohada y la coloca suavemente sobre el rostro desdibujado de un dirigente estudiantil de derecha ¡Cuidado Goicoechea! Escóndete, mira que por allí anda un canal de TV opositor-tu madre, o padre, ¿Qué más da?- dispuesto a asesinarte políticamente. Tarde o temprano lo logrará, pues la escena se repite mil veces.
martes, 11 de marzo de 2008
La profundidad de la piel (La Quinta Columna 11/03/2008)
Para el filósofo francés Michel Foucault, la política podía explicarse con esta frase del poeta Valery: “Lo más profundo es la piel”. Una idea hermosa que descubre las profundidades del arte de las superficies. Paradoja que conocen los arqueólogos. Deben escarbar para descubrir qué nos deparan las nuevas capas de superficie para que lo oculto salga a la luz. El arte de la política debe permitirnos reconocer en los tiempos que corren, los eventos que nos guiñan los ojos y nos permiten descubrir las mascaras susceptibles de desnudarse para mostrar su verdad, para tomar las cosas allí donde nacen, hender las palabras y así colocarnos en la “emergencia” que permite sumergirse en el instante-acontecimiento de la verdad política.
Con esta referencia en mente, topamos con los actos y concentraciones de la oposición en relación con las candidaturas electorales para las elecciones regionales. Encontramos que todas compiten por ser cada una más escasa que la otra, en cuanto a ideas y también a concurrencia. Pura escenografía y maquinaria ¿A dónde fue la presencia tumultuosa de opositores anti reforma? Al menos por ahora no se sienten convocados. Nadie se anima ante las apetencias político partidista y los liderazgos que se ofertan. Cada vez que sale al ruedo uno de ellos se escucha el bostezo general. A los seguidores de la oposición los entusiasman banderas “más elevadas”, luchas antipartido, presuntas “grandes causas” puestas de moda y promovidas de forma unánime por sus medios. Todo lo demás es inactual, no hay cable a tierra, porque en el fondo es más cómodo movilizarse en torno a consignas generales antipoder, que ante una sospechosa propuesta de poder. Los opositores no quieren a Chávez, pero se ven en el espejo de Carmona con todo su derroche de miseria humana y entonces movilizan su conciencia infeliz ante cualquier candidato. Desconfían de todo aquel que desde sus filas tenga alguna pretensión, pues en última instancia es percibido como un oportunista que se recuesta del movimiento general para lograr su objetivo particular.
De allí la simpatía que despiertan los jóvenes de derecha de las universidades privadas en este sector (siempre se trata de un régimen de opinión, una mirada rápida sobre la cosa antes que desaparezca). Son vistos como idealistas y bien intencionados, sin ninguna aspiración personal. En lo que aspiren a algo perderán su capital político y desvanecerán su carisma como el humo. Pero la ambición es ciega y andan haciendo caminatas con candidatos, en mítines sin esperanza y hasta lanzados a cargos. Vaya paradoja para la oposición: Los líderes con los que cuentan son de dudoza reputación y no gustan para puesto alguno y los emergentes, deben mantenerse impolutos o de lo contrario pierden el beneficio de la magia carismática que les depara este instante de virginidad.
Ocurre que la oposición es una masa de individuos, no una multitud colectiva y en ese sentido, secretamente, en la dimensión del individuo, ninguno de sus miembros perdona que otro desee lo mismo que él. Es la guerra por El Anillo. Tendrían que flanquear este dispositivo (el que Foucault describiera como el mundo de los sujetos infames, es decir, el de aquellos atrapados en la oscuridad de sus vidas interiores, sin fama, sin flama) y generar una línea de fuga que los lleve al poder. Pero esta es otra historia, dirían en Las Mil y Una Noches. Los indios navajos solían clavar un cuchillo en la tierra y colocar el oído en la empuñadura para escuchar por este auricular. Recomendamos a los sesudos analistas de los medios recorrer estos caminos a ver si salen del resbaloso laberinto en el que se encuentran. Solo así se puede cartografiar el presente para hundirse en las profundidades de tales superficies.
Con esta referencia en mente, topamos con los actos y concentraciones de la oposición en relación con las candidaturas electorales para las elecciones regionales. Encontramos que todas compiten por ser cada una más escasa que la otra, en cuanto a ideas y también a concurrencia. Pura escenografía y maquinaria ¿A dónde fue la presencia tumultuosa de opositores anti reforma? Al menos por ahora no se sienten convocados. Nadie se anima ante las apetencias político partidista y los liderazgos que se ofertan. Cada vez que sale al ruedo uno de ellos se escucha el bostezo general. A los seguidores de la oposición los entusiasman banderas “más elevadas”, luchas antipartido, presuntas “grandes causas” puestas de moda y promovidas de forma unánime por sus medios. Todo lo demás es inactual, no hay cable a tierra, porque en el fondo es más cómodo movilizarse en torno a consignas generales antipoder, que ante una sospechosa propuesta de poder. Los opositores no quieren a Chávez, pero se ven en el espejo de Carmona con todo su derroche de miseria humana y entonces movilizan su conciencia infeliz ante cualquier candidato. Desconfían de todo aquel que desde sus filas tenga alguna pretensión, pues en última instancia es percibido como un oportunista que se recuesta del movimiento general para lograr su objetivo particular.
De allí la simpatía que despiertan los jóvenes de derecha de las universidades privadas en este sector (siempre se trata de un régimen de opinión, una mirada rápida sobre la cosa antes que desaparezca). Son vistos como idealistas y bien intencionados, sin ninguna aspiración personal. En lo que aspiren a algo perderán su capital político y desvanecerán su carisma como el humo. Pero la ambición es ciega y andan haciendo caminatas con candidatos, en mítines sin esperanza y hasta lanzados a cargos. Vaya paradoja para la oposición: Los líderes con los que cuentan son de dudoza reputación y no gustan para puesto alguno y los emergentes, deben mantenerse impolutos o de lo contrario pierden el beneficio de la magia carismática que les depara este instante de virginidad.
Ocurre que la oposición es una masa de individuos, no una multitud colectiva y en ese sentido, secretamente, en la dimensión del individuo, ninguno de sus miembros perdona que otro desee lo mismo que él. Es la guerra por El Anillo. Tendrían que flanquear este dispositivo (el que Foucault describiera como el mundo de los sujetos infames, es decir, el de aquellos atrapados en la oscuridad de sus vidas interiores, sin fama, sin flama) y generar una línea de fuga que los lleve al poder. Pero esta es otra historia, dirían en Las Mil y Una Noches. Los indios navajos solían clavar un cuchillo en la tierra y colocar el oído en la empuñadura para escuchar por este auricular. Recomendamos a los sesudos analistas de los medios recorrer estos caminos a ver si salen del resbaloso laberinto en el que se encuentran. Solo así se puede cartografiar el presente para hundirse en las profundidades de tales superficies.
jueves, 28 de febrero de 2008
27-F y los efectos del cloroformo (La Quinta Columna, 28/02/2008)
El sueño y la memoria, obsesión permanente del cine y la literatura. “Esos dos tesoros ocultos”, nos dice J. L Borges, para referirse a la memoria y al olvido, extraña dialéctica del tiempo que se teje haciendo el mundo de los imaginarios colectivos, alejándonos del horror de lo vivido. Por ejemplo, Hiroshima. Esa anomalía salvaje que fuera Spinoza, reflexionaba en su Tratado de La Reforma del Entendimiento, asegurando que “la memoria se robustece con la ayuda del entendimiento”. Dicha impresión-dice el filósofo-se disipará en el tiempo producto de otras impresiones que corrompen las ideas.
Sin embargo, hay muchos otros fantasmas obsesivos y recurrentes en la fuerza de la memoria, espectros que nos miran a pesar de todo esfuerzo por sepultarlos en el olvido. Son suerte de tatuajes mutantes que de cuando en cuando arden como un cicatriz viva. Marcas que cruzan los registros de todos los archivos individuales y colectivos. Contra ellos no hay antídotos, se impone siempre la conciencia infeliz. Nadie ha podido apelar a prestidigitadores mágicos. Ni siquiera sirve la toda poderosa sobre información o saturación mediática. Son espectros contra los cuales no hay exorcismo que valga. A menos que se trate del auto inducido olvido ideológico del que padecen algunas tristes y deslucidas figuras, viejas o remozadas, de las elites de Punto Fijo.
A estos últimos quiero referirme. Se les ve desfilar por intervalos regulares de medio en medio, echando un cuento que es de suyo la abolición de la memoria. Para ellos el chavismo llegó como un chaparrón contaminando todo de resentimiento y “dividiendo al país”, aboliendo el mundo feliz en que vivíamos. Olvidan, de modo voluntario e interesado, acaso la ocurrencia de la gente en la calle, el estallido popular del 27 y 28-F del 89, irrumpiendo contra todo lo que ellos representan. No importa los acomodos discursivos que emprendan, allí esta la fecha como una mueca, señalando. De nada valen los malabarismos y las piruetas con que intentan enderezar el pasado para que calce al mito de la comunidad reconciliada e idéntica a sí misma del ideal metafísico del liberalismo burgués.
Apenas basto un puñado de horas en las que la gente común adquirió rostro y salto del mundo opaco y frío de los sondeos y mediciones estadísticas que suelen leer al pueblo como magnitud o como hipótesis, para que se derrumbara el andamiaje del arbitraje social y del “consenso” impuesto por los medios. Un solo instante-acontecimiento para que El Emperador mostrara su traje, se rasgó el velo trágico. Ese día el pueblo ocurrió temprano arrasando con cualquier mitomanía consoladora y de paso, mostrando al Otro lacaniano de la democracia representativa, obligado a asomar su reverso e ir a la fórmula contingente: Violencia, intolerancia y muerte en estado puro.
El 27-F es en términos políticos, un largo día que sigue actuando como dispositivo articulador de lo real en los tiempos que corren. Lamentablemente algunos aún evitan hablar en voz alta ante el psiquiatra de sus oscuras pesadillas. A finales del siglo XIX, el fisiólogo francés, Pierre Flourens, alertó a La Academia sobre los efectos colaterales de usar el cloroformo anestésico. El sabio argumentaba que este compuesto actúa sobre el sistema nervioso oscureciendo la memoria permanente. En resumen, que sentimos plena y a toda conciencia el dolor terrible de una intervención quirúrgica, por lo que sobreviene el desmayo. Más tarde, al despertarnos no recordamos. Sin embargo, esta experiencia se escapa en forma de miedos pánicos, fobias incontrolables e incluso algunas imágenes alucinatorias, despiertos o dormidos. Flourens pensaba además que un componente misterioso presente en el olor de la sangre causaba en los verdugos un efecto similar al atribuido al cloroformo. Esta podría ser la metáfora trágica, del destino de la memoria de algunos medios y de su corolario, los así llamados dirigentes que los frecuentan para explicar cómo fue posible que apareciera un nuevo sujeto vaciándolos de toda legitimidad. ¿Qué experimentan en la carne cuando lo visita el espectro de esa fecha, dibujando con su dedo sobre el vapor del espejo del baño un 27-F?
Sin embargo, hay muchos otros fantasmas obsesivos y recurrentes en la fuerza de la memoria, espectros que nos miran a pesar de todo esfuerzo por sepultarlos en el olvido. Son suerte de tatuajes mutantes que de cuando en cuando arden como un cicatriz viva. Marcas que cruzan los registros de todos los archivos individuales y colectivos. Contra ellos no hay antídotos, se impone siempre la conciencia infeliz. Nadie ha podido apelar a prestidigitadores mágicos. Ni siquiera sirve la toda poderosa sobre información o saturación mediática. Son espectros contra los cuales no hay exorcismo que valga. A menos que se trate del auto inducido olvido ideológico del que padecen algunas tristes y deslucidas figuras, viejas o remozadas, de las elites de Punto Fijo.
A estos últimos quiero referirme. Se les ve desfilar por intervalos regulares de medio en medio, echando un cuento que es de suyo la abolición de la memoria. Para ellos el chavismo llegó como un chaparrón contaminando todo de resentimiento y “dividiendo al país”, aboliendo el mundo feliz en que vivíamos. Olvidan, de modo voluntario e interesado, acaso la ocurrencia de la gente en la calle, el estallido popular del 27 y 28-F del 89, irrumpiendo contra todo lo que ellos representan. No importa los acomodos discursivos que emprendan, allí esta la fecha como una mueca, señalando. De nada valen los malabarismos y las piruetas con que intentan enderezar el pasado para que calce al mito de la comunidad reconciliada e idéntica a sí misma del ideal metafísico del liberalismo burgués.
Apenas basto un puñado de horas en las que la gente común adquirió rostro y salto del mundo opaco y frío de los sondeos y mediciones estadísticas que suelen leer al pueblo como magnitud o como hipótesis, para que se derrumbara el andamiaje del arbitraje social y del “consenso” impuesto por los medios. Un solo instante-acontecimiento para que El Emperador mostrara su traje, se rasgó el velo trágico. Ese día el pueblo ocurrió temprano arrasando con cualquier mitomanía consoladora y de paso, mostrando al Otro lacaniano de la democracia representativa, obligado a asomar su reverso e ir a la fórmula contingente: Violencia, intolerancia y muerte en estado puro.
El 27-F es en términos políticos, un largo día que sigue actuando como dispositivo articulador de lo real en los tiempos que corren. Lamentablemente algunos aún evitan hablar en voz alta ante el psiquiatra de sus oscuras pesadillas. A finales del siglo XIX, el fisiólogo francés, Pierre Flourens, alertó a La Academia sobre los efectos colaterales de usar el cloroformo anestésico. El sabio argumentaba que este compuesto actúa sobre el sistema nervioso oscureciendo la memoria permanente. En resumen, que sentimos plena y a toda conciencia el dolor terrible de una intervención quirúrgica, por lo que sobreviene el desmayo. Más tarde, al despertarnos no recordamos. Sin embargo, esta experiencia se escapa en forma de miedos pánicos, fobias incontrolables e incluso algunas imágenes alucinatorias, despiertos o dormidos. Flourens pensaba además que un componente misterioso presente en el olor de la sangre causaba en los verdugos un efecto similar al atribuido al cloroformo. Esta podría ser la metáfora trágica, del destino de la memoria de algunos medios y de su corolario, los así llamados dirigentes que los frecuentan para explicar cómo fue posible que apareciera un nuevo sujeto vaciándolos de toda legitimidad. ¿Qué experimentan en la carne cuando lo visita el espectro de esa fecha, dibujando con su dedo sobre el vapor del espejo del baño un 27-F?
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